COLUMNA

Botín respira más tranquilo

Emilio Botín, el presidente de Santander, dice que duerme igual de bien después del escándalo de Bernard Madoff, que costó a los clientes del banco español 1.300 millones de euros. Quizá duerma incluso más profundamente ahora que Santander ha liquidado una reclamación legal por parte de Irving Picard, el fideicomisario buscado para recuperar el dinero de las víctimas de Madoff.

El banco ha acordado devolver el 85% de los fondos que rescató de Madoff en los 90 días anteriores a su arresto, por valor de 235 millones de dólares. El acuerdo asegura la paz entre Santander y el fideicomisario. Puede ahora presentar su propia reclamación por 1.500 millones de dólares de cualquier dinero que el fideicomisario recupere finalmente.

Santander probablemente no verá sino una parte muy pequeña de ese dinero. Picard ha recuperado hasta ahora 1.200 millones de dólares de los 12.000 millones que está buscando y tiene que pagar a todas las víctimas de Madoff. El fideicomisario ha interpuesto pleitos contra varias mutuas y hedge funds, incluidas multimillonarias reclamaciones contra tres hedge funds de Fairfield Greenwich Group. No será fácil para éstos pagar, dada la cantidad que está en juego. A diferencia de Santander, que se enfrentaba a una demanda relativamente pequeña, los fondos de Fairfield tienen la intención, según se informa, de seguir luchando.

El coste para Santander del acuerdo ha sido diminuto, y no tendrá ningún impacto en las ganancias. Pero cierra uno de los frentes legales relacionados con el caso Madoff. El banco ha ofrecido una compensación mediocre a sus clientes privados, el 93% de quienes han aceptado la oferta. Pero Santander todavía se enfrenta a juicios colectivos en Estados Unidos. Botín no puede descansar tranquilo aún.

No cuesta ver por qué Santander está tan entusiasmado al minimizar la lluvia radiactiva de Madoff. El acuerdo ha venido seguido del anuncio de que el banco planea renombrar todas sus filiales británicas, incluida la bien establecida marca Abbey, bajo la marca única Santander. Puede ser un pequeño precio a pagar para limitar el daño a la marca.

Fiona Maharg-Bravo