María Garaña

Alas grandes y raíces fuertes

La presidenta de Microsoft Ibérica ha cumplido un año en el cargo y, en plena crisis, ha basado su liderazgo en una gestión orientada a los resultados.

Alas grandes y raíces fuertes
Alas grandes y raíces fuertes

Microsoft rara vez ha necesitado tirar de carisma para fidelizar a sus clientes. Google, compañía con la que ya compite en algunos segmentos de negocio, anunció recientemente su entrada en el mercado de sistemas operativos, donde la posición dominante de los de Redmond es indiscutible. De cualquier manera, supone un desafío a las fortalezas tradicionales de la compañía, y aunque sólo sea para apuntalar su autoridad, los mensajeros de Goliat deberán hacerse oír.

María Garaña (Madrid, 1969), a pesar de ser menuda, tiene una pasión gigante por su trabajo. Lleva el verde corporativo de Microsoft en los ojos, que son el espejo del alma, y lo primero que destacan de ella sus colaboradores es su tremenda eficacia a la hora de alcanzar los resultados previstos. En julio de 2008 se hizo con el cargo máximo de la filial española, para sorpresa de algunos, adonde llegó como una gran desconocida. Pero a ella las sorpresas no le gustan. Vista su trayectoria, se hace fácil deducir que su nombramiento no fue casualidad.

Garaña siempre ha sido una persona de altas metas. Ella se define como una mujer de "alas grandes y raíces fuertes". Estudió empresariales y derecho en la Universidad San Pablo de Madrid y cuando terminó se fue a América. Desde entonces la vida la ha llevado a muchos sitios aunque la ha traído siempre de vuelta a Asturias, de donde procede su familia.

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Seguirle la pista no es fácil. La madrileña se ha pasado la última década de traslado en traslado. En EE UU cursó un posgrado en comercio internacional en Berkeley y un MBA en Harvard, y al principio de su carrera se dedicó a la consultoría. Trabajó en Madrid y Estambul, luego en Londres en banca de inversión, y hasta tuvo un breve paso por el mundo editorial en Miami.

Fue reclutada por Microsoft en 2002 para dirigir el departamento de marketing y operaciones de la filial mexicana, donde ya había ocupado puestos de responsabilidad en un grupo de comunicación. En México las empresas de tecnología son un mundo de hombres, pero eso no impidió a Garaña ejercer un liderazgo natural entre sus colegas. Sus compañeros de entonces la describen como una ejecutiva recia y comprometida, que no se deja amedrentar ante nada, y sobre todo, con una dedicación ejemplar a su trabajo. Tanto es así, que casi tuvo a su hijo allí mismo, en la oficina. Hasta la víspera del parto estuvo trabajando, y dicen que el embarazo casi ni se le notaba. A muchos, acostumbrados a verla volcada en su trabajo, verla derramar una lágrima cuando nació su bebé les causó una profunda impresión. Cuentan que la maternidad la cambió personal y profesionalmente.

A partir de entonces, si tenía que hacer una entrevista de trabajo en casa, dando de comer al niño, la hacía. Su humanidad, que se hizo más visible, no varió un ápice su carácter y para las mujeres de la compañía se convirtió en referente. En México dejó más de un compañero que afirma, con admiración y agradecimiento, deberle el puesto a María. Aún se le extraña.

Cuando le llegó la hora de marcharse, lo hizo contenta ante el nuevo reto profesional que se le presentaba. Tenía que trasladarse a Buenos Aires para dirigir las operaciones de la compañía en el Cono Sur. Para entonces ya anhelaba regresar a España, y poco tiempo después le llegaría la oportunidad.

En Argentina aprendió a manejarse en un contexto de crisis permanente, así que la situación que encontró en el mercado español el año pasado no le asustó. Además, como si supiera lo que esperaba, había seguido su evolución muy de cerca. Con una habilidad especial para combinar la visión estratégica y la agilidad en la toma de decisiones, cuando llegó a España no tardó en establecer un orden claro de prioridades. Después de un año difícil, sus colaboradores califican su gestión como digna de aplauso.

Tremendamente exigente, nunca pide nada que ella no haya hecho o esté dispuesta a hacer. Dedica tiempo a conocer a las personas con las que trabaja y, siempre cercana, consigue que cada uno tenga claro cuál es su papel. La confianza en su equipo es fundamental en su estilo de gestión, y uno de sus éxitos ha sido aunar los esfuerzos de la compañía en la misma dirección.

Los que la conocen no se extrañan de que esté dónde ha llegado, y esperan verla volar aún mucho más alto. A finales de 2008 fue distinguida con el Premio a la Mujer Directiva del año, y aunque ser mujer nunca le ha facilitado ni dificultado su carrera, lo recibió con orgullo. Garaña, no obstante, prefiere demostrar el movimiento andando. De hecho, no ha parado en los últimos 15 años. Siendo como es una mujer joven, aún le queda camino por delante para andar, correr y, cómo no, volar.