COLUMNA

Nuevos vientos en Swiss Re

Swiss Re se está doblando con los huracanes. Las tormentas financieras han costado a la mayor reaseguradora del mundo grandes pérdidas en inversiones. Y los huracanes reales también. Como resultado, la compañía sufre las primeras pérdidas trimestrales en casi seis años. Quizá vengan más tormentas, pero el negocio se avecina es tan sólido como el Matterhorn (montaña de los Alpes).

La reaseguradora amortizó 379 millones de euros por pérdidas en inversiones en el tercer trimestre. También reportó pérdidas de 191 millones en sus CDS (credit default swaps). Juntos, suponen que las pérdidas del año se vayan a 1.855 millones en su negocio de servicios financieros.

Las catástrofes naturales son sus grandes males. Las reclamaciones netas por el huracán Ike en EE UU probablemente aumenten a 243 millones de euros sobre los 192 millones iniciales. Añadido el huracán Gustav, las reclamaciones netas por huracanes en el negocio de daños en propiedad y accidentes totaliza los 281 millones. El negocio de vida y salud también se ha resentido por las reclamaciones inusualmente altas en EE UU.

Los 201 millones de pérdidas netas totales en el trimestre sorprendieron al mercado que esperaba un modesto beneficio. Pero Swiss Re está tomando ya acciones evasivas. En la parte de la inversión, el valor de sus derivados en bonos corporativos con cobertura es mayor que la cartera de 21.060 millones de su valor de mercado -teóricamente recortando su exposición a cero-. Más de la mitad de los 132.000 millones de la cartera total de la inversión está en cash, inversiones a corto plazo, bonos y letras de Gobiernos.

En la parte del seguro, Swiss Re está tomando medidas sobre los precios y apartándose de los negocios con márgenes más bajos. Incluso piensa que los márgenes deberían empezar a mejorar cuando los clientes contraten más reaseguros en momentos difíciles. Los 4.900 millones en primas brutas suscritas en el trimestre fueron solamente un 1% menor que el mismo periodo de 2007. Y a pesar de las pérdidas del tercer trimestre, el beneficio neto para los nuevos primeros meses es todavía de 585 millones de euros.

Son posibles más contratiempos. Pero la posición continúa sólida y cuenta con exceso de capital -para mantener un rating AA- de entre 3.312 y 3.643 millones de euros. La suspensión del programa de recompra de acciones le ayudará a mantener el necesario colchón de capital. Por Michael Prest

La nueva Shell

Royal Dutch Shell solía ser descrita como una empresa binacional de delicado equilibrio. Pero cuando la petrolera anglo-holandesa se hundió en la debacle petrolera de 2004, empezó a ser vista como un monstruo de dos cabezas. Cuatro años después de la fusión, la empresa ya no parece tan holandesa. Ni tan especialmente británica. Bienvenido sea el cambio.

En el momento de la fusión hubo temor en los Países Bajos de que el poder navegara a través del mar del Norte hasta Londres. Pero la estructura final enarbolaba ciertas concesiones para disipar esos temores. No sólo la oficina central estaba en Ámsterdam, sino que también el presidente y el consejero delegado eran holandeses. Ya no. Un suizo, Peter Voser, está listo para sustituir al consejero delegado Jeroen van der Veer. El presidente, Jorma Ollila, es finlandés. Al igual que sus colegas del gigante anglo-holandés Unilever -con un presidente sueco y un director ejecutivo francés-, Royal Dutch Shell tiene un perfil totalmente global en su cúpula. Holandeses y británicos están a la par en los puestos de dirección, pero ya representan menos de la mitad del total.

Shell se ha convertido en una compañía más británica en un aspecto. Los propios británicos poseen una proporción de la empresa mayor hoy día que hace cuatro años. En 2004, alrededor del 10% de las acciones combinadas eran de propiedad holandesa, frente a alrededor de un tercio de inversores británicos. Hoy, los holandeses hablan por menos del 2% y los británicos poseen alrededor del 45%, en estimaciones de Thomson Banker. Una razón para el aumento de la inversión británica es la unificación de compañías que ha convertido a Shell en una de las grandes del FTSE100, generando demanda extra gracias al índice de seguimiento de fondos.

Después de todo, el que haya más británicos en la lista de accionistas no parece algo negativo. Son puristas de la gestión empresarial internacional y sus perspectivas. No distinto a la nueva Shell. Por Fiona Maharg-Bravo