Europa exige planes más concretos
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ganó ayer al Parlamento Europeo con un discurso de agradecimiento por el progreso que la Unión Europea ha supuesto para España en los últimos 25 años, y de compromiso y lealtad con un proyecto de integración en el que otros países a veces flaquean. Se ganó, por lo menos, a los eurodiputados que se dignaron asistir a la primera comparecencia del actual presidente semestral de la UE. No fueron muchos, apenas media entrada en el momento de más afluencia, lo que no deja de sorprender en un hemiciclo que permanentemente está pidiendo que el resto de instituciones comunitarias lo tomen en serio.
La estrategia de Zapatero, en cualquier caso, fue acertada. En un Parlamento donde la línea divisoria no se basa tanto en ideologías como en la actitud hacia la propia existencia del club (europeístas contra euroescépticos), el euroentusiasmo de Zapatero tenía la batalla ganada. A favor del presidente jugó también el hecho de que los eurodiputados españoles del Grupo Popular respetaran el pacto de no agresión sobre la presidencia española firmado por todos los partidos del arco parlamentario español.
El éxito de ayer, sin embargo, no debe dejar lugar para la complacencia. El presidente del Gobierno sigue sin concretar sus planes económicos para este semestre presidencial, más allá de vagas proclamaciones sobre la necesidad de reforzar la coordinación económica entre los socios comunitarios, de crear un mercado interior de la energía y de los bienes y servicios digitales o de apostar por la innovación y la educación. Ayer, en lugar de precisar esas ideas, añadió otros dos brindis al sol: una iniciativa para llegar a un gran "pacto social europeo" y un nuevo canto al desarrollo del coche eléctrico tan encendido como carente de planes concretos. El primero resulta más paradójico si se tiene en cuenta que ese pacto sigue pendiente en España.
El Gobierno parece esperar que todas esas iniciativas (necesarias y, a menudo, urgentes) se desarrollen por sí solas o por el empuje de Bruselas. Pero corresponde a la presidencia semestral marcar la agenda de los consejos de ministros sectoriales donde las grandes ideas de los líderes se traducen a iniciativas legislativas. Y España, en este arranque del semestre, no parece estar cumpliendo ese papel. Para colmo, la Comisión Europea, que es el otro motor del proyecto europeo, lleva tres meses al ralentí por los repetidos tropiezos de su reelegido presidente, José Manuel Barroso, para sacar adelante de una vez el nuevo Ejecutivo comunitario. Como muy pronto, el equipo de Barroso no tendrá plenos poderes hasta el próximo 9 de mayo, sólo dos días antes de la primera cumbre europea del semestre español. Si para entonces Zapatero no concreta sus planes, otros lo harán por él.