EDITORIAL

El papel de Figueruelas en la nueva Opel

General Motors se ha decidido. Tras medio año de negociaciones, presiones sin cuento de Berlín y una larga incertidumbre poco aconsejable en las empresas, el gigante de Detroit ha optado por vender su filial europea Opel a Magna y su socio, el banco ruso Sberbank. Esto descarta la opción del grupo inversor belga RHJ -filial del fondo estadounidense Ripplewood- y anula también la posibilidad de que Opel siga en GM, como últimamente se barajó. El largo proceso negociador se resume ya en tres palabras: Merkel ha ganado.

La decidida apuesta de la canciller por la oferta ruso-canadiense incluye que el grueso de la reestructuración de personal y producción de Opel se realizará fuera de Alemania. Eso ha sido decisivo. En Alemania trabajan la mitad de los 50.000 empleados de Opel en Europa. Y la apuesta de Merkel, en pleno proceso preelectoral, ha sido de miles de millones de euros: tras la firma en mayo de la carta de intenciones entre GM y Magna, el Estado alemán concedió a Opel un crédito puente de 1.500 millones para garantizarle oxígeno financiero y, además, otros 4.500 millones en avales. Pero todo ello condicionado a que fuera Magna el grupo elegido. Ahora, promete garantías adicionales. Un órdago muy difícil de perder. De esta manera, la planta de Opel en Figueruelas (Zaragoza) queda en inferioridad de condiciones con respecto a las demás del grupo.

Ese temor, manifestado por los sindicatos españoles, poco partidarios de Magna porque su plan inicial penaliza a Figueruelas en plantilla y capacidad, no deja de tomar fuerza a pesar de que el todopoderoso sindicato alemán IG Metall haya pronosticado que se avecina un periodo de duras negociaciones. Sin embargo, la novedad de que el 10% de Opel pase a manos de los trabajadores -GM mantendrá un 35% y Magna se hace con el 55%- abre un proceso negociador que, si se sabe aprovechar, puede ser una oportunidad para que el papel de Figueruelas en el grupo siga siendo principal. Un portavoz de Industria recordó ayer que la fábrica aragonesa está reconocida como una de las más competitivas de Opel en Europa. Pero eso no va a bastar.

Angela Merkel ha jugado muy bien sus cartas y recibe ahora un espaldarazo para las legislativas del 27 de septiembre. Fue ella quien, exultante, anunció ayer la decisión, con la televisión en directo. Lo hizo incluso antes que las propias empresas. Ahora se abre una nueva negociación, que también será política. El Gobierno español y especialmente el ministro de Industria deben poner sobre la mesa las habilidades que tengan para defender la fábrica española. Y no hay que leer esto en términos intervencionistas, sino al contrario, porque Figueruelas ha acreditado su eficiencia en el grupo. Pero pecarán de ingenuos si creen que las decisiones se basarán sólo en criterios industriales, de productividad y económicos y no ponen toda la carne en el asador.