Automoción

Chrysler entra en concurso apoyada por Washington y prepara su alianza con Fiat

Chrysler recibirá "una segunda oportunidad". Así lo explicó el presidente de EE UU, Barack Obama, al anunciar que la empresa de Detroit se reorganizará dentro de un proceso de concurso de acreedores que instó el jueves y del que saldrá unida a Fiat.

Las negociaciones a contrarreloj que el equipo del Gobierno mantenía con los acreedores minoritarios de Chrysler para rebajar una deuda de 6.900 millones de dólares (5.205 millones de euros) a 2.250 millones no fructificaron y la automovilística tuvo que instar el jueves el concurso en un juzgado del sur de Manhattan.

El anuncio oficial de la situación lo hizo el propio presidente de EE UU, un Barack Obama que no reprimió su enfado al hablar de los hedge funds que se negaron a aceptar los sacrificios que el resto de las partes implicadas en las negociaciones habían hecho. Obama señaló con gravedad que él estaba con la empresa, con los acreedores como JPMorgan, que habían puesto de su parte, y con los trabajadores pero no con "un pequeño grupo de especuladores".

Estos acreedores, entre los que están, entre otros, Oppenheimer Funds, Perella Weinberg y Stairway, se hacen llamar el "Comité de acreedores No TARP" (es decir entidades que a diferencia de la gran banca no han recibido ayudas del Gobierno). El comité dijo que el Ejecutivo había arriesgado el estado de derecho y las prácticas que han gobernado la ley de bancarrotas durante décadas".

El desencuentro inicia un procedimiento judicial que el Gobierno espera que se solucione en un máximo de dos meses y proveerá 3.500 millones de dólares para que la empresa funcione mientras tanto y otros 4.500 millones para cuando salga del concurso. El Gobierno de Canadá, un país donde esta automovilística tiene una buena parte de su infraestructura, proporcionará unos 2.600 millones de dólares y recibirá un 2% de la nueva Chrysler mientras que Washington se quedaría con el 8%.

No se espera que haya despidos o se cierren plantas, pero además de la reestructuración del balance de la compañía se va proceder a reducir el número de concesionarios de la marca. Actualmente tiene unos 3.600 en EE UU. La financiera del fabricante del Jeep será a partir de hoy GMAC (la de General Motors) y el Gobierno, como prometió hace un mes, se hará cargo de la garantías a los compradores para evitar la caída de ventas. Obama animó a los ciudadanos a comprar coches americanos.

Pero Chrysler ya no será tan genuinamente americana. La nueva empresa va a cerrar dentro del concurso una alianza con la italiana Fiat, con la que ya lleva meses negociando. De momento, las empresas han firmado un acuerdo por el que la de Turín se ofrece a tomar parte en Chrysler. Obama ha dicho que esa alianza tiene que estar cerrada el jueves tras haber atado los cabos con el sindicato, que controlará el 55% de la empresa, y el resto de accionistas.

El fabricante italiano, que se haría con un 20% de la nueva empresa, no ha comprometido ninguna financiación como parte el acuerdo pero si construirá, al menos, uno de sus coches en una planta de la americana. Su participación puede ir incrementándose pero antes, Chrysler tiene que devolver todo el dinero público.

Obama dijo que Chrysler no solo sobrevivirá sino que tendrá ante su un buen futuro.

Los tenedores de la deuda de GM hacen una contraoferta

Los acreedores no se lo han puesto fácil ni a Detroit, ni a su valedor (el Gobierno de EE UU). Con Chrysler y con General Motors la situación puede también complicarse también.

Los bonistas de la gran automovilística perdonarían la deuda de 27.000 millones de dólares si a cambio reciben el 58% de las acciones y el Gobierno no entra en el accionariado, algo que no está recogido en la oferta de viabilidad que esta semana presentó GM. Los planes de la automovilística pasan por convertir al sindicato del motor y al Ejecutivo en los primeros accionistas, con el 89% a cambio de su deuda. Los bonistas, que consideran que este plan es demasiado generoso con los sindicatos, solo conseguirían un 10% de la empresa.

General Motors tiene apenas un mes para reorganizar su estructura, de acuerdo con el plazo que le dio hace 30 días el Gobierno, y evitar entrar en concurso de acreedores como ha ocurrido con Chrysler. El acuerdo con los bonistas es fundamental y, de momento, no parece cercano.