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Historia de un best seller: del sueño del autor al éxito

¿Cómo llega un escritor a la editorial? ¿Quién distingue el grano de la paja? Así es el viaje hasta la publicación.

Las casualidades literarias a veces sorprenden. Arabella Siles, hoy agente literaria, conoció a Inma Chacón, la hermana gemela y correctora de la autora Dulce Chacón (La voz dormida), cuando la agente intentaba escribir su ópera prima. "Le pedí el favor de que corrigiera mis primeros textos y ésta aceptó, aunque eso sólo fue el principio de una conversión de roles. Inma me contó cómo Dulce le había pedido que escribiera una novela que no pudo concluir por culpa de un cáncer de páncreas: un romance entre una princesa azteca y un conquistador español", añade Siles. "Poco a poco, en cada e-mail, me explicaba su proyecto que luego se convertiría en la novela La princesa india (Editorial Alfaguara).

Desde entonces, Siles no ha dejado de representar a artistas -actualmente se encuentra inmersa en el libro disco de la editorial Cangrejo Pistolero La matemática del desorden, con poemas de Luis Eduardo Aute musicados por Moncho Otero y Rafa Mora, que verá la luz en diciembre de este año-. Considera que su profesión resulta de gran utilidad a quienes están empezando, "porque llegan muchos manuscritos a las editoriales y si no hay un filtro previo puede que ni siquiera se molesten en contestar al autor".

Otro agente literario, que prefiere mantenerse en el anonimato, aclara cuál es el proceso que utiliza. "En primer lugar, se suele pedir una sinopsis al escritor. Si el tema interesa, entonces se envía la obra a los lectores profesionales, estudiantes universitarios o profesores, que valoran el manuscrito", añade.

En este proceso, el autor no paga absolutamente nada, sino que es el agente literario quien costea estas lecturas. "Nuestros ingresos provienen de la comisión que negociemos después con la editorial que lo publique". Porque una vez que el ejemplar pasa todos estos filtros con buena nota, entonces viene el siguiente paso: intentar convencer a alguna editorial para que lo publique. Sin duda, el proceso más complicado del tortuoso camino para que un libro aparezca en las estanterías de las librerías.

Así, al menos, lo vivió Ildefonso Falcones, creador de La catedral del mar, un manuscrito que sufrió el rechazo de siete editoriales antes de que Grijalbo apostara por la obra. Traducida a 15 idiomas y premio a la novela más vendida por la Fundación José Manuel Lara 2006, Falcones tardó en escribirla cuatro años, después de dedicarle una hora al día antes de llegar al bufete de abogados donde trabajaba. Nunca cejó en su empeño de verla publicada y la novela vio la luz en marzo de 2006 tras algunos retoques.

La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón es otro ejemplo de libro de éxito, cuyas expectativas sobrepasaron las proyecciones iniciales. Con más de 12 millones de copias vendidas en 50 países desde 2001, Zafón se convirtió con su primera novela para adultos en todo un fenómeno literario similar al sueco Stieg Larson (Los hombres que no amaban a las mujeres, Editorial Destino).

Para los editores, la clave de apostar por una u otra obra depende de la calidad. "Llegan verdaderas montañas de manuscritos, así que para empezar a leer la obra debe tener primero una calidad lingüística pero, además, un contenido diferente. Cuando ya notamos que está bien escrita entonces empezamos a meternos en la historia, que debe ser no sólo buena, sino que debe gustar", asegura Eduardo Riestra, editor de Ediciones del Viento. Luego, llegan los términos del acuerdo. Generalmente, el autor recibe un 10% de cada ejemplar vendido.

Pero de todo el proceso, lo de menos es el precio. "Al autor le hace tanta ilusión ver su obra impresa, que lo que menos le importa es el acuerdo" sentencia Julio Llamazares.

Julio Llamazares. Escritor

"Escribí mi primer libro cuando tenía 23 años y entonces no conocía a nadie. Estudiaba Derecho en Oviedo y el modo de acceder a este mundo fue presentándome al Premio de Poesía Antonio González de Lama de la colección Provincial de León, que dirigía Antonio Gamoneda", asegura el autor de La lluvia amarilla. Desde su punto de vista existen dos formas de darse a conocer: ganar un premio o enviar el manuscrito a las editoriales, pero ambas resultan un complicado camino. Una vez conseguido, las puertas suelen abrirse con más facilidad.

Arabella Siles. Agente literaria

El papel de los agentes literarios se convierte casi en imprescindible para los autores. "Yo defiendo un trabajo que me guste y que esté bien escrito", asegura Arabella Siles quien acaba de emprender su propio negocio de gestión literaria y cultural. Para distinguir el grano de la paja, Siles recomienda apostar por "las historia que te enganchen" porque desde su punto de vista, "al final todo se reduce a la impresión que produce un vestido, que te cae bien o no". Desaconseja ir dejando manuscritos en editoriales sin utilizar un filtro porque aumenta la dificultad.

Eduardo Riestra. Editor de Ediciones del Viento

El editor recibe del distribuidor el 45% del precio final, del que un 10% se destina a retribuir al autor. "Nuestra actividad se queda con un 33% de cada libro, pero con ese dinero hay que pagar la producción de los títulos que se venden y los que no", apostilla Riestra. æpermil;l creó Ediciones del Viento en el año 2003 y lo presentó en la Feria del Libro de Madrid, con Soledad Puértolas y Javier Reverte. Su especialización, la literatura de viaje del siglo XIX y XX, y su última apuesta Un millonario africano de Grant Allen, la convierten en una editorial de cabecera.

Los doce rechazos editoriales del primer Harry Potter

El tesón de la autora de Harry Potter la convirtió en uno de los grandes best seller del momento. J. K. Rowling acabó su primer manuscrito en 1995 y gracias al entusiasmo de un lector profesional contratado por la agencia literaria Christopher Little Literary, la firma decidió representarla. A pesar de ello, el documento sufrió el rechazo de 12 editoriales.

Finalmente, Barry Cunningham, dueño de un pequeño sello británico, Bloomsbury, apostó por ella. Le pagó 1.500 libras y le recomendó que buscara un trabajo. Luego vendría la sorpresa.