Opinión

¡Que no cunda el pánico!

Mucho ha tenido que avanzar la crisis financiera cuando el recorte de medio punto del Banco de Inglaterra (BoE) en sus tipos de interés -colocándolos en el punto más bajo de sus 314 años de historia- parece poco. La reducción, hasta el 1,5%, sigue a los recortes de un punto en diciembre y 1,5% en noviembre. La disminución del ritmo probablemente refleja las preocupaciones de la City londinense respecto a la suerte de la libra, la política fiscal, y el menguante arsenal en el bagaje de medidas convencionales del BoE, cada vez más abocado a una política monetaria menos ortodoxa.

El banco parece interesado en lanzar el mensaje de 'que no cunda el pánico'. Admite que la economía ha ido a peor. Pero las políticas fiscal y monetaria ya se han movido enormemente hacia tipos bajos, mientras la libra ha caído, haciendo al Reino Unido más competitivo. Todo esto proporcionará 'un considerable estímulo para la actividad', según dice el BoE esperanzado, aunque pocos esperan que la recuperación llegue pronto.

Pero el Banco también teme que el efecto de la política fiscal se pase de vuelta. El Gobierno inglés ha apostado por un estímulo gigantesco y el déficit fiscal presupuestado equivale al 8% del PIB. Un déficit semejante debe, normalmente, ser inflacionario.

El BoE, a diferencia del objetivo anti-deflación de la Reserva Federal, no parece haber descontado totalmente el problema de inflación. Su declaración advierte que la depreciación de la libra empuja el coste de las importaciones. Quizá esto no siente bien a la divisa, que corre el riesgo de caer aún más por la abultada emisión de deuda del Gobierno.

Otra razón del menor recorte de tipos que la Fed quizá sea su intento por conservar la política monetaria convencional. La Reserva de EE UU, con los tipos prácticamente a cero, está ya usando armas menos convencionales como comprar activos financieros para aumentar la oferta monetaria. Pero el Banco de Inglaterra, digamos, es renuente a comprar bonos del Gobierno y arriesgarse a dar la impresión de que está facilitando el desmán del gasto público y fomentando la futura inflación al monetarizar la montaña de deuda británica.

El BoE debe pensar que es mejor mantener alguna bala convencional en la recámara para responder con ortodoxia los próximos meses, mientras espera que la economía empiece a estabilizarse. Por Ian Campbell

Aviso a la deuda alemana

Peer Steinbrück, el ministro de Finanzas alemán, ridiculizó el keynesianismo de Gordon Brown en diciembre. Ahora Alemania está reculando, y planea un modesto plan de estímulo que generará déficit. Pero el fracaso de la subasta de bonos alemanes del miércoles es un aviso serio para los americanos y británicos, proclives a la deuda, más que para el propio Steinbrück.

Ciertamente, Alemania está cambiando el rumbo, aunque lentamente y con mucha prudencia. Los democratacristianos de Merkel quieren recortes de impuestos, especialmente para rentas bajas. Pero sus aliados socialdemócratas proponen más gasto público.

Aunque el resultado es todavía incierto, se especula con un plan de 50.000 millones de euros, un 1% de su PIB, adelantándose al que presentará Barack Obama. Pero este modesto plan servirá de poco ante una contracción del 2%-3% del PIB alemán y aumentará la deuda pública.

El miércoles tuvieron un aviso. Una subasta de bonos a 10 años tuvo una pobre demanda y el Bundesbank se quedó con una tercera parte de lo que había planeado vender. Los tipos de interés a largo plazo quizá suban. Gran Bretaña y EE UU deberían prestar más atención a este aviso que la propia Alemania. El presupuesto germano terminará cerca del equilibrio. Mientras tanto, el inglés y el americano están previstos con déficits del 8% de sus PIB respectivos. E incluso podrían empeorar. El Gobierno inglés planea emitir deuda por 146.000 millones de libras este año. ¿Estarán los inversores dispuestos a comprarlos?

Los inversores no se tranquilizarán con las sugerencias de ambos países, de que los bancos centrales podrían eventualmente comprar la deuda pública soberana directamente. Imprimir más moneda conlleva riesgo inflacionario, lo que dificultaría aún más la colocación de nuevos bonos.

Las ironías son múltiples. Con una economía de éxito sustentada en la exportación y el ahorro, Alemania podría afrontar recortes de impuestos y más gasto público sin caer en un déficit excesivo. Mientras tanto, Gran Bretaña y EE UU ya han incurrido en déficits, poniendo en aprietos el consumo y las importaciones, y ahora planean además un plan de gasto público difícil de afrontar y recortes de impuestos. Por Ian Campbell