A fondo

A la fusión de Iberia y British se le pasa el arroz

A la fusión de Iberia y British se le pasa el arroz
A la fusión de Iberia y British se le pasa el arroz

Observadores del negocio de la aviación llevan una semana auscultando los gestos más nimios o los más leves matices en las declaraciones de los directivos de Iberia, de British Airways y de Qantas. Desde que la británica anunció el 3 de diciembre que había iniciado negociaciones con la australiana sin romper sus relaciones con Iberia, los analistas intentan averiguar donde irá a parar este extraño trío nacido por arte de magia en el medio del ojo del huracán de una de las mayores crisis de demanda aérea mundial.

Aunque Qantas habla desde las antípodas, ha tenido interés en vocear para que se le entienda que, si bien le interesa un pacto con British, las relaciones a tres no son de su gusto. Exige que se deje a Iberia en la estacada para pasar a mayores.

Sorprende que quien intenta romper un matrimonio, Qantas en este caso, a las primeras de cambio declare que de British Airways le desagradan prácticamente los mismos defectos de los que ha estado protestando Iberia desde que en julio se anunció su fusión con la británica. A saber, una ecuación de canje que no se sujeta y la trampa del deficitario fondo de pensiones de la plantilla de British. A ello hay que sumar las restricciones legislativas australianas para la cesión de participaciones de capital que, cuando menos, retrasarán la integración.

Los proyectos de consolidación de Lufthansa y Air France-KLM vuelan muy por delante

La actitud de Iberia tras descubrir los devaneos de British ha sido de suma prudencia, a pesar de algunas informaciones que se han expresado en sentido contrario. Su presidente, Fernando Conte, utilizó toda la diplomacia que atesora durante su única comparecencia ante los medios en Londres el 4 de diciembre. Dijo que 'lo lógico es que las fusiones comiencen por Europa y luego se aborde la otra'. Argumentó que existen condiciones regulatorias de mayor libertad en el entorno de la UE para intercambiar capital entre aerolíneas, que en el resto del mundo. Como único reproche, Conte se atrevió a reconocer que hasta media hora antes de que British desvelara su nuevo idilio, no había tenido la menor noticia de sus negociaciones con Qantas.

El primer ejecutivo de Iberia evitó 'el ataque de celos' y no quiso dar por finalizada su apuesta por la fusión con British. En este ánimo, señaló que 'los dos próximos meses serán clave para el desarrollo de la fusión entre nuestras dos compañías'. Ambas deberán dar pasos para definir los ahorros de costes como consecuencia de la confirmación de su 'gran complementariedad'.

La posición más esquizofrénica en este lío de relaciones, como no podía ser de otra manera, ha correspondido a British Airways. De acuerdo con el manual del buen polígamo, el operador británico ha intentado justificar la idoneidad de su comportamiento, tanto ante su antiguo socio, como frente a su nueva conquista.

La aerolínea británica ha contratado en España un conocido despacho de relaciones públicas que durante toda la semana pasada desplegó una frenética actividad frente a los medios de comunicación. En su intento por convencer a la opinión pública y a la propia Iberia de que su acuerdo con Qantas no supone menoscabo para su plan de boda con Iberia, fue el mencionado despacho quien primero dio a conocer y explotó las declaraciones conciliadoras de Conte en Londres.

Vista desde la distancia, la decisión de British de abrir negociaciones con Qantas significa el fin objetivo de su intento de fusión con Iberia. Un acuerdo de integración a tres, y sin un pacto inicial entre todas las partes, es misión imposible.

Es interesante echar la vista atrás y recordar que hace un año British Airways formaba parte de un consorcio liderado por el fondo estadounidense TPG que aspiraba a tomar el 100% del capital de Iberia. La oferta fue rechazada y seis meses más tarde, en julio, la compañía británica volvió a escena con un plan para fusionarse con la española. Ahora la integración se proponía sobre una ecuación de canje en la que los dueños de Iberia podrían tomar el 35% de las acciones de la empresa resultante, mientras que los propietarios de British Airways se quedaría con el 65% restante.

Desde entonces, la crisis económica, el desplome de las bolsas y la creciente incertidumbre sobre el fondo de pensiones de los empleados de la británica, han soplado en favor de Iberia. La aerolínea española se atreve ya a pedir una fusión paritaria.

Sea por esta deriva negativa o por cualquier otro motivo, la decisión de British de torpedear su integración con Iberia llega en un momento en el que los competidores aéreos de Iberia y British (juntas o por separado) vuelan ya a muchas millas de distancia y siempre por delante.

Lufthansa anunció el pasado martes la adquisición del 41% de Austrian Airlines a golpe de talonario y es cada día más grande. Entre enero y noviembre ha reportado un crecimiento de sus pasajeros en más de un 13%.

La aprobación del expediente de regulación de empleo de Spanair ha quedado reducida en 626 empleos, prácticamente a la mitad de lo que se preveía. De esta manera es más que probable que el principal aliado de la alemana en España, Spanair, siga teniendo una importante actividad, siempre en favor de sus socios en Star Alliance.

El grupo aéreo formado por Air France y KLM explota con éxito desde hace cuatro años el mismo modelo de sinergias que pretenden construir ahora Iberia y British. Desde hace meses siguen de cerca la evolución de la crisis de Alitalia para incorporar sus restos a su imbatible proyecto.

Iberia y British Airways han llegado demasiado tarde a la fiesta de la consolidación y aún se permiten el lujo de andar tonteando. A su fusión ya se le ha pasado el arroz.