COLUMNA

Mi querida España

Estimada amiga: Llevaba dos años sin escribirte, desde las elecciones generales de 2008, pero viendo el maltrato que has sufrido en los mercados me he decido a mandarte estas líneas de apoyo. En la última carta te advertía de la negativa percepción que había sobre ti en los mercados internacionales y te recomendaba prudencia y buen hacer. En aquella ocasión, tu Gobierno, igual que el resto, negaba la gravedad de la crisis y las dudas de los inversores estaban justificadas: elevado déficit exterior, pinchazo inmobiliario, excesiva exposición de tus bancos al ladrillo, bajo crecimiento de la productividad y pérdida de competitividad por el diferencial de inflación acumulada.

Sin embargo, los ataques que estás recibiendo ahora están fuera de lugar y no corresponden a la realidad. Vas a salir de la recesión un año antes de lo esperado, tus familias ya están aumentando su consumo, tus empresas la inversión y tus exportaciones se han comportado mucho mejor que el resto, especialmente que las británicas, a pesar de la depreciación de la libra. ¿Por qué esta histeria ahora en los mercados?

Cuestionan tu capacidad para volver a crecer y ven en ti al próximo Japón. Se ceban en tu elevada tasa de paro pero no se dan cuenta que es inferior a la de 1994 y muy inferior a la de 1982 y eso no te impidió remontar el vuelo. No entienden que es tu forma de aterrizar a la realidad, aunque me alegro enormemente que hayáis decidido introducir cambios en vuestro mercado de trabajo de cara al próximo ciclo.

Pero desde la distancia, me duele ver cómo no reconocen que a pesar de la destrucción de empleo de los dos últimos años, sigues siendo la que más empleo has creado del club europeo desde que nació el euro. Además eres el país que más inmigración ha recibido. Entonces ¿bastaría con que los dos millones de inmigrantes de Europa del Este que han llegado a España se fueran a trabajar a Alemania para resolver el problema? Y si el análisis es tan simple, ¿por qué los inmigrantes siguen en España y no se van?

Los mercados son volátiles por naturaleza y no son buenos consejeros a corto plazo. La semana pasada tu Bolsa cayó más que el resto y se asocio a la credibilidad de tu Gobierno. Entonces, en 2009 cuando tu Bolsa aumentó un 80% desde mínimos, muy por encima del resto, ¿quería decir que la confianza en tu Gobierno estaba por las nubes? O el día en el que el Santander presenta unos resultados por encima de lo esperado y los mayores del mundo que sus acciones caigan el 10%, el doble que el resto de bancos europeos, ¿significa que no confían en Emilio Botín para liderar la nave? O ¿de repente se han dado cuanta que Botín es español y ese es su estigma? Botín es español hasta la médula y ha conseguido situar a su banco en la cúspide de las finanzas mundiales.

El problema es que queda muy feo criticar al árbitro cuando vas perdiendo. Ya sabías las reglas antes de endeudarte y ahora te toca gestionar la desconfianza de los mercados con mucho tiento y mucha coherencia en tu discurso.

Ahora necesitas que el resto de socios entienda que el ataque a España y al resto de periféricos, es un ataque encubierto al proyecto europeo. Sólo basta mirar que el euro se ha depreciado un 10% desde que comenzaron los ataques a Grecia en diciembre y que este fin de semana da la sensación de que en el resto del G-7 ya no hay crisis y que volvemos a ser los pobres europeos los que tenemos problemas. Todos tienen que emitir deuda pública y es puro instinto de supervivencia.

En este sentido, las palabras de Almunia comparándote con Grecia en medio del huracán, fueron extremadamente desafortunadas, cómo dijo en su día Pío Cabanillas "a las trincheras que vienen los nuestros".

Los mercados en ocasiones se comportan como un rebaño y ahora es necesario el liderazgo político europeo para guiar el rebaño a buen puerto. Está claro que el G-7 tampoco nos va a ayudar. Mientras tanto, todo mi apoyo y solidaridad. No es la primera vez que te ves en esta encrucijada y siempre las has resuelto con éxito.

Se realista y consciente de tus problemas, sigue tomando las medidas adecuadas para resolverlas y al final la codicia de los inversores será mayor que su memoria.

Una economía amiga de la eurozona.

José Carlos Díez. Economista Jefe de Intermoney