Hacia un nuevo orden financiero

Un lustro virtuoso amenazado por la crisis

Latinoamérica afronta el mal momento más protegida que nunca, pero agobiada por la caída de las materias primas y la falta de crédito.

Si hubiera que elegir una región del globo que represente la bonanza económica de los últimos años, es probable que sea América Latina. China sigue destacando por sus impresionantes niveles de crecimiento, pero su acelerado desarrollo viene de más atrás. Donde se ha apreciado un cambio más rápido es en la mayoría de los países entre el Río Bravo y la Patagonia. Desde los gobiernos socialdemócratas de Brasil y Chile hasta los más conservadores de México o Colombia, pasando incluso por el populista de Venezuela, la región ha disfrutado de un lustro feliz, al compás del crecimiento global, del encarecimiento de las materias primas y del esfuerzo por lograr marcos macroeconómicos saneados.

Lamentablemente, la crisis financiera que estalló hace más de un año y que se ha recrudecido hasta límites insospechados a la vuelta del verano no va a dejar a nadie al margen. Frente a anteriores crisis globales o regionales, América Latina (con su evidente diversidad) disfruta en general de un escudo protector inimaginable en otros tiempos, pero, como cualquiera, insuficiente para salir indemne del vendaval.

Las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional, publicadas este mes, son concluyentes: después de crecer un 5,5% y un 5,6% en los dos últimos años, el PIB de la región avanzará un 4,6% durante 2008, y sólo un 3,2% en el próximo ejercicio.

Los principales argumentos que avalan el empeoramiento de las expectativas se centran en el deterioro de las exportaciones (sincronizado con la menor demanda de Estados Unidos y Europa), las dificultades de acceso a la financiación y la brusca bajada del precio de la mayoría de las materias primas. A ello debe unirse el hecho de que las políticas monetarias no tienen mucho margen para aligerarse, a la vista del resurgimiento de tensiones inflacionistas en la mayor parte de la región: el índice de precios de consumo medio se situó en agosto en el 8%, un nivel desconocido durante los últimos cinco años de bonanza económica.

La brusca desaceleración mundial ya está afectando de forma significativa la cotización de las principales materias primas. Baste recordar que el precio del petróleo ha caído desde casi 150 dólares a menos de la mitad en apenas cuatro meses. El impacto será cruel con un país extremadamente dependiente del oro negro como Venezuela, cuyo crecimiento puede caer desde el 8,4%, el año pasado, al 2%, en 2009. Otros países con reservas, como México, se plantean reformas en el sector de la energía para reforzar sus posiciones futuras. Pero no sólo el oro negro se encuentra en caída libre. Otras materias primas siguen una evolución similar, cuestionando la estabilidad fiscal inmediata de numerosos países de la zona. Algunos han hecho los deberes en tiempos de vacas gordas en forma de ahorro de fondos, pero esa es la excepción más que la regla.

Empeoramiento del saldo corriente

La reducción del maná de las materias primas y la menor demanda exterior llevarán, según el FMI, a que la región vuelva a experimentar déficits por cuenta corriente este año y el próximo, si bien, entre los grandes países de la zona, sólo en México superará el 2% del PIB. Más grave es la evolución esperada para otros países de América Central: según el organismo multilateral, tanto el desequilibrio exterior como la inflación se pueden acercar a los dos dígitos en los próximos meses.

Sea como fuere, no cabe despreciar los esfuerzos desarrollados por la mayoría de los gobiernos del cono sur durante los últimos años. Buena parte de los países mantienen altos niveles de reservas, y cuentan con bancos centrales independientes y tipos de cambio flotantes que otorgan flexibilidad para afrontar la crisis. La incidencia de ésta dependerá en buena medida de su duración y del comportamiento de las principales potencias mundiales, aunque cabe esperar que los gobiernos latinoamericanos mantengan la senda de responsabilidad imperante.

Los países con mayor presencia española

Argentina teme al fantasma del corralito

La decisión del Gobierno de Cristina Kirchner de nacionalizar las pensiones privadas está pendiente de convalidación parlamentaria, pero ha avivado el fantasma del corralito sufrido a principios de década. En el plano macro, el parón económico previsto por el FMI es notable: de crecer un 8,7% el año pasado, a hacerlo un 3,6% en 2009. Ayer, el Banco Central recortó en medio punto su previsión para 2008, hasta el 6%. Mientras, la inflación puede retornar a niveles de dos dígitos.

México, ante su dependencia de Estados Unidos

Aunque ha logrado situarse como la novena economía del mundo por paridad de poder de compra, México sigue dependiendo de su vecino del norte. Las exportaciones ya empezaron a sufrir el año pasado el deterioro económico de Estados Unidos. Ese impacto será mayor este año, en el que el debilitamiento de la actividad recortará las remesas, lo que puede llevar el crecimiento del PIB a un 2,1%, y al 1,8% en 2009. El ambicioso plan de infraestructuras puede mitigar el frenazo.

El FMI espera un frenazo moderado en Brasil

Una de las potencias emergentes agrupadas en los Brics, Brasil ha vivido los últimos años de desarrollo en medio de la obsesión gubernamental por reducir la pobreza. Los tiempos de vacas flacas han llegado, pero el FMI cree que el frenazo brasileño será menos acusado que en otros países. Así, el PIB podría crecer todavía un 3,5% el año que viene, frente al 5,4% logrado el año pasado. La undécima potencia económica mundial se ganó hace pocos meses la calificación de 'grado de inversión'.

Chile se enfrenta al reto de un cobre más barato

Quizá el mayor ejemplo de éxito entre las economías latinoamericanas sea Chile, que goza de un nivel de desarrollo notable para los estándares regionales. La caída de la cotización del cobre, primera fuente de ingresos del país, supone un reto adicional a la crisis financiera, pero buena parte de los excedentes de años anteriores se encuentra en un fondo que ahora servirá de colchón. El FMI espera que el PIB crezca un 3,8% el año que viene, frente al 5,1% de 2007.

Tres vías a medir ante la dificultad

Además de por el crecimiento económico, el último lustro ha marcado a América Latina por la definición de grupos de países diferenciados por su color político. Los más 'ortodoxos' con las normas del consenso de Washington de la década pasada son el Gobierno mexicano de Felipe Calderón y el colombiano de Álvaro Uribe. El segundo grupo, apegado a los principios de estabilidad macroeconómica, está liderado por el Brasil de Lula da Silva y el Chile de Michelle Bachelet. En el extremo más heterodoxo se sitúan los movimientos indigenistas y neosocialistas de Venezuela (Hugo Chávez), Bolivia (Evo Morales) y Ecuador (Fernando Correa), que mantienen reglas de mercado aunque han recurrido a intervenciones económicas poco apreciadas por los inversores extranjeros. En los años de bonanza, los tres modelos han funcionado en mayor o menor medida; queda por ver su reacción ante la fase baja del ciclo.