Construcción verde con sentido
En la actual situación económica de parón de la actividad inmobiliaria en su faceta de promoción privada, es quizás un buen momento para reflexionar y proponer medidas que puedan colocar a los inversores en una mejor posición cuando el mercado empiece a mostrar síntomas de recuperación. Propongo que los inversores se planteen la conveniencia de incorporar criterios de sostenibilidad de manera decidida en sus edificios nuevos y en los existentes.
En un reciente estudio realizado conjuntamente por investigadores de las universidades de Maastricht y Berkeley (Doing well by doing good: An analysis of the financial performance of green office buildings in the USA, de marzo de 2009), se concluye que los edificios con certificación medioambiental consiguen mejores rentabilidades tanto por alquileres como en operaciones de compraventa. Es la primera vez que se analiza de forma científica este aspecto, en base a un estudio sobre 900 edificios en diferentes ciudades de Estados Unidos.
Combinando los valores de renta por metro cuadrado con la mayor ocupación de edificios con etiqueta de certificación ambiental se concluye que se consiguen valores de renta efectiva superiores en un 6% para estos edificios. En el caso de transacciones inmobiliarias, los resultados son aún más destacados: el valor de compraventa es de hasta un 16% superior para los edificios "verdes", en circunstancias comparables. Estos valores no tienen en cuenta los eventuales extra-costes asociados a la construcción o transformación de edificios convencionales en edificios medioambientalmente sostenibles.
Estas mejoras económicas se derivan de beneficios no fácilmente cuantificables pero muy relevantes, asociados más a la responsabilidad social corporativa de las empresas promotoras y de sus ocupantes: los edificios "verdes" consumen menos energía y tendrán por lo tanto menos costes operativos, la duración de sus instalaciones es superior y por lo tanto su depreciación será menor, la mejora de las condiciones ambientales interiores de estos edificios redundará en una mayor productividad de sus empleados (existen otros estudios muy interesantes sobre este aspecto) y, finalmente, las empresas que utilizan este tipo de edificios mejoran su imagen corporativa, con lo que podrán atraer mejores empleados y tener mejor reputación y, eventualmente, mejores resultados económicos.
Se trata, pues, de considerar la oportunidad de la situación de estancamiento actual para realizar mejoras sustanciales en el comportamiento medioambiental del parque de edificios que los promotores puedan tener en cartera o en operación. Un aspecto clave en este proceso es culminar la operación de mejora con alguna certificación que permita referenciar el "nivel de sostenibilidad" de nuestro edificio de una forma imparcial y objetiva. Existen en el mundo diferentes esquemas de certificación de sostenibilidad de edificios, todos ellos voluntarios. Entre los más importantes están el LEED norteamericano y el BREEAM inglés, ambos con implantación a nivel mundial. Los dos sistemas están pensados para certificar tanto edificios de nueva construcción como edificios existentes (LEED -existing buildings-, y BREEAM -in use-).
Los edificios "verdes" o sostenibles proporcionan eficacia (seguridad y prestaciones en su uso) con eficiencia (uso inteligente de los recursos). La sostenibilidad en edificación aborda de forma comprensiva todos los aspectos relacionados con el diseño, construcción, operación y desconstrucción del edificio: selección del emplazamiento, materiales y procesos de construcción, ahorro energético y de agua, calidad ambiental interior, gestión de residuos, transporte de los usuarios del edificio, etcétera.
Adecuadamente asesorados por profesionales acreditados, los promotores pueden, pues, plantearse actualizar sus edificios o promociones con el objetivo de conseguir un reconocimiento medioambiental que les permita, entre otras cosas, mejorar la rentabilidad económica de sus proyectos y operaciones inmobiliarias. Pienso que es un buen momento para ello, pues esta "transformación verde" está llena de sentido económico y sentido común.
Juan Gallostra. Director general de Grupo JG Ingenieros