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Vuelven los hombres del tambor, por que la demanda no reacciona a los estímulos

En los últimos días han vuelto los hombres del tambor. Líderes mundiales con alta responsabilidad política y económica, con una vista que traspasa las mismísimas montañas e intuye las certezas tras un túnel largo, angosto y tenebroso, anuncian que ya se adivina el final de la crisis. ¿Inocentes? Tras comprobar que toda la maquinaria fiscal puesta en marcha no remueve los ánimos de los agentes económicos, que regalar el dinero como lo hacen los bancos centrales como agente monetario de único recurso no anima a tomar crédito, y que darle a la manivela de la fábrica de la moneda no estimula la economía, hay que utilizar el tambor, para dar buenas noticias, como los viejos alguaciles. Hay que inundar a la opinión pública con referencias puntuales como las de Bernanke, Trichet, o Almunia, que hablan de pequeños giros en los indicadores o incluso de que hemos evitado la depresión, o con insinuaciones de los grandes bancos intervenidos en las que se alerta de que van a ganar otra vez dinero. Deben ser responsables de reanimar la confianza, pero también de no generar expectativas falsas, porque perderán el crédito que la población americana y europea han depoositado en ellos.

Un 27% ha caído el transporte de carga que ejecutaron las compañías aéreas en 2008. Es el último dato de gran valor aparecido sobre la actividad económica mundial, que no puede pasar desapercibido, porque tuene un carácter adelantado que anticipa que lo peor no ha llegado aún. Refleja fundamentalmente la parálisis en la que se está metiendo el comercio mundial, coherente con la evolución de las exportaciones e importacioones de China, Alemania o Estados Unidos en los últimos trimestres. Si el comercio mundial lo mueven las grandes corporaciones multinacionales y se ha paralizado, es que las expectativas de la actividad económica manufacturera en los próximos trimestres es muy negativa.

El resto de los indicadores de actividad, mirese el país que se mire, mirese el sector que se mire, son de una profunda recesión, en la que la economía mundial no salvará el año con un descenso del crecimeinto menor del 3%. Es verdad que no podemos pasar muchos trimestres con cambios tan radicales en las variables más sensibles, porque la destrucción de tejido productivo y de empleo serían de difícil recomposición después. Pero si la producción manufacturera se cae, es porque se cae la demanda de productos y bienes terminados, y si tal cosa ocurre es porque no hay aún confianza en que el ciclo recesivo haya tocado fondo.

La desconfianza del sector financiero en sí mismo se ha trasladado a los agentes no finacieros, tanto corporativos como particulares. Y ahora recomponerla no es fácil. No valen las políticas monetarias que han colocado los tipos de interés en cero o cerca de él; no valen las inmensas inyecciones de dinero a los bancos dañados para que recuperen el crédito del mercado; no valen las ingentes cantidades de dinero público, con expansión cuantitativa incluída, para recuperar el ánimo de la gente.

No quiere esto decir que estas políticas hayan fracasado. Pero sus resultados se retrasarán porque hay ciertas variables que tienen que recomponerse para recuperar todo su vigor. Y tratar de recuperar la economía sin que la purga del endeudamiento culmine puede ser contraproducente. Yo entiendo los intereses que tienen los políticos, y los banqueros centrales también, en que todo se recomponga cuanto antes. Pero estaría bien que los precios de los activos inmobiliarios que han llevado a los niveles de escandaloso apalancamiento de los hogares, bajasen lo que deban hacerlo para convertirse de nuevo en motor de actividad, y de paso recomponer el valor de los activos financieros que los han utilizado como subyacente, para recomponer los balances de los bancos.

Pero a los gobernantes les ha entrado la prisa y han sacado el tambor. Anuncian por todas partes la llegada de la recuperación. En Estados Unidos, en Europa, ... Si alguien encuentra un indicador positivo que lo diga, que lo publicamos en los periódicos y en grande. Pero me da a mí que van a tardar. Mientras tanto, seguiremos oyendo el ruido de las caídas de actividad, y difícilmente nos dejarán oir el susurro del tambor de la recuperación. Sólo las Bolsas han seguido el señuelo. Veremos lo que dura.

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