Tribuna

¿Hemos tocado fondo? Pues depende

En medio de la catástrofe, comenzamos a advertir los primeros rayos de luz. Tibios y lejanos, es cierto, pero que nos suponen al menos las primeras esperanzas después de muchos meses de absoluta oscuridad. ¿Luz, esperanza? ¿Cómo se puede afirmar semejante majadería?, podría cuestionar el lector atribulado por una realidad que le desborda. Y tendríamos que darle la razón en eso de que las estamos pasando canutas, para después argumentarle posibles cambios de escenario.

Vayamos al grano: estamos finalizando el peor trimestre de la economía española de las últimas décadas. Los datos de crecimiento van a resultar escalofriantes, y el balance de paro, sencillamente demoledor. Nuestro tejido empresarial se encuentra asfixiado y nuestras cuentas públicas se deterioran con rapidez. Acudimos a consultar a los oráculos institucionales y a los servicios de estudios de bancos y sus previsiones nos pintan una recesión profunda y prolongada, superior a la de los países de nuestro entorno. Paul Krugman, el Nobel de moda, nos visitó y nos dejó algunas frases para la posteridad. Afirmó que la situación española era, sencillamente, aterradora. Nuestra dependencia de la construcción y el abultado déficit por cuenta corriente nos obliga a un endeudamiento en un momento en el que nadie quiere ni puede prestar. Como no podemos devaluar nuestra moneda para recuperar competitividad, sólo nos quedaría la alternativa de bajar nuestros costes -salarios incluidos- un 15%. Si no se realiza este ajuste salarial -Krugman said-, el ajuste tendrá que producirse vía empleo. Y esto significa dolor, mucho dolor.

Bueno -nos responde el lector-, todo eso ya lo sabíamos. No, peor aún, lo sufríamos. ¿Dónde se encuentran, entonces, la luz y la esperanza que se apuntábamos al inicio del artículo? Pues delante mismo de nosotros -le respondemos-, aunque nos cueste reconocerlas. En Estados Unidos ha vuelto a crecer el número de viviendas iniciadas, y el consumo al por menor presentó un mejor balance del esperado. Estos y otros datos similares impulsaron a la Bolsa hacia arriba, espoleada por las palabras del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke: la economía norteamericana saldrá este mismo año si se logra estabilizar la arquitectura financiera. A ello se dedican los estadounidenses, con mayor osadía y decisión -que todo hay que reconocerlo- que nosotros los europeos, más timoratos y retraídos. La acción coordinada de todos los países, su decisión de no dejar caer a los bancos, los diferentes estímulos fiscales, la fuerte rebaja de los tipos de interés y el abaratamiento del petróleo van notándose en algunas economías. En Alemania, por ejemplo, ha mejorado el clima de confianza del consumidor, bajo mínimos después de mucho tiempo en caída libre.

Posiblemente, Bernanke tenga razón, y antes de final de año la economía invierta el signo descendente que ahora padecemos. Todo eso está muy bien -vuelve a la carga el lector escéptico, desengañado por las muchas promesas incumplidas-, pero ¿y España? ¿No me irás a decir -y abre mucho los ojos al preguntarlo- que nosotros también vamos a salir en este año?

Pues depende a lo que llamemos salir, le respondemos. Desde luego, todavía nos quedan algunos trimestres en negativo, pero -toquemos madera- es posible que el Producto Interior Bruto del último trimestre vuelva a ser positivo, por más que nos cueste creerlo en estos momentos de shock. Todos los factores anteriormente enunciados se confabularán para que este aparente milagro sea posible.

¿Hemos tocado fondo, entonces? Pues no. Desgraciadamente no. El desempleo seguirá creciendo, a pesar de la mejoría en algunos de nuestros datos macro. Un escenario que podemos contemplar es el de un 2010 con un crecimiento inferior al 1% -que es crecimiento al fin y al cabo, frente a la recesión que nos pintan los augures titulados-, pero sin creación alguna de empleo. Y esa situación podría prolongarse por un tiempo. Crecimiento muy débil -con lo que técnicamente habríamos salido de la recesión- pero sin creación de empleo, por lo que socialmente aún nos encontraríamos sumergidos en ella.

Por eso, cuando nos preguntan si tocaremos fondo estos próximos trimestres sólo podemos contestar con un filosófico depende. En crecimiento económico sí, pero en empleo no. Desgraciadamente en este caso, volveremos a diferenciarnos de nuestro entorno, haciendo bueno aquello de Spain is diferent.