ANÁLISIS

El sentido común de los del G-8

Los países ricos incrementaron ayer en 5.000 millones de dólares, hasta los 20.000 millones, la cantidad destinada a luchar contra el hambre en el continente africano. Los del G-8 han decidido ser generosos con los países más olvidados de la tierra. Todo esto suena bien a priori, sino fuera porque todas estas decisiones nunca vienen acompañadas por el ejemplo, ni por ningún alarde de austeridad. Y viene esto a cuento porque aún no me he recuperado de la generosidad del anfitrión, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, de esta cumbre que se celebra en L?Aquila, lo recordarán porque es la zona que sufrió un trágico terremoto esta primavera donde fallecieron centenares de personas y más de 50.000 perdieron su vivienda. El mandatario tiró la casa por la ventana e hizo alarde de que la crisis no va con Italia, a pesar de que es uno de los países, junto con España, más afectados por la debacle económica.

El regalo elegido por Berlusconi para los jefes de Estado y de Gobierno de los ocho países más industrializados del mundo es un libro sobre el escultor Antonio Canova, de 25 kilos de peso y con la cubierta de mármol de Carrara. Se trata de diez piezas únicas hechas a mano, cada una con una singularidad, realizadas en Bolonia por la Fundación Marilena Ferrari-FMR y en las que han trabajado 23 maestros artesanos de Italia. El papel de las páginas ha sido confeccionado a mano y sobre el mismo se han pintado miniaturas, en las que se reproducen las principales esculturas del considerado padre del neoclasicismo italiano. Está encuadernado con brocados de hilo de oro y terciopelo y mide 71 centímetros de alto por 44,5 de ancho y 11 de grosor. Hasta aquí la descripción de la pieza, pero según los medios de comunicación italianos, el precio de cada ejemplar no baja de los 100.000 euros. Después de recibir el obsequio, que ya me contarán la utilidad que tiene hoy día este regalo que probablemente quedará arrinconado en una sala de regalos de Estado, todos los mandatarios visitaron las zonas afectadas por el terremoto. Se me ocurre, y muchos pensarán que hago demagogia, que esa cantidad la podía haber empleado Berlusconi en ayudar a los afectados que lo perdieron todo en la catástrofe, aunque también es cierto que ha arreglado la cuenta de resultados de este año de la editorial FMR. Qué poco sentido común tiene esta gente. Uno por regalarlo y los otros por aceptarlo. ¿Es poco protocolario rechazar un regalo de esta magnitud?