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El mundial de F1 arranca con polémica y crisis

Los equipos recortan el 30% sus presupuestos por la crisis del sector del automóvil y la caída de los patrocinadores.

El mundial de Fórmula 1 arranca este fin de semana en Australia rodeado de una fuerte polémica con varios frentes abiertos, desde el que enfrenta a los equipos con la organización del campeonato por el reparto de los ingresos o el sistema de puntuación, al de las escuderías entre ellas por motivos técnicos o el de todo el circo en general con la situación económica. Con tanto debate abierto, este año es uno de los que menos tiempo se ha dedicado a especular sobre en qué situación llega cada equipo al inicio de la temporada.

Sólo los tests de Barcelona y Jerez, celebrados en las últimas semanas antes de emprender viaje a las antípodas, han despertado cierto interés en el apartado competitivo, con sorpresas como el rendimiento excepcional de un equipo al que se daba por muerto, el nuevo Brawn GP heredero de Honda, hasta las muchas dudas que ofrece el McLaren-Mercedes del actual campeón Lewis Hamilton. Pero ni entonces se dejó de hablar de los difusores que montan tres equipos, Brawn, Toyota y Williams, y que a juzgar del resto, son ilegales.

Este tortuoso arranque de temporada tuvo un nuevo episodio el mismo viernes, cuando ya los coches rodaban sobre el asfalto de Melbourne. La Asociación de Equipos de Fórmula 1 (FOTA, por sus siglas en inglés) emitió un comunicado para aclarar las informaciones surgidas sobre una tempestuosa reunión con Ecclestone en Londres antes del Gran Premio de Australia de este fin de semana y en la que según el diario británico The Times, Flavio Briatore, de Renault, y Ron Dennis, de Mercedes-McLaren, amenazaron con boicotear la carrera de este domingo si no cobraban 'el dinero adeudado por CVC propietarios de los derechos comerciales de la Fórmula 1, junto con FOA, la empresa de Ecclestone a los equipos y relativo a sumas debidas de los campeonatos de 2006, 2007 y 2008' .

Ecclestone, que supuestamente respondió al conato de boicoteo con la amenaza de no fletar el avión que traslada los coches a Australia, respondió al comunicado acusando a los equipos de realizar comentarios 'inexactos y engañosos'. 'Ni CVC ni la FOA deben cantidad alguna a ningún equipo', afirmó, dijo el patrón de la F1 en un comunicado emitido como respuesta.

Y es que la crisis ha acentuado la necesidad que tienen las escuderías de ingresar más del 50% que se reparten ahora del total de ingresos que genera la competición, ya sea por publicidad como por derechos de televisión, por ejemplo. Y en esta ocasión parece que están dispuestos a jugar fuerte, con la ventaja de que esta vez sí están todos unidos, incluido Ferrari, tradicional aliado de Ecclestone. La amenaza de abandonar la estructura actual de la competición y crear un nuevo campeonato al margen del magnate inglés sigue en el aire.

Los equipos han visto reducido su presupuesto de manera notable, hasta un 30% menos que el año pasado, fruto seguramente más de las dificultades económicas del sector del automóvil que de la voluntad de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) de impulsar una reducción del gasto en la competición. De hecho, Honda ha abandonado la competición ante la necesidad de destinar al negocio natural los fondos que enterraba en la escudería. Otras marcas que sostienen a equipos punteros, como Mercedes o Renault, también han anunciado que las aportaciones que harán a sus escuderías será menor.

Y este recorte se ve agudizado por la caída de patrocinadores. Algunas marcas históricas, como Martini en Ferrari o Credit Suisse en BMW-Sauber, han dejado la competición. Otras, como el RBS, patrocinador de Williams, se lo pensaría mucho ahora si tuviera que renovar el contrato tras la tormenta financiera. Valga el ejemplo de ING. El grupo holandés es el principal patrocinador de Renault, la escudería del español Fernando Alonso. Este año sigue en los bólidos, pero ya ha anunciado que en el próximo no estará. Y el ejemplo más evidente de toda la parrilla: el coche completamente limpio, en blanco, de Brawn GP.

Con este escenario, parece un tanto ridículo que se hayan planteado debates casi absurdos como el de entregar medallas a los ganadores de las carreras o el de cambiar el sistema de puntuación una semana antes del inicio del mundial, dejando el título en manos del piloto que gane más carreras. Al final los dos se han desechado, lo que, al menos en apariencia, supone una victoria de los equipos sobre Ecclestone, aunque con el inglés nunca se sabe.

Mientras tanto, el aficionado lo que espera es la emoción de las carreras y se acabe el espectáculo penoso que están dando equipos y organización. Y pese a que resulta difícil centrarse en ello, al final lo que debe prevalecer, si la Fórmula 1 aspira a no ser considerada como un producto controlado por multimillonarios caprichosos, es la competición en los circuitos.

Este deporte se ha hecho grande por las hazañas de un puñado de pilotos magníficos, de adelantamientos impensables, de maniobras intrépidas, de riesgos al límite. Cuando la atención está en la última curva, la afición vibra, el espectáculo crece, la competición gana. Cuando el objetivo está en los despachos, el debate en el control económico y los esfuerzos se van por la boca en forma de amenazas y boicoteos, el aficionado se vuelve descreído. Y con razón.

Posiblemente sólo en las manos de Fernando Alonso, Lewis Hamilton, Kimi Raikkonen, Felipe Massa, Jarno Trulli, Robert Kubica o Jenson Button está la clave de que el domingo, a primera hora de la mañana, en el circuito de Melbourne, la Fórmula 1 recupere el prestigio y la emoción de una auténtica competición deportiva.

Los equipos del difusor de la discordia marcan el ritmo

Pese al ambiente enrarecido que se respira en el paddock de Melbourne, los coches salieron a rodar este viernes en las dos primeras pruebas libres de la temporada. Pese a que los entrenamientos de ese día no son del todo significativos, pues las escuderías aún ultiman pruebas de aerodinámica y no desvelan todas sus cartas, lo cierto es que hay un dominio evidente de los tres equipos que cuentan con el difusor que ha sido objeto de impugnación pero que ha recibido el visto bueno de la FIA.

En las primeras tandas, a la espera de la clasificación, la gran sorpresa fue Williams, que marcó los mejores tiempos, acompañado de Toyota y Brawn. Sólo se colaron entre los seis bólidos de estas tres escuderías los dos Red Bull.

Decepcionante fue el rendimiento de los McLaren-Mercedes, antepenúltimos. Y muchas dudas dejó el resultado del Renault de Fernando Alonso. En todo caso, el asturiano se mostró optimista para la ronda clasificatoria. 'Estoy feliz, pero podría estarlo más. Solo estamos a viernes, pero he sido décimo en la primera sesión y duodécimo en la segunda, así que obviamente no es la posición perfecta para luchar por podios y victorias. Intentaré estar entre los seis u ocho primeros en la parrilla de salida', dijo el piloto asturiano tras la sesión del viernes.

Novedades. El KERS y el regreso de los míticos neumáticos 'slick'

La gran novedad de la temporada que arranca este fin de semana es el sistema de recuperación de energía bautizado como KERS que incorporan todos los equipos. Se trata de un dispositivo que acumulará la energía generada en la frenada de los bólidos y permitirá utilizarla después.

El piloto pulsará un botón que liberará esa energía acumulada en unas baterías, aportando una potencia extra al motor que oscila entre 250 y 270 CV extra durante unos ocho segundos. En teoría eso permitirá hacer adelantamientos, ya que el coche que lo use en el momento adecuado correrá más que su rival. Las dudas sobre la efectividad de este componente no se resolverán hasta verlo en carrera.

Otra de las novedades de este año no lo es tanto. De hecho es una vuelta al pasado, a hace más de una década cuando dejaron de usarse los neumáticos lisos, conocidos como slicks. Estas gomas sin dibujo son las más rápidas para un bólido que ruede sobre una pista seca.

El diseño de los coches también ha variado mucho. La opinión general es que son más feos que años anteriores.