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Editorial

La desafortunada huelga en Iberia

La disparidad en los datos de seguimiento de la huelga de tripulantes de cabina de Iberia -99% según los sindicatos convocantes y 5% según al empresa- podría ser un chiste si no fuese una broma pesada. Y también un escarnio para los 40.000 viajeros que se pueden ver afectados por los varios centenares de vuelos cancelados entre ayer y hoy, que se suman a los más de 400 suspendidos en otras dos jornadas de paro a finales de octubre.

El conflicto planteado por los sindicatos Sitcpla y CTA, basado en un largo desacuerdo en las negociaciones por el convenio colectivo, es fundamentalmente un monumento a la inoportunidad. El derecho de huelga que cualquier trabajador tiene no debe chocar con el más elemental sentido de la responsabilidad. Y no es el caso. La compañía, en difíciles negociaciones para fusionarse con British Airways, atraviesa como todo el sector uno de sus momentos más complicados. Siguiendo una estrategia similar a la que en su momento practicó el sindicato de pilotos Sepla, CTA y Sitcpla se aprovechan del calendario y, con desprecio hacia los clientes, amenazan con nuevos paros. No es la mejor tarjeta de presentación para un socio. Pero sí es, como ayer denunció Exceltur, una peligrosa manera de disuadir a potenciales turistas, en un mercado anémico y sujeto a una feroz competencia.

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