Nadie dijo que fuese un camino de rosas

Nuño Rodrigo

La ampliación de capital anunciada por Santander ha castigado tanto en Bolsa a BBVA como al propio banco. Esa es la principal lectura, más relevante que la evolución en Bolsa de Santander, que su propia necesidad de captar fondos o que hace menos de una semana dijese que apelar al mercado no estaba en sus planes.

No porque BBVA sea un banco con problemas, sino porque su evolución en Bolsa refleja el sentimiento de mercado: La prioridad de los bancos es cuidar su balance, y tarde o temprano, en mayor o menor medida, el accionista lo acabará notando aun cuando no haya dado cuenta de activos tóxicos en su balance.

Se puede argumentar que tal entidad -BBVA es sólo un ejemplo- no necesita ampliación. Da igual; el mercado, hoy, opina otra cosa. Se puede equivocar pero, como decía Keynes, puede hacerlo durante más tiempo del que uno puede permanecer solvente. Es por eso que los bajísimos precios alcanzados por las acciones o la relativa elegancia con la que ciertas entidades han conseguido navegar la tormenta son anécdotas, pequeñas victorias en un mundo donde el mercado arrasa con todo. Quizá no haya más ampliaciones de capital en unos meses, quién sabe, pero el mercado va a actuar como si la ampliación fuese inminente.

Incluso dejando aparte que la volatilidad del mercado es una fuerza incontrolable capaz de cualquier cosa, lo cierto es que la salida de la crisis crediticia es cualquier cosa menos sencilla. En el mejor de los escenarios, el de la normalización paulatina, periódicamente saltarán al mercado malas noticias, o al menos noticias de mala digestión como es el caso de la ampliación de Santander. Revisiones a la baja de beneficios, reducciones de dividendo, reestructuraciones de deuda...

Es obvio que la Bolsa está barata, pero pensar que eso es condición suficiente para la salida del agujero es un acto de voluntarismo. Saldrá, pero no será ni mucho menos un camino de rosas.

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