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El punto G del orden internacional

España ha descubierto la importancia del punto G internacional y quiere empezar a disfrutarlo cuanto antes. El 15 de noviembre, en Washington, a ser posible. Pero ¿hay sitio en la mesa de negociación para tanto blanco, rico, occidental y cristiano (broc)?

Bush, Merkel, Sarkozy. Más Brown y Berlusconi. Y Trichet. Y Straus-Khan. Y, por qué no, Barroso, en nombre de la Comisión Europea, aunque él mismo repita una y otra vez que su organismo apenas tiene competencias para enfrentarse a la crisis financiera. Pronto, hasta Platini pedirá un sitio para que los intereses del fútbol europeo no queden relegados.

Y entre tanto blanco, rico, occidental y cristiano (broc), cómo no va a abrirse un hueco Rodríguez Zapatero. Todos a Washington. A refundar el orden internacional, para que siga siendo mucho broc y poco BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

Porque los broc dominan abrumadoramente las instituciones multilaterales y ese es uno de los motivos de la falta de legitimidad del actual orden internacional. Como se señala en The EU and the Governance of Globalisation (2006), un estudio del centro de pensamiento Bruegel, con sede en Bruselas, los países de la Unión Europea copan una cuota importantísima de poder en todos los organismos internacionales. El 57,1% de los votos en el G-7. El 33,6% en el FMI y el Banco Mundial. Y hasta en el G-20, que se suponía el foro abierto a africanos y asiáticos, las sillas europeas son el 25%. En organizaciones especializadas como la Agencia Internacional de la Energía el control llega hasta el 65,4%.

La economía del siglo XXI, recuerda el informe de Bruegel, tiene poco que ver con la de finales del siglo XX, cuando la mitad de población mundial vivía en regímenes autárquicos (Unión Soviética, China e India). Y mucho menos con la posterior a la segunda Guerra Mundial. A pesar de ello, las instituciones multilaterales se han mantenido casi inmutables. Y lógicamente han perdido peso y autoridad en un mundo que ya no es el que las vio nacer.

Europa quiere enmendar esa situación y recuperar la credibilidad del orden internacional aprovechando la retirada del poder de uno de sus mayores detractores: George W. Bush. Por eso defenderá en Washington un mayor espacio para los países emergentes en las renovadas instituciones multilaterales, según las conclusiones que aprobarán mañana martes (4 nov.) los ministros de Economía y Finanzas de la UE. Pero si lo hace acaparando la mesa de negociación, el nuevo orden nacerá tan caduco como el que pretende sustituir. Si la UE, o al menos la zona Euro, acudieran con una sola voz, liberarían de golpe tres o cuatro sillas. Y esa sería, tal vez, su mejor contribución para una G más equilibrada, duradera y abierta al disfrute de todos.

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