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Goldman Sachs y el número del diablo

Nuño Rodrigo - 16/04/2009

Mucho se hacía esperar. Las teorías conspiradoras que suelen llenar conversaciones de bar, programas radiofónicos de madrugada y, en ocasiones, papel de periódicos presuntamente serios, han hecho aparición en el mundo financiero. El terreno está más que abonado: una elite que mueve los hilos, una masa que sufre las consecuencias y una serie de torvas maniobras para dominar el mundo a costa del ciudadano medio. Y alguien que se da cuenta.

Goldman Sachs ha pedido que se cierre el blog www.goldmansachs666.com, creado con el ánimo de explicar el papel de Goldman en la crisis financiera actual. Lo del número del diablo (666) invita, ciertamente, a pensar en conspiranoia, aunque dicha cifra marque también el mínimo del S&P 500 en marzo. La sensación de paranoia conspirativa se agudiza con comentarios como 'Quiere Goldman Sachs dominar el mundo? No completamente, pero eso no significa que no lo intenten'. Algunos comentarios en blogs estadounidenses que han reaccionado a la noticia informan de que, en realidad, el litigio entre Goldman y Mike Morgan -responsable del blog demandado- es una cortina de humo para tapar la verdadera, auténtica conspiración de Goldman para controlar la economía y las finanzas estadounidenses. Es decir, dominar el mundo. Aunque una suerte de aviso en Goldman Sachs 666 es menos conspirativa y más prosaiva; Mike Morgan reconoce estar corto en Goldman Sachs.

Esta polémica de corto alcance -aunque la demanda de Goldman puede generar un peligroso efecto bumerán- es aparentemente poco relevante pero más reveladora de las consecuencias de la ruptura total del sistema financiero. Sin sus pilares de transparencia, confianza y liquidez no hay mercado que valga. Los complejos engranajes que conformaban este sistema -titulizaciones, capital riesgo, hedge funds- han quedado sepultados por la ola. Y esto tiene también efectos en la percepción -y la salud mental- de quienes habitaban dentro del sistema. Un mundo de riesgos relativos y controlables se ha convertido en una jungla postapocalíptica de la que AIG y Lehman son los ejemplos más palmarios.

Precisamente en el destino final de las ayudas a AIG -Goldman recibió 12.000 millones de dólares- es uno de los argumentos a favor de la conspiración. Como el hecho de que Goldman, como tantos otros bancos de inversión, jugó un papel relevante en la gestación de la crisis. Y bien estaría que los responsables de EE UU tuviesen eso en cuenta a la hora de conceder ayudas al sector. Pero también que hay un mundo real ahí fuera que trata de no hundirse con el mundo financiero, pese a los pecados cometidos por éste, que tanto cabe explicar desde la maldad como desde la estupidez. nrodrigo@cincodias.es

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