José Blanco

La O del PSOE

El ministro de Fomento inauguró esta semana la nueva terminal del aeropuerto de El Prat. Primer objetivo cumplido.

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Desde que aterrizó en el Ministerio de Fomento, todo han sido halagos para José Blanco (Palas de Rey, Lugo, 1962). Donde su antecesora en el cargo cosechó reproches y alguna petición de dimisión, para Blanco sólo ha habido buenas palabras. El otrora azote de los populares ha sabido ganarse los cumplidos de la mismísima presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que no sobresale por elogiar la labor de los socialistas. Y la reciente inauguración de la Terminal 1 del aeropuerto de El Prat, que ha hecho olvidar en Barcelona los días de los socavones de los cercanías, es la primera medalla que se cuelga como ministro. ¿Cuál es su secreto? Dicen los que le rodean que su dedicación absoluta al trabajo. Y su oficio: Blanco es lo que se dice un animal político, un verdadero obrero del partido.

Sólo lleva dos meses y medio pilotando el Ministerio de Fomento. La inauguración de la T-1, pues, le ha venido a José Blanco -Pepiño en círculos políticos y periodísticos- como anillo al dedo. El proyecto llevaba cinco años en marcha, ha costado 1.250 millones de euros y generará 3.000 nuevos empleos. Permitirá que el aeropuerto supere los 55 millones de pasajeros anuales, algo largamente esperado en la ciudad condal, que verá reforzado así su importancia en el mapa aeroportuario europeo. Mientras, en Madrid están igualmente contentos con él. En uno de sus primeros actos como ministro prometió una inversión de 5.000 millones de euros para renovar los trenes de cercanías. El desarrollo de la llamada Y vasca y la extensión del AVE por el norte de España también le van a mantener ocupado estos días. Y es que parece que tiene café para todos.

Aunque lleve poco en el Gobierno, el ministro suma muchas horas de vuelo en el PSOE. Milita en sus filas desde los 16 años. Incluso abandonó sus estudios de Derecho -que nunca concluyó- cuando le ofrecieron un puesto en el Partido Socialista de Galicia. Su primer cargo de responsabilidad fue la secretaría general de las Juventudes Socialistas. De ahí dio el salto a la dirección del PSdeG-PSOE de Lugo y a formar parte del Comité Nacional gallego. En 1989 fue elegido senador por Lugo, repitiendo escaño en las siguientes elecciones, y desde 1996 ha sido diputado en el Congreso por la misma provincia.

Pilotos hay muchos, pero para destacar hacen falta algo más que acrobacias. El Barón Rojo, quizá el aviador más famoso de la historia, derribó 40 aparatos aliados antes de que le confiasen el mando del escuadrón en el que forjó su leyenda. Afortunadamente, en el caso de Blanco todo ha sido menos violento. Se ganó la confianza del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hace una década, ya que fue uno de los más activos en el grupo Nueva Vía del PSOE, que impulsó la designación de Zapatero como líder del partido. Ello le valió su nombramiento como secretario de Organización de la Ejecutiva federal del partido, puesto que ocupó entre 2000 y 2008.

Si el Barón Rojo es recordado casi un siglo después por sus piruetas y su caballerosidad -permitía escapar a los biplanos tocados-, Blanco tiene fama en el partido por dos cuestiones. En primer lugar por su mano de hierro. Son varias las llamadas de atención que ha dado a sus colegas, y siempre han surtido efecto. Eso le convierte en una persona querida y respetada al mismo tiempo. Dicen los que más le conocen que tiene habilidad para ir conquistando voluntades, aunque también sabe dar golpes en la mesa cuando toca. El otro aspecto que se le reconoce (y por el que se le respeta) es su enorme efectividad como responsable de campañas electorales. Y es que, mientras permaneció al frente de la Organización de la Ejecutiva federal, ganó todos los comicios que le pusieron por delante -en las últimas de Galicia y europeas ya no ocupaba dicha posición-.

Todo aviador debe saber cuando retirarse. Blanco se planteó hacerlo el año pasado, pero Zapatero le nombró vicesecretario general del PSOE, un cargo que sólo ha ocupado Alfonso Guerra. Y, al poco tiempo, Blanco se vería más implicado en política que nunca: dejaría de trabajar desde la sombra para unirse al Ejecutivo.

Así lo quiso Zapatero, que el pasado abril le otorgó la cartera de Fomento como parte de lo que se ha considerado un refuerzo del presidente del Gobierno de la primera línea de lucha contra la crisis con una persona leal.

¿Quién no ha soñado de pequeño con pilotar naves espaciales? Seguramente el joven Blanco que se involucró hasta la médula en el PSOE no imaginó que acabaría siendo uno de los puntales del partido -y del Gobierno-. Lo que sí que hacía desde pequeño es dar mítines. El alcalde de Lugo, el socialista José López Orozco, fue profesor de Blanco. Recuerda que ya a los 14 años tenía unos principios muy claros y daba constantemente su opinión sobre cualquier tema.

Además de ser un trabajador incansable, él mismo comenta en privado que una de sus virtudes es rodearse de un buen equipo, a quien apoya mucho y reconoce la labor -y con quien es, por cierto, muy exigente-. Su olfato político y su capacidad de liderazgo acaban de completar su retrato profesional.

Poco ha cambiado José Blanco, dicen los que más le conocen. Su carácter es típicamente gallego: amable, atento y hasta cariñoso con los que conoce y un tanto tímido con los que no. Pasa todo el tiempo que puede con sus dos hijos y aunque vive en Madrid va a menudo a Galicia, especialmente a Lugo y a su pueblo, Palas de Rey. Dicen que es un excelente cocinero (su especialidad: el pescado, principalmente la merluza y el bacalao a la gallega), y como tal frecuenta la lonja y el mercado de Lugo. Tanto le gusta prodigarse por Galicia que seguro que hará lo posible por conseguir llevar el AVE hasta su parroquia.