EDITORIAL

La UE vuelve a la casilla de salida

La Unión Europea cerró el viernes en Bruselas una de las cumbres de líderes comunitarios aparentemente más productivas de los últimos años. Los 27 han despejado el camino para una posible ratificación del Tratado de Lisboa, siempre que el pueblo irlandés cambie su voto y diga sí al texto en un segundo referéndum. Han zanjado, además, meses de debate sobre la regulación del mercado de emisiones de CO2, una de las piezas clave para cumplir los objetivos marcados en la lucha contra el cambio climático. Y, por añadidura, han puesto en marcha un plan de rescate de la economía europea con una inyección de gasto público de 200.000 millones de euros para los próximos meses.

El alarde de eficacia de los 27 durante esta cumbre guarda una relación directa con la figura del actual presidente de la UE, Nicolas Sarkozy, según reconocieron la mayoría de los presidentes de Gobierno presentes en la cita, entre ellos, José Luis Rodríguez Zapatero. El mandatario francés derrochó durante el jueves y el viernes en Bruselas la misma energía -'impaciencia positiva', como la define el presidente de la CE, José Manuel Barroso- que ha marcado todo su semestre al frente de la Unión Europea. El viernes, Sarkozy se despidió de la cumbre señalando que 'ahora nadie puede poner en cuestión la necesidad de un verdadero presidente europeo'.

Sarkozy tiene razón. Igual que cuando defiende 'una Europa voluntarista, política y con grandes ambiciones, porque las pequeñas no van a hacer que nadie renuncie a sus intereses nacionales'. Pero ni el brillante discurso del dignatario galo ni los resultados de su semestre presidencial parecen tan espectaculares cuando se desempaquetan del oropel mediático.

Los acuerdos fraguados el viernes por Sarkozy sacrifican precisamente una gran parte de la ambición inicial de la UE. El daño más evidente es la decisión de renunciar a una Comisión Europea con menos miembros, un carácter más federal y, en teoría, más eficaz. Los 27 llevaban desde el año 2000 intentando esa reforma y han tenido que renunciar para permitir a Irlanda celebrar un segundo referéndum sobre el paralizado Tratado de Lisboa. De rebote, se saltan los límites fijados para frenar el crecimiento del Parlamento Europeo, que tras el nuevo acuerdo puede llegar a 754 escaños desde los 736 previstos en el Tratado de Niza.

La elefantiasis institucional contrasta con el minimalismo de las propuestas medioambientales y económicas aprobadas en la cumbre. Frente a la propuesta inicial de subastar los derechos de emisión de CO2 para evitar que las empresas se anoten un beneficio contable a costa del Protocolo de Kioto, el pacto de Sarkozy prevé el regalo de los títulos hasta 2027 para algunos sectores e indefinidamente para otros.

El plan de recuperación económica para superar una crisis que se extiende por toda la UE carece, como ya hacía la propuesta de la CE, de concreción geográfica y temporal, aunque al menos puede enviar una señal de confianza para empresas y consumidores. Pero no es la solución definitiva a una crisis de alcance sin precedentes. La UE, con o sin Sarkozy, se verá obligada a repasar las medidas de impulso económico.