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La gran cita de la velocidad, la belleza y el lujo

Un Gran Premio de Fórmula 1 supone para dos millares de elegidos el más elitista de los eventos deportivos.

La gran cita de la velocidad, la belleza y el lujo
La gran cita de la velocidad, la belleza y el lujo

El área reservada de Roland Garros tiene clase, la del Masters de Augusta cuenta con la distinción de la tradición, la del Bernabéu o el Staples Center de Los Angeles disfrutan del glamour de las estrellas del fútbol y el baloncesto. Pero ninguna zona vip del deporte mundial puede compararse a la de un circuito de Fórmula 1. El automóvil, "dios vehemente de una raza de acero" según cantó el futurista Marinetti, símbolo del lujo y la belleza en nuestro tiempo, exige para su total disfrute un área especial como la que supone el paddock de los Grandes Premios, aunque sólo un par de millares de afortunados puedan disfrutarla en cada cita.

Encima de los boxes, las escuderías reservan zonas para sus invitados o los de las marcas que les patrocinan. Quienes tienen derecho a acceder a esa área durante la jornada de carrera o las dos previas de entrenamientos, apenas 2.000 personas frente a las más de 200.000 que pueden visitar el circuito, sólo podrán disfrutar de una vista reducida de la prueba, con los monoplazas pasando como exhalaciones a 300 kilómetros hora ante ellos, pero a cambio disfrutarán de todos los servicios imaginables para amenizar su estancia.

Masajes gratuitos, barra libre de champagne, buffet, posibilidad de imprimir al instante sus fotos, un disc-jockey, videojuegos... forman parte de los servicios comunes para esta zona limitada, para la que en algunos circuitos en los que las marcas no tienen exceso de compromisos también se venden pases entre 3.000 y 4.000 euros. Después, cada escudería cuenta con sus propias atenciones. En cuanto a la cocina, rivalizan en fama McLaren -que ha abierto su propia empresa de catering, Absolute Taste- y Red Bull. En los regalos, la amplia gama de merchandising de Ferrari le garantiza el éxito entre sus invitados.

Quienes atienden a los invitados son profesionales que viajan con las escuderías de circuito en circuito. Katherine, camarera en el reservado de Ferrari, admite que la suya es una experiencia "interesante, aunque la intensidad del trabajo en las horas punta es alta". Katherine aún está en la Universidad, pero ya se maneja en cuatro idiomas y chapurrea otros tantos, lo que le ha hecho posible tener un contrato por todo el año con el proveedor de Ferrari, que le permite viajar a las citas europeas y de Oriente Próximo. Un millar largo de auxiliares como ella viajan a los Grandes Premios, formando parte de la comitiva de más de 2.500 personas que se desplazan a cada cita sumando mecánicos, periodistas, jueces…

Los asistentes a los reservados de cada marca tienen oportunidad de conocer en directo a los pilotos, que visitan el paddock de su marca una vez tras el día de entrenamiento y otra tras la carrera. Además, pueden pasearse por el pit lane y acercarse a los monoplazas de la marca que les aloja durante un par de periodos limitados en cada jornada. En el caso de Ferrari, que tiene dos áreas vips separadas, la superior recibe la visita adicional de Michael Schumacher, que pese a estar retirado aún es el rostro más popular de la escudería, y sigue percibiendo más que los pilotos en su calidad de asesor: cobra 40 millones de euros al año.

Las marcas rivalizan también a la hora de atraer a invitados glamourosos. Hay famosos que son fans declarados de la competición, caso de Michael Douglas, Jude Law, Naomi Campbell o Paris Hilton. Además, en cada cita se cuenta con las más destacadas personalidades locales, sea Kylie Minogue en Australia, Sarah Ferguson en Gran Bretaña o Paz Vega en Valencia.

Para ellos, además, está abierto el acceso a las motorhomes, los colosos rodantes de hasta 16 metros de longitud en los que las escuderías desplazan a todo su equipo, que son en algunos casos, como el de Red Bull, un auténtico espectáculo rodante.

La fuerte inversión que supone albergar un Gran Premio se plasma, por ejemplo, en los 26 millones de euros anuales de canon que Valencia deberá aportar en los próximos siete años para ser la sede del Gran Premio de Europa. A cambio, el retorno es importante: se estima que cada visitante que llega a una ciudad para asistir a la prueba de turno se deja una media de 500 euros, para un impacto económico total superior a los 100 millones de euros.

Todo este modelo está resultando de especial interés en Asia. En los últimos años se viene confirmando la tendencia de trasladar Grandes Premios de Europa a Oriente. Este año, la única prueba nueva del calendario fue la de Bahrein, que abrirá el próximo año la temporada; en la próxima, con un récord de 19 citas, se incorporará Corea del Sur. El rendimiento obtenido por Malasia, que ha visto crecer su turismo en un 240% desde que es sede del Mundial, supone un ejemplo a seguir.

Sus socios abandonan a Renault

Justo hace un año, en el Gran Premio de Singapur que vuelve a disputarse este fin de semana, Nelsinho Piquet accidentaba deliberadamente su Renault y daba paso a uno de los mayores escándalos de la muy tortuosa historia de la Fórmula 1 en la última década. Las últimas consecuencias han sido el abandono de los dos principales patrocinadores del equipo, el banco ING y la aseguradora Mutua Madrileña, ambos con cláusulas asegurando su salida en caso de que el equipo incumpliera las normativas del campeonato.

A la larga, parece claro que el principal objetivo del escándalo era cobrarse la cabeza de Flavio Briatore, el jefe del equipo Renault, una figura excesiva pero capital para entender el desarrollo de este negocio en los últimos años. Briatore, que hasta 1988 no había visto una carrera de Fórmula 1 en su vida, se había convertido en el candidato obvio de Bernie Ecclestone para sucederle al frente de la competición. Resultaba por ello una pieza codiciada para la venganza de Max Mosley, el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), que deberá dejar su puesto tras sucesivos escándalos -orgías nazis incluidas- y peleas con las escuderías. Mosley encontró un aliado en Piquet, despedido del equipo tras sus malas actuaciones de este año.

Dados los 76 años de Ecclestone y su delicada salud, el inglés no puede continuar demasiado tiempo en el puesto. Pero aunque llegue una amnistía en el futuro para Briatore, como se estima que podría decidir el francés Jean Todt si sucede a Mosley en la FIA, es difícil que el responsable de un escándalo de esta naturaleza pueda ocupar un puesto de responsabilidad más adelante.

Briatore, que se jacta de no haber leído un solo libro en su vida, aportó a la Fórmula 1 una dosis extra de glamour, como corresponde a quien ha sido pareja de Heidi Klum, Naomi Campbell o Eva Herzigova. Pero también cierto aire inquietante, que entronca con hechos como que haya declarado en juicios contra miembros de la Mafia.

Sin Briatore, dos multimillonarios quedan como grandes banderas del lujo en la Fórmula 1. El austríaco Dieter Mateschitz, que vende 250 millones de latas de Red Bull al año, es propietario de dos escuderías, además de equipos de fútbol en su país y en Estados Unidos, revistas de prensa rosa y un etcétera que incluye una isla en el Pacífico que le compró a la familia Forbes. Aunque, curiosamente, Mateschitz es muy cuidadoso con su vida privada: cuando asiste a una carrera lo hace a un palco de acceso más que restringido.

Aunque el millonario más acaudalado de la competición es el indio Vijay Mallya, propietario de la tercera compañía de bebidas alcohólicas del mundo, United Breweries. Mallya, amante de las botas de serpiente y las joyas ostentosas, cuenta con sesenta empresas en distintos campos e incluso produce películas en Bollywood, pese a lo cual tiene tiempo para dirigir en carrera a su Force India, que por cierto está mejorando resultados en los últimos grandes premios.

Curiosamente, Briatore criticó en el pasado a ambos por su ostentación: por ejemplo por la fiesta con la que Red Bull terminó el campeonato de 2006, y que costó 20 millones de euros.

Todavía está por ver si la caída de Briatore afecta al que hasta ahora estaba considerado, a su vez, como su delfín: el español Alejandro Agag. Propietario de un equipo de GP2, el yerno de José María Aznar es un firme aspirante a acceder a la Fórmula 1.

Bernd Mayländer, un secundario que marca estilo

En la Fórmula 1 sólo hay un piloto que tiene una página web consagrada a detallar su estilo de vida y sus lugares preferidos en las ciudades que visita el Mundial de Fórmula 1: se trata del alemán Bernd Mayländer. No puede encontrársele en la parrilla de salida, puesto que no maneja ningún monoplaza. Sin embargo, este piloto ha conseguido convertirse en una figura conocida en su país después de nueve años al volante del safety car, el coche que entra en la pista cuando se produce un incidente. Su labor no es tan sencilla como parece, puesto que debe mantener con un vehículo de serie una velocidad suficiente para no ahogar los poderosos motores de los F-1, pero sin desgastarlos innecesariamente tampoco. Mayländer también compite en ocasiones y ganó las 24 horas de Nurburgring en 2001.

Glosario

'Pit Lane': El área de los boxes de los equipos, en la recta principal.

'Paddock': Aparcamiento tras el pit lane donde se colocan las autocaravanas. También el área adjunta de acceso para VIPs.

'Shakedown': æscaron;nica prueba, de 50 kilómetros, de los monoplazas antes de una carrera.

'Pelousse': Zona de césped, en una elevación, donde están las localidades más baratas y no numeradas.