COLUMNA

Más poder para el BCE

La crisis financiera ha denostado mucha sabiduría. La idea de que los bancos centrales deberían quedarse fuera de la regulación de los bancos está en la picota. Lucas Papademos lo ha apuntado. El vicepresidente del BCE ha declarado a una revista alemana que la estabilidad financiera debería beneficiarse de la fortaleza del 'carácter europeo' en la supervisión para controlar las 45 entidades más grandes de la región. 'El BCE está planteándose el desafío', añadió.

El argumento de Papademos suena pragmático. Conceder al BCE el rol de supervisor bancario sería 'más eficiente y efectivo', dijo. Pero hay que acometer una revolución. La separación de la política monetaria de la regulación bancaria es parte de la agenda desregulatoria de estos años. El equipo de Greenspan creía que los bancos deberían estar en gran parte bajo el control del mercado mejor que permitir que los bancos centrales les usasen como instrumentos de su política.

Esta noción ha perdido valor. Las entidades bancarias minaron la estabilidad financiera con sus rápidos crecimientos y por tomar demasiados riesgos interrelacionados. Hoy, están minando el sistema por su excesiva timidez y por rehusar conceder créditos arriesgados. Los Gobiernos y los bancos centrales han respondido interviniendo más directamente en el sistema financiero.

En cierta forma, el BCE salió beneficiado de la desatinada decisión de restringir el rol de los bancos centrales, ya que nunca habría nacido si los Gobiernos nacionales hubiesen tenido que renunciar al control de su banca. Ya supuso un gran esfuerzo prescindir de la política monetaria.

En una crisis global, el argumento económico a favor de una supervisión bancaria unificada y activa cobra peso, así como las promesas del BCE de actuar como el Banco de España, el cual ha mantenido a las entidades financieras fuera de los peores riesgos, a diferencia de la Fed, que se ha mantenido ociosa.

La cuestión es si esta línea sería hoy más aceptable para los políticos que cuando se creó el BCE. Con las funciones regulatorias, el Banco Central Europeo tendría un gran poder sobre el movimiento de fondos en la euro zona. Y quedaría fuera del control directo de los Gobiernos nacionales. Quizá los políticos no estén todavía preparados para dar al BCE tanta fuerza.

Por Edward Hadas.

El 3G llega a China

El Gobierno chino ha apretado el botón de la tercera generación de telefonía móvil. Y no es sólo para responder al ansia de los quinceañeros urbanitas por las videollamadas y las descargas de música a más velocidad. Un rápido y exitoso estreno del 3G será útil a la agenda global del Gobierno, pero al hacerlo podría espolear una disputa global sobre proteccionismo.

Mientras los usuarios de telefonía de Japón utilizan el 3G desde 2001, el consejo de Estado chino sólo autorizó sus nuevas licencias la pasada semana. En parte estuvo esperando una reestructuración de la industria de las telecomunicaciones del Estado chino, convirtiendo cinco grandes firmas en tres. Y más importante, más que adoptar la tecnología estándar, China quiso crear la suya propia, con el poco pegadizo nombre TD-SCDMA.

El Gobierno tiene dos razones para estar excitado con el estreno. Con el desplome de las exportaciones, China está tratando de encontrar grandes proyectos que financiar. Las redes de 3G son perfectas. Los políticos estiman que el gasto en desplegar el 3G chino será de 40.000 millones de dólares en los próximos dos años. Anunciar la inversión masiva significa trabajos y menos descontento social.

El 3G es una oportunidad para avanzar en alta tecnología, y eleva a China en la cadena de valor. Por eso, es crucial que TD-SCDMA, que estará operado por China Mobile, tenga éxito -aunque sólo sea un escalón hacia el inevitable 4G-. Pero sin un empujón patrocinador del Estado, TC-SCDMA probablemente languidecería. Los procesos iniciales han dado pobres resultados y la tecnología no está aún en marcha.

Mientras el botín sea grande, las telecos extranjeras no estarán muy contentas con que la política económica tiña el estreno del 3G chino. Alcatel, Nokia, Nortel y Motorola han estado contemplando un ramillete de 600 millones de abonados al móvil, que podrían elevarse a 1,2 millones si China aumenta los niveles de penetración europeos.

Con las firmas locales yendo en tropel hacia la bancarrota y con el crecimiento interno como prioridad, los políticos chinos pueden obstaculizar esta cantidad. El fabricante de trenes Alstom se quejó la semana pasada de que China está cerrando sus puertas a suministradores extranjeros. Mal asunto. Mientras dar a los jóvenes vídeo de alta velocidad es parte de la entrada de China en la edad moderna, los suministradores necesitan prepararse para un viejo proteccionismo en el camino.

Por John Foley