COLUMNA

Planes de ING a largo plazo

ING está haciendo lo que puede para calmar los mercados y afrontar sus pérdidas. Está financiando una gran babosa de activos tóxicos con ayuda del Gobierno holandés, retirándose de zonas no rentables, y ha sacrificado a su consejero delegado, Michel Tilmant.

Pero con las acciones recuperadas ayer mínimamente respecto a sus recientes desplomes, el grupo de banca y seguros necesita pensar detenidamente su estrategia a largo plazo.

Cierto que está bien capitalizado. El ratio Tier 1 al 9,1% y el core Tier 1 al 7,1% se incrementarán ligeramente después de que el Gobierno holandés haya garantizado el 80% de los activos tóxicos de la entidad. Y su negocio fundamental no es malo. ING quizá se ha sentido presionado para cumplir con las previsiones de beneficios en 2008, aunque el resultado neto -unas pérdidas de alrededor de 400 millones de euros- saca los colores a alguno de sus competidores.

La sustitución de Tilmant como consejero delegado por Jan Hommen, presidente del consejo, no debe considerarse como una evidencia de insatisfacción generalizada dentro del grupo o de sus accionistas. Tilmant merece crédito por obtener la política de apoyo del Gobierno -cuyas negociaciones comenzaron en octubre- aunque los acontecimientos de finales de año le han dejado exhausto y con su autoridad muy debilitada. El nuevo consejero delegado debería ampliar los apoyos.

ING está preparándose para un entorno post-crisis. Se ha retirado de mercados poco rentables como Taiwán y Argentina y recorta su plantilla en 7.000 personas. También está controlando su apetito por el riesgo: su exposición al inmobiliario ha descendido dos terceras partes desde finales de año. Y en el balance tiende a recortarse un 10% a medio plazo.

Estas medidas están bien, pero se precisan cambios estratégicos de mayor alcance. ING no es el único grupo financiero con pérdidas en los últimos 18 meses. Pero los accionistas que creían que estaban invirtiendo en un grupo diversificado confiaban en que el banco no estaba acumulando tantos activos tóxicos como un banco de inversión.

ING ha obtenido un pobre resultado como grupo de banca y seguros. Quizá debería desistir de intentar explotar al mismo tiempo el negocio de banca y el de seguros. Por Michael Prest

Fuego cruzado contra UBS

UBS parece atascado en medio de un feo callejón sin salida del Gobierno. El grupo suizo dice que está ansioso por pactar cargos que datan de hace ocho meses por ayudar a los ricos clientes de EE UU a eludir el pago de impuestos. Es fácil ver por qué UBS quiere dejar el caso atrás. Los abogados de la acusación han sido implacables, y un constante goteo de presión pública está manteniendo una aureola de malas noticias en torno a UBS.

El lunes, una información relataba que la investigación se ha ampliado y que UBS está tratando de eludir una posible acusación de delito grave. Esto sucede tras una decisión del mes pasado de la corte de EE UU que declaraba fugitivo al jefe de gestión global de patrimonios de UBS, Raoul Weil. Los siguientes pasos podrían ser la acusación contra aún más empleados séniors del banco, incluido posiblemente el consejero delegado Marcel Rohner. Pesa incluso la catastrófica amenaza de despojarle de su licencia bancaria en EE UU.

Por tanto, UBS puede estar lista para pagar una considerable multa e incluso reconocer fechorías para poder continuar con el duro trabajo de restaurar su reputación. Pero la acusación parece empeñada en romper el velo del secretismo del banco suizo y poner sus manos en los miles de nombres de clientes celosamente guardados.

Las autoridades suizas, por otra parte, parecen ser demasiado conscientes de que si el banco sucumbe podría poner en peligro la mayoría de su preciada industria bancaria privada -UBS ya ha cerrado el negocio en paraísos fiscales en el corazón del caso en EE UU y estableció operaciones en mercados convencionales en el mundo-. Pero si al secreto suizo se le permite parecer un pedazo de queso gruyer, el gran número de instituciones más pequeñas que sacan provecho de la contabilidad de los paraísos fiscales podría ver sus fondos retirados a marchas forzadas.

En última instancia, podría haber todavía una solución de compromiso que dé a las autoridades de EE UU oportunidad para declarar una gran victoria, y al banco suizo ganar tiempo para que sus bancos privados reestructuren sus negocios en un mundo cansado de conductas clandestinas. Por ahora, sin embargo, tampoco el Gobierno parece dispuesto a pestañear. Hasta que uno lo haga, UBS continuará sufriendo. Por Jeffrey Goldfarb