El líder que necesita el mundo

La prestigiosa revista The New Yorker siempre ha tenido una orientación demócrata, pero esta semana ha dado un paso más allá. Sus editores han cargado las tintas y se han mojado pidiendo el voto decididamente para Barack Obama. Estados Unidos, pero el resto del mundo también, necesita del liderazgo de alguien que pueda gestionar la mayor crisis económica que se recuerda y pueda establecer lazos y alianzas internacionales sin odio. Y ese hombre parece ser que es el candidato demócrata. Dice la citada publicación que es la mejor opción a gobernar EE UU. Entre las razones que arguye está el color de su piel, esa mezcla étnica, que le ayuda a pasearse cómodamente por el resto del mundo. No olvidemos que el siglo XXI llevará consigo el fin de las fronteras y que la diversidad es lo que nos enriquecerá a todos. En un momento de calamidad económica, cuando EE UU ya copia las recetas para aliviar la crisis que se deciden en Europa, se requiere un líder capaz de apartar las interferencias que se cruzan en su camino y centrarse en lo que verdaderamente importa. Urge un cambio, encabezado por alguien que les haga soñar sin perder de vista la realidad, pero a la vez que tome en serio que el mundo es cada vez más calamitoso, y que su función no es agravarlo aún más sino trabajar para suavizar la situación. Por ello, los estadounidenses, al margen del color de la piel, deben elegir a un líder con temperamento, intelecto y sensibilidad acorde para afrontar la complejidad de una situación mundial cada vez más convulsa. 'That leader?s name is Barack Obama', concluye la revista. Si es elegido presidente el 4 de noviembre será cuando se vea su auténtica talla de líder. Se dice que es en momentos de crisis cuando se ve el verdadero liderazgo de un gestor. Con un horizonte de crisis a largo plazo, tiempo va a tener el próximo presidente de Estados Unidos de demostrar estas habilidades. Precisamente ha sido la actual crisis global la que ha salvado a Gordon Brown. El primer ministro británico estaba desahuciado como político. La bonanza le llevó al relajo y ahora con el agua al cuello ha lanzado una serie de medidas económicas para capitalizar los bancos. Todo un éxito internacional, imitado por otros países. Otra crisis de corte distinta: el 11-S salvó de la quema al entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, que lideró la tragedia. Esperemos que Obama esté a la altura.