La UE no respeta a su propio Tribunal

Han ganado tres veces desde 2006 ante el Tribunal de Justicia Europeo. El Parlamento europeo ha aprobado esta semana una resolución que deplora el incumplimiento de esas sentencias (14 de enero). Aún así, no consiguen borrar su nombre de la lista de grupos terroristas de la UE, un agujero negro legal del que es tan difícil salir como de Guantánamo.

Lo de menos, quizá, es la naturaleza del grupo al que se han congelado arbitrariamente los fondos y se ha condenado al ostracismo político y social. O las indudables implicaciones internacionales de esa decisión. Lo grave es que los jueces comunitarios consideran inadmisible la condena y la han anulado ya por tres veces sin ningún resultado.

Los afectados se manifiestan periódicamente ante el Consejo Europeo (el 15 de enero, la última vez) pero los diplomáticos comunitarios les prestan la misma atención que a las sentencias del Tribunal de Luxemburgo. La última (4 de diciembre 2008) se dictó sólo 24 horas después de celebrarse la sesión oral del juicio, el veredicto más rápido en 50 años de actividad del Tribunal europeo. Anuló, por tercera vez, la inclusión sin pruebas del grupo en cuestión en la lista antiterrorista.

Unos días más tarde (el 17 de diciembre), los jueces rechazaban también expeditivamente la enésima artimaña legal del Consejo para intentar obviar sus sentencias. Pero Los 27 países de la UE siguen sin obedecer a su propio Tribunal.

Quizá no sea tan grave como Guantánamo (si es que hay gradación en la violación de las libertades fundamentales), pero el prolongado desacato pone en peligro la credibilidad de la política europea antiterrorista y de su entramado institucional, en general. Cabe preguntarse, además, cómo interpretarán el desacato de la UE las empresas extracomunitarias que, como la estadounidense Microsoft, han aceptado sin rechistar los fallos del Tribunal que les afectan.

La indiferencia de la UE hacia el Estado de derecho será más patente a partir del 20 de enero, cuando Obama llegue a la Casa Blanca. Si el nuevo presidente de EE UU cierra el gulag caribeño, Bruselas tendrá una coartada menos para seguir violando su propia ley.

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