Mónica García

'En los negocios hay que ir a la contra'

No tiene bodega, pero eso no le ha impedido cumplir el sueño de crear el vino que ella quería en dos zonas distintas: De Saa, en Galicia, y 4.80, en Somontano. Lo ha encargado.

Quería ser abogada, pero al acabar la carrera empezó a trabajar en el despacho de un fiscal y consideró que esa disciplina no era lo suyo. Mónica García, nacida en Moaña (Vigo) hace 35 años, asegura que aprendió el arte de comer y de beber en el País Vasco, cuando fue a estudiar a la Universidad de Deusto.

¿Por qué y cómo nace Fuera de Carta?

Nace de la pasión por el vino y de mi familia. Desde que tenía seis años soy consciente de mi relación con el vino porque mi familia estaba vinculada a este sector. En una cata de vinos, había un albariño que me traía recuerdos de mi infancia en Galicia, me evocaba los olores de cuando yo era pequeña y decidí crear mi propio vino recopilando todo aquello que me recordaba mi niñez. Fue hace tres años cuando este proyecto se instaló en mi cabeza. Mi padre José Luis García, prejubilado ya, me apoyó con una sola condición: que el vino que se hiciera tuviera una gran calidad.

¿Y lo han conseguido?

Eso dicen los que lo han probado. Mi abuela siempre decía que el albariño se hacía tradicionalmente en base a un calendario de lunas. Y nosotros hemos recuperado esa forma artesanal de fabricación, porque ahora la producción de muchos albariños está prostituida. Y hemos querido hacer un trabajo con mimo, con cariño y de verdad. En un mundo tan globalizado y tan poco personalizado, hay que volver a hacer las cosas de verdad, a recuperar la autenticidad de nuestros productos.

¿Pero no tenían bodega?

No teníamos bodega, pero eso no era impedimento para nada porque soy emprendedora como mi padre. Hace años monté una agencia de publicidad y ahora Fuera de Carta. No teníamos bodega y la pedimos prestada. Elegimos la denominación de origen con la que queremos hacer vino. El blanco es albariño y el tinto es de Somontano (Huesca). Y lo que hacemos es escoger una bodega que reúna las condiciones y nos ofrezca las calidades que nosotros necesitamos para hacer el producto que queremos.

¿Es fácil conseguir implicar a tanta gente para que se sume a un proyecto diferente al que realiza?

Ahí es donde radica nuestro éxito, porque convencemos a las personas, las entusiasmamos con nuestra idea para que realicen con nosotros un contrato de colaboración anual. No queremos establecer contratos a más largo plazo porque si un año la cosecha es mala, pues no sacamos el vino. Tenemos a los mejores enólogos, la cepas están a los pies del río Uña y tienen más de 30 años de vida; por lo tanto, nuestro vino es un producto natural, con alma y esencia gallega.

¿Qué es lo más difícil?

Sin duda, ganarte a las personas. En Somontano, donde producimos el 4.80, también tuvimos que convencer a la bodega de que se trataba de un proyecto interesante, en el que arriesgamos combinando varias uvas, cabernet liguria, liguria italiana y garnacha. Lo bueno de este negocio y de este producto es que se puede jugar, mezclar. Hoy día, para hacer negocios hay que ir a la contra, es la única manera de diferenciarte.

¿Encontrar financiación es complicado?

No, no es difícil. Si la idea es buena, es fácil llevarlo a la práctica porque, además, vender este producto es atractivo. Es mucho más difícil conseguir financiación en otros sectores. Cuando vendes una idea, estás vendiendo un intangible, pero, en este caso, el producto se puede abrir, probar y saber si te gusta o no.

Pero entrar en un negocio de nuevas ha de requerir esfuerzo...

Si te rodeas de las personas adecuadas, no tanto; tienes que ir acompañada de gente profesional. En mi caso, entré de la mano del enólogo Miguel Ángel Galán, que tiene una gran reputación y una forma de trabajar que me encanta, porque él escucha, asimila y luego hace realidad tu sueño. Yo aprendo de él muchas cosas, por ejemplo, a vender el vino. Hay que estar constantemente aprendiendo cosas, es la única manera de seguir adelante.

Su modelo de trabajo habrá causado un gran impacto entre los bodegueros.

Sin duda. Yo llego y les cuento la idea que tengo, y les cuesta entenderlo, aunque es muy fácil. Yo quiero hacer vino, pero quiero hacerlo en su casa porque considero que me van a garantizar los parámetros de calidad y de producción que yo busco. Luego hay que explicar lo que quieres. Y reconozco que es un mundo de hombres, en el que hay pocas mujeres, muy poco dados a la innovación. Por ejemplo, el diseño de las botellas: son todas sota, caballo y rey; no les gusta arriesgar. El bodeguero suele ser un señor de campo, que no apuesta por la comunicación ni por el marketing, un sector que se ha inventado para algo, también para el vino. Nosotros lanzamos de albariño una edición de 2.300 botellas, que se pueden personalizar; y de somontano lanzamos 2.500 unidades. Nuestro proyecto no es de previsión, es de pasión.

Usted tiene apariencia de ser buena comercial.

Tengo una base sólida porque toda mi vida me he dedicado a vender en publicidad. Me encanta ejercer de comercial. ¡Lo difícil que resulta para una mujer entrar en un comité de dirección y lo fácil que es para una mujer vender!

¿Está notando la crisis?

¿Qué crisis? Los productos de alta calidad y únicos siempre van a existir. En nuestra agencia de publicidad, nuestra filosofía de trabajo es que todo el mundo venga a trabajar con una sonrisa.

'Hay que tener curiosidad por aprender'

Su padre le inculcó la vena emprendedora y el sentido de la responsabilidad, así como del trabajo. 'Afortunadamente, le debo a mi familia tener unos valores y tener curiosidad por aprender'. Recuerda Mónica García que cuando llegaba del colegio, le gustaba sentarse con su padre para que le enseñara las tablas de multiplicar. Esa intensidad con la que vive todo se la intenta transmitir a su hijo.

'Quiero que viva con naturalidad mis cosas del trabajo, a lo mejor es publicitario cuando sea mayor'. Esta empresaria es licenciada en Derecho y en Economía, además está especializada en marketing y publicidad, sector que compagina con el del vino. Es directora de cuentas de la agencia The Market Room. 'Decidí montar mi propia compañía porque he visto que se pueden hacer las cosas de manera diferente, agilizar los procesos y simplificar la relación con los clientes'.

Para completar sus estudios, realizó un máster en Dirección de Empresas, disciplina que le ha dado una 'visión amplia del mundo de la empresa y de la vida'.