Bernie Ecclestone

El hombre de las carreras

El jefe de la Fórmula 1, que este fin de semana celebra en Valencia el Gran Premio de Europa, es mucho más que el cerebro empresarial de un 'circo' sin fronteras que es un gran negocio.

El hombre de las carreras
El hombre de las carreras

Bernie Ecclestone nació en Suffolk, Inglaterra, hace 78 años. Se le conoce como el padre de la Fórmula 1, la competición reina del mundo del motor. Antes de que la categoría fuese reina o existiese siquiera, él ya era aficionado. Su nombre viene de la primera compilación de normas -Fórmula- que se impuso tras la II Guerra Mundial para regular unas carreras que entonces no tenían dueño, ni federación, ni circuitos más allá de recorridos urbanos, ni pegatina alguna en los chasis de los monoplazas. Sólo estaban los corredores y su espíritu competitivo.

Ecclestone se ha pasado la mayor parte de su vida cerca de los circuitos de carreras. Dejó los estudios cuando era un adolescente para dedicarse a la venta de piezas usadas de motos y coches, en el primero de los muchos negocios que emprendió relacionados con la afición que le haría rico. æpermil;l no inventó las careras de coches, pero conoce y controla todo lo que se mueve en torno a la Fórmula 1 porque, sencillamente, es el artífice del negocio tal y como hoy lo conocemos.

Ha sido piloto, representante de pilotos, propietario de escuderías, promotor de los Grandes Premios, vicepresidente de la federación y jefe de la gestión de los derechos comerciales, y no necesariamente en momentos distintos del tiempo. Y siempre, desde todas las posiciones, ha conseguido maximizar su propio beneficio.

El Campeonato es uno de los eventos que más dinero mueve en el mundo. En 2007 generó en torno a 3.900 millones de dólares. Desde sus orígenes, ha servido como escaparate para la innovación, primero en el ámbito de la automoción y más tarde en otros como el marketing. Ecclestone combina la pasión por la competición con una aguda visión comercial, y ha ido amasando una enorme fortuna a base de anticiparse a cada oportunidad de negocio. El inglés era copropietario de Lotus en 1968 cuando el equipo firmó el primer contrato de patrocinio entre un sponsor y una escudería con la tabacalera Imperial Tobacco.

A medida que la competición fue creciendo en difusión, inversiones e ingresos, Ecclestone se ocupó de edificar una compleja estructura organizativa diseñada para quedar bajo su control. En los setenta, siendo propietario de la escudería Brabham, se convirtió en el líder de la recién formada asociación de equipos, que entonces empezaba a pugnar con la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) por el reparto de los beneficios y el control normativo. Forzando hasta el límite su poder de negociación, Ecclestone logró las condiciones que quería.

Eran sus condiciones, a pesar de que en aquel tiempo sus intereses coincidían con los de las escuderías. A resultas de esta disputa se hizo con los derechos de comercialización de los contratos de televisión, para lo que fundó una empresa nueva y propia. Muchas cosas han cambiado desde entonces menos la alargada sombra de Ecclestone.

La Fórmula 1 se convirtió en el sitio donde todos querían estar, los mejores pilotos, los mejores ingenieros, los mejores fabricantes, los mejores circuitos, las mejores marcas, y también los mejores hombres de negocios. La carrera no discurría ya únicamente sobre el asfalto. En los últimos 30 años, el equilibrio de poder se ha complicado debido a los intereses enfrentados de unas partes cada vez más poderosas.

El mundo de la Fórmula 1 es un universo de grandes egos. Ecclestone tiene fama de ejercer su dominio con mano de hierro, lo que no es difícil de creer, ya que ha conseguido mantener su cuota de poder durante tres décadas. Sus defensores lo definen como un buen amigo y un mal enemigo. Sus detractores dicen que es moralmente repulsivo, y un dictador.

Más allá de la excentricidades de millonario -es un habitual en las listas de los más ricos del Reino Unido- ha mostrado con frecuencia un descarado desdén hacia la corrección política. El inglés, tan consciente de sus palabras como de sus silencios, también sabe mantener la opacidad en sus operaciones si le interesa.

Sobre la crisis particular que la Fórmula 1 ha vivido en 2009, Ecclestone reconoció abiertamente que la polémica sobre el necesario recorte de gastos escondía, sin más, una lucha por el poder.

La amenaza de escisión, que ha sido recurrente en los últimos años, nunca perturbó al inglés. Pragmático ante todo, no está claro hasta qué punto tuvo que claudicar para conseguir el acuerdo que zanjó el asunto... de momento.

Hace dos años, vinculó la concesión del Gran Premio a Valencia a la reelección de Francisco Camps, que se sintió enormemente halagado. Ecclestone confía en las personas y no en las Administraciones. Dice que los Gobiernos van a lo suyo. Para el trono oficioso de la Fórmula 1 nadie merece su confianza más que él mismo y no abdicará si no es por fuerza mayor. Entonces, será difícil reemplazar el vacío que quedará en el podio de los egos.