ANÁLISIS

Aceptamos pulpo como animal de compañía

Vale, aceptamos pulpo como animal de compañía'. Esta célebre frase, parte ya del imaginario colectivo, pertenece al anuncio de hace unos años de un juego de mesa, en el que el dueño amenazaba con llevarse el tablero a su casa si el resto de los jugadores no aceptaba sus reglas, que no eran, claro está, las que vienen en las instrucciones del juego en cuestión. Al final los jugadores tragaban con las nuevas reglas con tal de seguir jugando.

Esta semana, Rusia ha anunciado que está dispuesta a utilizar el dinero público procedente del sistema de pensiones y de su fondo soberano -enriquecido gracias al alza del petróleo- para evitar el desplome de su mercado de valores.

No es un caso aislado. China ha tomado iniciativas similares para evitar lo mismo y, al fin y al cabo, es lo que está haciendo Estados Unidos con las sucesivas intervenciones de los últimos meses. Cuando la Reserva Federal rebajó los tipos tres cuartos de punto de una tacada en marzo, tras el rescate de Bear Stearns, los inversores interpretaron que el Gobierno estadounidense no iba a dejar que los mercados se desplomasen. Las sucesivas actuaciones, incluido el rescate más reciente de las dos grandes hipotecarias, Freddie Mac y Fannie Mae, no dejan de ir en la misma dirección, con el agravante de que lo que se intenta sostener, aunque sea con alfileres, es el conjunto del sistema financiero.

Aunque probablemente inevitables, estas actuaciones no dejan de poner en tela de juicio todo el sistema predominante que se impuso tras la caída del muro de Berlín. Al fin y al cabo, los defensores a ultranza del capitalismo reinante abogan por la no intervención del Estado. Pero, a la vista de la situación, las reglas están para ser infringidas, y a riesgo de que se rompa el tablero habrá que guardar en el pupitre todas las convicciones ideológicas y dejar que se nos ayude a salir del atolladero, aunque el salvador sea un ente público, o lo que es lo mismo, los contribuyentes o los cotizantes.

De la resolución de la presente crisis debería salir un nuevo modelo financiero con unas reglas de juego más claras y estrictas. Porque el problema de fondo de toda la crisis crediticia ha sido precisamente la falta de supervisión, y el laissez faire, laissez passer ha degenerado en un modelo viciado que ha diseminado el riesgo por todo el sistema financiero. Dejar hacer, dejar pasar, sí. Pero reescribamos las reglas para que pulpo no valga como animal de compañía.