COLUMNA

'El andar del borracho'

El azar condiciona nuestras vidas y la de nuestras empresas. Conocer qué normas lo rigen es el objetivo de las leyes del azar y probabilidad, de la teoría de los juegos y de la estadística. Quien quiera leer tendencias y anticipar acontecimientos, encontrará en estas normas un valioso instrumento habitualmente desdeñado. A veces, la intuición humana yerra en su percepción de probabilidades. Quienes conocen esas debilidades han hecho fortuna en los juegos de dados o cartas, o - a veces casi da lo mismo- en los grandes movimientos especulativos de Bolsa o de materias primas.

A los interesados en la materia de cómo el azar gobierna nuestras vidas les recomiendo el libro de Leonard Mlodinow titulado El andar del borracho, que edita Crítica. Arranca con un análisis de los éxitos o fracasos en la industria del cine y pone como ejemplo la carrera de Sherry Lansing, máximo ejecutivo de la Paramount en una serie de años en los que los éxitos se le sucedieron. Forrrest Gump, Braveheart o Titanic, fueron ejemplos de su buen hacer, loado por todo Hollywood.

Sin embargo, de repente, su reputación se hundió y fue duramente criticado después de que la Paramount experimentara, según afirmó Variety, 'un largo periodo de bajo rendimiento en taquilla'. ¿Es que su talento se había evaporado, o es que las rachas de buena o mala suerte existen para un nivel de capacidad determinado? La evolución de la compañía demostró la segunda realidad. Lansing fue despedido, pero en los años siguientes, títulos por él contratados y producidos, como La Guerra de los Mundos, o El clan de los rompehuesos, llevaron a la compañía a gozar de nuevo de altos beneficios y cuota de pantalla. Moraleja, probablemente, Lansing no era tan divino al principio, cuando estaba entronizado, ni tan malo como para ser despedido.

No cabe duda que fue un hombre de gran talento, con una media muy alta de aciertos, pero sometido como todos a las leyes de la probabilidad. Es imposible acertar siempre. En gestión triunfan aquellos con mayor estadística de aciertos, o al menos aquellos cuyos aciertos proporcionan más beneficio que pérdidas sus errores. Lansing tuvo mala suerte al final, peor aún hubiera sido tenerla -como ocurre tantas veces- al principio. Grandes talentos se han malgastado por unos inicios erróneos. Y Mlodinow nos muestra un ejemplo de esta suerte inversa. Mark Canton fue despedido de la Columbia Pictures tras un mal arranque, habiendo dejado contratado los títulos que posteriormente enriquecerían a la compañía, como Men in Black, Air Force One o Anaconda.

Todos tenemos buenas o malas rachas, y es la media de nuestra trayectoria la que marca nuestro nivel de talento. Por eso, como decía Cela, 'el que resiste gana'. A largo plazo siempre terminan aflorando los frutos de nuestra capacidad. La estadística nos anima a huir de conclusiones tomadas por intervalos cortos; todo tiende siempre a la media, y empresa, esta media esta relacionada con el nivel del talento.

El libro, de fácil compresión, también nos narra la azarosa vida de los creadores de las leyes de la probabilidad, como Gerolamo Cardano -que escribió el clásico Libro sobre los juegos de azar-, DÁlembert, Galileo -Pensamientos sobre juegos de dados-, Fermat o Pascal. Desde sus descubrimientos hasta las actuales Leyes del Caos, la humanidad ha comenzado a comprender los secretos del azar.

El comportamiento humano, sobre todo a escala de grandes números, está más condicionado por las leyes del azar que por las de la racionalidad. Kahneman y Tversky demostraron repetidamente que el comportamiento de las personas no sólo es impredecible, sino que con frecuencia es irracional, pues actúa en contra de sus propios intereses. No es posible intuir el futuro en base a leyes deterministas o causales. El premio Nobel Born ya advirtió que el futuro responde más a las leyes del azar que a la causalidad.

Un último ejemplo que nos afecta. La Ley de Benford afirma que tendemos a utilizar más los números bajos de la decena que los altos. Así, si dejamos que un grupo de personas escriban cifras al azar, las terminadas en uno serán mucho más numerosas que las acabadas en nueve. Hacienda utiliza estadísticas cruzadas basadas en la Ley de Benford para detectar declaraciones de renta inventadas. Como ve, nadie está libre de las reglas del azar. ¡Buena suerte!