A fondo

El Pacto de Estabilidad se hunde como un ancla

La versión renovada del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, firmada en 2005, parece llamada a durar aún menos que la de 1997. Aquel primer Pacto saltó por los aires en 2003, cuando Francia y Alemania, con unas décimas de déficit de más, se negaron a admitir la remota posibilidad de ser sancionados por los números rojos de sus presupuestos o a que Bruselas fiscalizase de manera detallada sus cuentas públicas. Ahora la mayoría de los países de dentro y fuera de la zona euro doblan o triplican el límite del 3% del déficit previsto en el Pacto. E incluso los generosos plazos concedidos por la Comisión Europea para corregir esa deriva resultan inalcanzables sin un ajuste brutal e improbable de los presupuestos.

Ante esa situación, el Banco Central Europeo empieza a mostrar signos de impaciencia. Y parece cuestión de semanas o meses, más que de años, que los mercados interpreten la aplicación del Pacto como un mero procedimiento administrativo que va alargando el calendario a medida que hace falta. Ayer mismo, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, tuvo que prorrogar otro año más los plazos para la corrección del déficit concedidos a cuatro países. Pero ni siquiera esa tregua, que permite llegar hasta 2013 con números rojos, resulta suficiente para países como Francia.

Tampoco para España, según la mayoría de los analistas, aunque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se conforma, de momento, con la ampliación del plazo hasta 2013. Pero la tensión política en torno al Pacto es probable que estalle a nivel comunitario mucho antes.

El BCE teme que la prórroga dada a los países de la UE tenga que ser ampliada

España: dos puntos por año

Las decisiones aprobadas ayer por la Comisión requieren en teoría unas reducciones anuales del déficit estructural de casi dos puntos (1,75% en el caso de España), un objetivo difícil de encajar en un escenario de continuo aumento del paro y de decrecimiento de la actividad. El propio Almunia reconoció que la mayor parte del ajuste deberá concentrarse en los últimos años del período analizado, es decir, a partir de 2012. Y que, incluso cuando el déficit empiece a corregirse, la deuda pública continuará aumentando (hasta el 74% del PIB en España en 2011, según las previsiones de la Comisión).

La paciencia del BCE probablemente se agote mucho antes. A Francfort ya le cuesta contener su inquietud ante la aparente complacencia de algunas de las principales economías de la zona euro con sus números rojos. El nuevo Gobierno de coalición alemán acaba de anunciar una rebaja fiscal de 35.000 millones de euros que no ha pasado desapercibida en Francfort. Y el ejecutivo de Nicolas Sarkozy ya ha dejado claro que su horizonte de consolidación fiscal se sitúa más allá del plazo de 2013 que ayer le concedió Bruselas.

Con París y Berlín ignorando el Pacto, parece muy difícil que la CE pueda aplicarlo con rigor a los países más indisciplinados de la zona euro. Almunia todavía lo intenta y el expediente contra Grecia por déficit excesivo avanzó ayer un nuevo paso hacia las posibles sanciones. Pero no parece que el futuro comisario o comisaria de Economía, si Almunia cambia de cartera, vaya a poder cumplir esa amenaza. Por un lado, el nuevo Gobierno griego de Giorgios Papandreou se ha encontrado con un déficit público que dobla a las cifras oficiales anunciadas hasta ahora por Atenas y admitidas por Eurostat, la oficina de estadísticas de la Comisión Europea. Parece difícil que quienes se dejaron engañar por el anterior gobierno conservador vayan a sancionar ahora al encargado de poner orden. Por otra parte, el escarmiento a Grecia resultaría difícilmente defendible si Francia decide ignorar los avisos de Bruselas.

Almunia parece confiar en que Berlín se mantenga fiel al Pacto y eso refuerce la posición de la Comisión. El comisario reiteró ayer que el ministro alemán, Wolfgang Schaübel, se ha comprometido a compatibilizar la relajación fiscal anunciada con su Gobierno con el respeto al Pacto. "Y tengo la impresión", señaló Almunia, "de que Schaübel es un político de gran credibilidad".

Pero en Berlín, al menos parte del Gobierno, también considera 2014 como la fecha más razonable para recuperar la disciplina. Todo indica que el Pacto se encamina hacia una encrucijada pese a que ayer una enorme pantalla a la espalda de Almunia lo tildaba como "ancla" para la estrategia fiscal de salida. Tal vez se eligió la palabra sin recordar que todo ancla acaba hundiéndose.