COLUMNA

La gestión de los recursos humanos

NUEVO ESCENARIO ECONóMICO El drástico declive de los indicadores económicas está propiciando un cambio de modelo que los autores analizan desde diversos ámbitos. El mercado laboral tiene otras prioridades, los inversores priman la seguridad frente a la realización personal y los gestores de fondos implementan nuevas estrategias de 'pricing'

Las circunstancias económicas han cambiado drásticamente. Estamos en el seno de una grave crisis de recorrido incierto, que modificará severamente las dinámicas del mercado de trabajo que hemos conocido durante estos últimos años. De un escenario de pleno empleo, pasaremos a uno de desempleo creciente. ¿Cómo tendrán que adaptarse las empresas? ¿Significa que lo que antes valía ahora ya no nos sirve? Pues de todo hay en la viña del Señor. La lucha por el talento continuará, aunque el enfoque de los responsables de personal va a verse obligado a cambiar.

Las prioridades del departamento de recursos humanos durante las épocas de bonanza fueron la atracción y fidelización del talento para la empresa. La rotación era muy alta, porque siempre parecía existir una mejor oportunidad para los jóvenes que formábamos. Ahora el paradigma será distinto. Las empresas tienen que recortar gastos e incrementar productividad, al tiempo que las oportunidades de empleo disminuirán. Eso significa que se valorará más el empleo que se disfruta y que la rotación disminuirá.

Desgraciadamente, vamos a vivir una etapa de despidos. Con mayor o menor intensidad, miles de empresas españolas -y no sólo del sector inmobiliario y asociadas- tendrán que desprenderse de parte de su plantilla. El área de recursos humanos deberá enfrentarse al duro trago de enviar al paro a muchos de sus trabajadores. No es nada agradable, pero es una responsabilidad ineludible de quienes se dedican a gestionar personas en el afanoso mundo laboral. En la empresa, como en la política, las personas y sus ideas se pueden englobar bajo el calificativo de halcones y palomas. Ambos son necesarios a largo plazo, y la tensión que generan entre ellos es positiva para el desarrollo de una sociedad.

Cada puesto de trabajo debe rendir a la empresa mucho más de lo que cuesta. Ese es el secreto del empleo y de la competitividad

En el seno de los departamentos se desatará una lucha por el poder. Hasta ahora los habían liderado las palomas. Competían a la hora de reclutar, hablaban de motivación, estímulos retributivos, salarios en especie y luchaban contra la alta rotación y por el compromiso. En las actuales circunstancias, los halcones ganarán peso. Su discurso convencerá a la dirección de la empresa, obsesionada en reducir gastos. Las palabras ajuste, reducción de todo tipo de costos -sobre todo de naturaleza representativa-, responsabilidad, esfuerzo y el apremio de los resultados serán las nuevas consignas de trabajo. Muchos responsables de recursos humanos serán capaces de adaptarse a los cambios. Otros caerán en el intento.

Cada puesto de trabajo debe rendir a la empresa mucho más de lo que cuesta. Ese es el secreto del empleo y de la competitividad. En época de bonanza, todos hemos cometido errores, y toca perder esa grasa que nos sobra. Ahora, más que nunca, las empresas deberán ser talentosas. Tiene talento quien realiza una actividad con especial brillantez. En estos momentos de caída de consumo y liquidez escasa, sólo podrán sobrevivir las empresas que sepan ofrecer productos o servicios adecuados, con costos muy ajustados. Y una empresa con talento es aquella que organiza eficazmente a los talentos adecuados. Seguirán resultando imprescindibles los profesionales que lo garanticen.

El mundo no se acaba. Tras la tormenta, regresará la calma. Desgraciadamente, algunas naves naufragarán en la tempestad. Debemos luchar porque no sean las nuestras. Decía Alan Greenspan, el que fuera todopoderoso director de la Reserva Federal de EE UU, que en economía se pasa necesariamente y sin solución de continuidad desde los estados de euforia a los de pánico, y desde los de pánico a la euforia. Puede ser que tenga razón. Ahora, desde luego, estamos entrando en pánico. Debemos mantener la cabeza fría para posibilitar la recuperación.

Las crisis siempre fueron el laboratorio de selección del ecosistema empresarial. Sólo los más capaces sobrevivirán. Es la dura ley de la naturaleza de la que no podemos sustraernos. Las grandes empresas del mañana se forjarán en estos tiempos de ajuste. Aprenderemos del sufrimiento. En épocas de bonanza todo es fácil. Ahora, en época de vacas flacas, es cuando se advierte la fortaleza de la organización.

La retribución debe orientarse hacia la productividad y los resultados de la empresa. Se deben reducir costes hasta donde nos sea posible y un poco más allá. No pasa nada por abandonar algunos de los programas en los que nos habíamos adentrado. Otras son las prioridades. Ahora, más que nunca, los de recursos humanos deben demostrar su talento.