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Tribuna

Gestionar la escasez

Venimos de una situación de abundancia. En los últimos 15 años, las compañías han ido incrementando su valor al ritmo que lo hacían su beneficios y se revaloraban sus activos. Hemos vivido en una espiral ascendente que parecía no tener fin, y en el que la única regla económica imperante era esperar para que el tiempo revalorizase cualquier bien, independientemente de su naturaleza. El cuerno de la abundancia se nos presentaba rebosante de pedidos, de financiación y de oportunidades de trabajo.

Desgraciadamente, el sueño ha terminado, y nos hemos visto abocados a una crisis sin precedentes, cuya existencia, además, ha sido reconocida con dos años de retraso. La primera víctima del desengaño ha sido la confianza, que actualmente cotiza en mínimos, y que se traduce en descensos constantes del consumo, de los pedidos, de la producción industrial y de la financiación. El escenario, pues, en el que nos encontramos es ahora muy distinto, y tiene también un nombre: escasez. Todo, en este nuevo periodo, menos los impagados, es escaso.

Toda una generación de cuadros directivos y empleados se ha formado en la gestión de la abundancia, y ahora se ven enfrentados con una situación nueva para la que no estaban preparados. Su reto es seguir haciendo de sus empresas organizaciones rentables pero con medios mucho más limitados. En este contexto, una y otra vez surge una pregunta recurrente: ¿cuánto durará la crisis?

Los buenos resultados son, por sí solos, buenos aliados de la motivación. Pero el reto al que nos enfrentamos ahora las empresas es el de mantener la moral de nuestros profesionales para que sigan conservando la ilusión y el instinto de superación en momentos de crisis.

El desafío, nada fácil, pasa por la innovación, en lo que supone de diversificación de la gama de productos, de flexibilidad para adaptarse a las necesidades de los clientes, y de internacionalización. Las empresas tendrán que salir a buscar nuevos mercados que compensen la cuota perdida en España, y deberán incrementar su agilidad para responder a pedidos que, en adelante, serán más pequeños y frecuentes, por la necesidad de las empresas de reducir sus stocks y su necesidad de circulante.

En este contexto, el papel de nuestras Administraciones puede ser decisivo. Por un lado, pueden contribuir a fomentar este nuevo espíritu reemprendedor en el tejido productivo, a través de los medios de sensibilización a su alcance, y por otro, en su mano está el simplificar los numerosos trámites burocráticos que tantas veces pesan como un lastre sobre la empresa. El nuevo paradigma de la escasez enfrenta a las Administraciones y a los administrados a repensar muchas cosas que hasta la fecha dábamos por sabidas e inamovibles. Salir de la crisis nos empuja a todos a actuar.

Clemente González Soler. Presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar de Madrid (Adefam)

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