Finanzas

Lone Star compra IKB, primera víctima 'subprime'

Lone Star se ha convertido en el salvavidas del alemán IKB, el banco europeo que antes reconoció estar infectado por las hipotecas basura de Estados Unidos. Su propietario, el banco estatal KfW, ha aprobado la venta del 90,8% a un precio que finalmente no ha trascendido.

Lone Star compra IKB, primera víctima 'subprime'
Lone Star compra IKB, primera víctima 'subprime'

El primer banco europeo afectado la crisis subprime ya tiene nuevo propietario. El Banco Estatal de Crédito para la Reconstrucción y el Desarrollo (KfW) de Alemania ha vendido al inversor estadounidense Lone Star la participación del 90,8% en el Banco de Industria Alemán (IKB), a un precio que ninguna de las dos partes han querido desvelar.

La transacción, que podría cerrarse el próximo mes de octubre, tendrá que ser aprobada previamente por el consejo de administración del banco estatal, el supervisor alemán (BaFin) y la Comisión Europea. Sin embargo, según se desprende de una reunión del comité presidencial del consejo de administración de KfW, entre cuyos miembros se encontraban los ministros de Economía y Finanzas alemanes, no habrá demasiadas reticencias a la compra.

El grupo estadounidense se ha impuesto a la de su competidor RHJ International, la firma de inversión dirigida por Timothy Collins. Lone Star, acreditado en el sector por invertir los números rojos a negros de las compañías que toca, ha ganado la puja de IKB sin demasiados problemas.

El 'rating' de la entidad para la deuda a largo plazo podría bajar al nivel inferior de los bonos basura

La firma de inversión también acordó el mes pasado comprar obligaciones de deuda garantizada a Merrill Lynch por un total de 20.725 millones de euros, una quinta parte de su valor nominal. Y fue quien compró el banco Allgemeine Hypothekenbank Rheinboden en 2005 y lo redireccionó hasta volver a obtener beneficios el año pasado. Del mismo modo ha adquirido hipotecas morosas de bancos japoneses y surcoreanos.

Con el Banco de Industria Alemán también tendrá que hacer una ardua tarea. IKB perdió al cierre de su ejercicio, finalizado en marzo, 24 millones de euros, según cifras provisionales. En su primer trimestre de ejercicio fiscal, es decir, a finales de junio, sin embargo, anunció ya unas pérdidas de 500 millones de euros, aún así algo menos de lo inicialmente previsto (800 millones).

La crisis del IKB deja un lastre contable en los libros del banco estatal KfW de 7.200 millones de euros. El pasado febrero, KfW acordó con el supervisor una ampliación de capital de 1.250 millones, a la que luego se sumaron otras. El anuncio de la venta disparó ayer la cotización de IKB, a la espera de que Lone Star lance una oferta de adquisición obligatoria al resto de accionistas. Los títulos de IKB recuperaron un 7,8% en la sesión de ayer, y cerraron el día a 2,89 euros.

Los expertos pronostican que después de la venta, Moody's podría rebajar su calificación por debajo de los bonos basura (Baa3). Actualmente, el rating de IKB en los créditos a largo plazo y débitos se encuentra en Baa3, pero la deuda a largo plazo y el pasivo podría descender, según algunos expertos, a la calificación E, la más baja de la agencia estadounidense.

Un aniversario plagado de sobresaltos

Todo comenzó hace un año. IKB, el banco especializado en la financiación de pymes, anunciaba el 30 de julio de 2007 un beneficio inferior a lo esperado por la exposición a los títulos basados en hipotecas subprime. Entonces, las acciones de la entidad alemana se desplomaron en Bolsa y cayeron un 19,88% en una sola jornada.

Desde ese instante, los problemas se fueron adueñando del banco. A mediados de octubre del pasado año, dos directivos del IKB presentaron su dimisión tras las continuas revisiones de los beneficios. Markus Guthoff y Frank Braunsfeld abandonaban después de que dieran el visto bueno a la auditoría de PricewaterhouseCoopers, en donde se señalaba que había diversos puntos débiles en la gestión del riesgo. Entre ellos, la compra de cuantiosas inversiones en los créditos subprime de Estados Unidos, sin ningún tipo de control. El consejo admitió sus renuncias e inyectó entonces 3.500 millones de euros. Finalmente, la entidad ha terminado vendiéndose.