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Ricardo Fisas

'Prefiero ser director de orquesta a mandar'

Le encanta contar que no hay estrella que se pasee por Hollywood que no utilice sus tratamientos de belleza. Ricardo Fisas, barcelonés, de 79 años, contagia su pasión por el negocio, por la vida y por el relato de su propia historia. Pero sobre todo es un apasionado de su familia, con la que ha creado un negocio que tiene en el mercado más de 300 cremas, repartidas en 12 líneas de producto, que facturan 53 millones de euros al año.

¿Cuál es la clave del éxito que ha convertido a Natura Bissé en una de las firmas de cosmética de lujo más valoradas?

Creo que es fruto de nuestro trabajo y de nuestra particular manera de hacer las cosas. Cuando era joven me gustaba pintar al óleo y siempre hacía la firma del cuadro muy grande, hasta que un amigo me dijo que hiciera la firma pequeña porque, si a la gente le gusta el cuadro, se fijarán en la firma, y si no les gusta, no verán quién es el autor. Nosotros entramos en el mundo de la cosmética dando guerra, lo hemos revolucionado todo.

¿Qué es lo que han hecho diferente al resto de las firmas del sector?

Hemos trabajado duro para garantizar la calidad de los productos, la búsqueda continuada de fórmulas avanzadas, el mejor servicio y la respuesta más eficaz a la demanda de nuestros clientes. Hace ocho años me llamaron de la Embajada británica porque había una importante empresa en Londres, los almacenes Harrods, que tenían interés en tener nuestros productos en el establecimiento. Pregunté la razón por la que tenían tanto interés en vender nuestros productos y me contestaron que la señora Al Fayed la esposa del multimillonario Mohamed Al Fayed, propietario de Harrods era fan de nuestras cremas, que habitualmente compraba en Estados Unidos. Fue un gran éxito de ventas en Londres.

Oyéndole parece que conoce la fórmula del éxito, pero algún fracaso habrá tenido.

Claro que los hay. La empresa comenzó hace unos 30 años y, al principio, vendíamos fundamentalmente en el mercado profesional. Teníamos 6.000 salones de belleza con nuestros productos. Y en 1985 decidimos dar el salto a Estados Unidos con el fin de hacer lo mismo que ya habíamos hecho en España y que nos había funcionado. En cinco años perdimos medio millón de dólares porque no habíamos hecho bien el estudio de mercado, y es que en Estados Unidos, en aquella época, no había esteticistas. Juramos no volver allí, pero los clientes que nos habían probado nos decían que no nos fuéramos. Total, que decidimos entrar en este mercado a través de unos grandes almacenes. Al principio, fue difícil. En Dallas, por ejemplo, no sabían ni dónde estaba España. Cuando comenzábamos nadie nos avalaba, nadie quería comprometer su dinero particular, y siempre hemos sobrevivido.

¿Cómo una empresa familiar, no respaldada por el apoyo de una multinacional, puede conquistar un mercado como el estadounidense y posicionarse como una de las marcas de cosmética preferida por las estrellas de Hollywood?

Los americanos nos admiran, nos envidian y nos copian. La razón principal está en el producto, porque quien lo prueba se engancha y repite. Y las estrellas de Hollywood saben distinguir cuándo una crema es buena.

Además usted entró en este sector por casualidad, cuando se quedó en el paro.

A finales de los setenta, yo era un directivo de un laboratorio de investigación en Barcelona dedicado a hidrolizar proteínas para enriquecer los aditivos de los piensos de los animales. Me di cuenta de que las manos de los obreros eran muy femeninas y suaves. Y me pregunté qué componente era el que favorecía todo esto. Hicimos una prueba entre 500 personas y descubrimos que los hidrolizados, que contenían queratina, elastina y colágeno, tenían propiedades cosméticas. Pero sucedió que cuando estaba en plena investigación, una multinacional compró la compañía y la finiquitó. Con 50 años me encontré el papel del paro en la mano. Fue muy humillante.

Pero enseguida se le encendió la bombilla y decidió salir adelante.

Como Escarlata O'Hara, le dije a mi mujer Gloria Verges que nunca más iba a trabajar para nadie. Tenía cuatro hijos, pero no me daba miedo el cambio. Le dije a mi mujer que me ayudara a buscar un equipo de profesionales y yo me dedicaría a encontrar a los mejores químicos. Tenía la idea de seguir adelante con la investigación que ya había comenzado. Empecé el negocio con una inversión de 800.000 pesetas. El primer año no cobró ninguna de las ocho personas que comenzamos el negocio y a las que hice accionistas de la empresa. Cinco años más tarde facturaba 20 millones de pesetas y empezábamos a ver la luz. Ahora tengo a todos mis hijos trabajando en la empresa, que se ocupan sobre todo de la expansión internacional. Mi mujer me dice que deberíamos haber tenido algún hijo más. Nos hemos encontrado, sin quererlo, con el éxito y seguimos creciendo porque también hemos entrado en grandes perfumerías y crecemos con dos dígitos al año.

En poco tiempo han conseguido tener una marca con reputación.

En el fórum de marcas internacional nos encontramos entre las 80 principales marcas de España, pero nosotros lo hemos hecho al revés. Las empresas suelen triunfar primero en su país antes de lanzarse a la aventura internacional, mientras que nosotros conquistamos primero el mercado internacional.

Al tratarse de una empresa familiar, ¿tiene asegurada la sucesión o entra en los planes de la familia vender la compañía a una gran organización?

Hace dos años recibimos la oferta para comprarnos, pero no vendemos. Tenemos ya trabajando en la organización a la segunda generación y no hemos previsto desprendernos de ella. Yo he dejado mis funciones ejecutivas en manos de una de mis hijas. Tengo la sensación de que he dado un paso atrás y eso cuesta mucho asumirlo. Pero lo he dado con todas las consecuencias porque estoy convencido de que hay que dar paso a la juventud en las organizaciones.

¿Resolvieron la sucesión sin ningún trauma?

Cuando me planteé que yo debía ocuparme de otros asuntos, estar en la segunda fila, nos preguntamos quién iba a ser el líder en Natura Bissé. Se reunieron mis hijos y un yerno, y ellos mismos decidieron que sería mi hija Verónica la nueva directora general. Yo estuve de acuerdo con la decisión adoptada porque creo que mi hija está muy bien preparada y está dirigiendo la compañía con mucha decisión y aplomo. De todas formas, tenemos un protocolo familiar y estamos encantados.

Entonces, ¿cuál es su papel dentro de la empresa en estos momentos?

Siempre he tenido la virtud de rodearme de personas más inteligentes y preparadas que yo. Y yo creo que soy un buen director de orquesta. Lo prefiero a mandar. Lo que hay es que saber dejar a otros que hagan, y creo que eso he sabido hacerlo bien. He procurado que mis hijos se interesaran por el negocio, de manera que no quisieran marcharse a trabajar a otra compañía. Para retenerlos, además de que el proyecto les guste porque es innovador e interesante, les pago más de lo que cobrarían fuera. A mi hija Patricia encargada de la filial de Estados Unidos, para que no se me marchara a otro lado, le pagué un 20% más que la oferta del mercado.

¿Cuando surgen problemas interviene?

No. Cuando surge algún problema los dejo a ellos que lo resuelvan. Yo ya no debo meterme en esos asuntos. Es su obligación. Ellos tienen que tener, y la tienen, la capacidad suficiente para poder afrontar todos los inconvenientes que se presenten. Yo no apago fuegos. Puedo decir que actuamos como si fuéramos los siete magníficos, trabajamos en equipo y con consenso total, a pesar de que en ocasiones nos tiramos los trastos, pero hemos profesionalizado la gestión, sin perder el estilo familiar de la compañía.

En enero de 2009 abandona Natura Bissé.

Y me pregunto si voy a ser capaz de soportarlo. No tendré que ponerme la corbata, aunque voy a iniciar un proyecto muy bonito, a través de nuestra fundación. Me encargaré de recoger dinero para ofrecer microcréditos destinados a familias en Bolivia. Quiero devolver a las mujeres parte de lo que ellas nos han dado.

'Es bueno dejar que los hijos se equivoquen'

Le ha dado el mando a su hija Verónica Fisas con todas sus consecuencias. Incluso le ha cedido el despacho. El mensaje que quería transmitir era muy claro. 'Todo el mundo debía saber que la que manda es ella. Yo la apoyo en el día a día y la dejo hacer, equivocarse. Es bueno dejar que los hijos se equivoquen. Es la mejor manera de aprender'.Ricardo Fisas está tranquilo y compara Natura Bissé con un avión. 'El día que lo fundé es como si hubiera comprado una aeronave, y yo era el encargado de pilotarla. Enseñé, porque era mi obligación, a mis hijos a pilotar también porque han ido conmigo de copilotos y cuando se equivocaban en algo era yo el que rectificaba. Ahora me toca a mí ir en la cabina de pasajeros'. Ahí estará un tiempo. No tiene decidido si algún día se jubilará. No cree. Tiene mucho por hacer. 'El siguiente destino será la torre de control', dice con mucha sorna.

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