COLUMNA

Santander, no tan diferente

Los españoles tienen un dicho: 'España es diferente', pero su mayor banco no parece ser tan diferente después de todo. Como muchos otros bancos europeos, Santander ha dado un giro de 180 grados respecto a su capital. Hace unos días, Alfredo Saez, su consejero delegado, dijo que no necesitaban más capital. Pero ayer anunciaron una ampliación de 7.200 millones de euros con una profundo descuento en una emisión con derechos de suscripción preferente.

El cambio refleja el creciente nerviosismo de los inversores sobre la capitalización del banco. El ratio core Tier 1 estaba a finales de septiembre en el 6,3%, pero ha caída por debajo del 6% tras la absorción de sus recientes adquisiciones.

Santander podría haber aumentado orgánicamente su capital con beneficios. Quizá hubiese sido lo adecuado para los estándares clásicos de hace poco, especialmente para un banco comercial con mínima exposición a activos tóxicos subprime. Pero el baremo se ha movido, y Santander despertó tarde al sentimiento de cambio. La emisión con derechos de suscripción preferente elevará el ratio a un más confortable 7%.

El giro puede afectar a la confianza y generar suspicacia en los inversores. Santander insiste en que no tiene cadáveres en el armario, ni que estén planeando nuevas adquisiciones. Pero los accionistas ahora son, probablemente, más escépticos sobre lo que dice el equipo directivo del valor de los títulos.

Santander ofrece las acciones con una descuento del 46%. Sin embargo, el banco todavía aparenta estar mejor que otros competidores. No está pidiendo capital estatal, y el dividendo de la entidad parece estar asegurado para 2009. Su enfoque de 'suscríbalo usted mismo' es también más amigable para los accionistas que la búsqueda del capital en los mercados llevada a cabo por otros bancos. Credit Suisse diluyó el valor del accionista y emitió acciones preferentes muy caras para inversores de Oriente Medio. Barclays hizo lo mismo incluso pagando un precio mayor.

Además, al ceder finalmente a la demanda del mercado de incrementar capital, Santander ha desviado la presión hacia los todavía bancos objetores a l a recapitalización. Deustche Bank, BBVA e instituciones italianas se muestran testarudos en no seguir este camino. Como hacía Santander, todos ellos claman por ser diferentes. Pero este discurso se ve cada vez menos como una opción realista. Por Fiona Maharg-Bravo

A por ello

La crisis crediticia no está bajo control. A pesar de los esfuerzos mundiales para recapitalizar el sistema financiero, el crédito sigue siendo escaso. Los Gobiernos deben emprender acciones más directas para frenar la espiral descendente: recortes de impuestos y, en algunos países, aumento de gasto.

Algunos de los desapalancamientos son saludables. Una leve recesión que ayudara a reequilibrar la economía mundial sería bienvenida. Sin embargo, víctimas como los hedge funds y los oligarcas con exceso de apalancamiento no son los únicos que sufren. Los problemas de crédito están recortando músculo económico: comercio e inversión de capital.

Algo hay que hacer para evitar que la recesión se convierta en depresión. Hasta el momento, la ofensiva contra el desapalancamiento ha rellenado a los bancos con capital que roza los tipos de interés oficiales. Pero se necesitan más medidas para que los bancos presten a los clientes. Y las autoridades están decididas a abrir un segundo frente. China gastará 600.000 millones de dólares y otros Gobiernos hablan de programas de estímulo fiscal, por el 2%-5% del PIB.

El objetivo debe ser doble. Primero, captar dinero para la economía. Si las empresas y las familias no pueden pedir préstamos, los Gobiernos lo deben hacer por ellos. El dinero puede ser redirigido hacia el sector privado para mantener la inversión y el consumo. En segundo lugar, para reducir el temor. La perspectiva de quiebras empresariales ha erosionado la confianza. Cuando demasiadas empresas e individuos se aprietan el cinturón, el resultado es un desastre colectivo. El Gobierno ofrece un estímulo para frenar la prudencia colectiva.

Los planes serán más eficaces si se coordinan. Los proyectos de obras públicas, típicos en la depresión de 1930, tiene sentido en China, con lagunas en infraestructura y mano de obra disponible. En países más ricos, es difícil convertir los excedentes de la banca de inversión en construcción de carreteras. Es preferible recortes de impuestos, trabajar con rapidez y minimizar los riegos.

La injerencia fiscal es arriesgada. Los recortes de impuestos de ahora traerán consecuencias que frenarán el el crecimiento más tarde, como aumentos de impuestos o alta inflación. Y muchos Gobiernos soportan, además, la pesada carga de su deuda. Pero no actuar ahora es aún más arriesgado. Por Edward Hadas