COLUMNA

Savia nueva para Obama

El nuevo equipo económico de Barack Obama llega con nuevas competencias. Pero sus puntos de vista centristas han consternado a los votantes liberales de Obama. Y dando a Larry Summers la oportunidad de competir por la influencia que deje el secretario del Tesoro, Tim Geithner, su antiguo aprendiz, será necesario que Obama maneje la situación y controle al grupo.

La elección de Geithner como secretario del Tesoro y Summers para coordinar su política económica coloca a dos expertos en gestión de crisis en dos áreas importantes. De hecho, cuando Summers fue diputado y más tarde secretario del Tesoro con Bill Clinton, Geithner trabajó para él y su aportación fue fundamental en la refundación financiera de finales de los noventa.

Mientras tanto, al elegir a la economista de Bekerley Christina Romer como su asesora económica superior, Obama ha optado por una experta fiscal y monetaria con respuestas contra la recesión.

Tanto Geithner como Summers son -a grandes rasgos- centristas pragmáticos antes que liberales a gastos pagados. Por su parte, Romer ha criticado las respuestas del New Deal a la Gran Depresión. Esas inclinaciones eran razonablemente buenas para la disciplina fiscal de otro tiempo, pero puede que no sienten bien a los votantes de Obama que esperan un estímulo fiscal. Summers también tiene la mancha de haber apoyado la agenda de desregulación financiera de Robert Rubin, que es mal vista ahora.

Dejando a un lado el campo político minado, colocar a Summers en un cargo como el del CEN representa un cambio de dirección. El CEN es un órgano de coordinación de políticas diseñado por Clinton para Rubin en 1993. Su influencia ha caído un tanto los últimos años. El combativo Summers podría competir en influencia con Geithner, lo que complica el trabajo de este último.

Obama también tiene que caminar por una fina cuerda con la Reserva Federal. Ben Bernanke es presidente hasta enero de 2010, pero los rumores ponen en duda su futuro. Hay quien habla del ex jefe de la Fed Paul Volcker; otros dicen que Summers va a intentar pescar ese puesto en 2010, si no antes. Tales rumores bombardean a Bernanke en un momento crítico. Obama debe sofocar el fuego con una declaración de apoyo a Bernake o establecer un plan de sucesión. Obama dirigió su campaña con una notable disciplina y para evitar las luchas intestinas -entre sus partidarios y dentro de su equipo económico- también tendrá que tomar el control de sus políticas económicas. Por Dwight Cass

Dividendos en paz

La paz puede recomponerse en la controversia entre las empresas y el Gobierno británico sobre las tasas exteriores. La supresión, esta semana, de los impuestos a los beneficios en el extranjero es un cambio histórico. Pero deja el trabajo serio sin hacer y el gesto no evita del todo las amenazas empresariales de migrar a climas con tasas más bajas.

La fiscalidad de los dividendos extranjeros forma parte de un enfoque centenario que trató de abarcar la totalidad de los ingresos obtenidos por las empresas del Reino Unido y convertir al país en un policía fiscal a nivel mundial. Las sucesivas excepciones al esquema hacen que su adhesión sea cada vez más compleja y costosa.

El enfoque, recogido por el Gobierno británico en un documento debatido el año pasado, distingue entre 'ingresos activos', fundamentalmente los dividendos extranjeros, y 'pasivos', tales como royalties. Sin embargo, esa distinción nunca ha sido incontestable. Además, ha creado problemas para las empresas, por ejemplo, para las farmacéuticas, que cuentan con importantes ingresos del exterior sobre propiedad intelectual.

Las dos últimas propuestas del Gobierno consiguen, primero, que suprimiendo la tributación de los dividendos extranjeros se elimina un largo litigio -en particular con las multinacionales- y ofrece algo a las grandes empresas de cara a un Presupuesto que siempre les ignora. El costo es bajo, quizá 275 millones de libras al año frente a los 1.000 millones que estimó anteriormente el Tesoro. En segundo lugar, las propuestas empiezan a cambiar el énfasis sobre la política impositiva desde la globalidad hacia la base fiscal del Reino Unido. En esta línea está la limitación de deducciones sobre gastos financieros, y se abre una consulta de dos años sobre ingresos pasivos, en la que el Gobierno se mostrará más flexible.

La clave está en proteger la base imponible del Reino Unido. Esa es una tarea difícil. Pero no hay ninguna justificación para que las empresas busquen domicilios extranjeros, mientras dure la consulta. Por Michael Prest