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Muhammad Yunus

'La ayuda más eficiente es la que elude el control gubernamental'

El banquero de los pobres, padre de los microcréditos, explica el concepto de empresa social, reclama reformas en el gobierno global y propone formas más fructíferas de cooperar al desarrollo, centradas en la sociedad civil.

La academia Nobel le otorgó el galardón de la Paz 2006 junto al Banco Grameen, fundado por él mismo, 'por sus esfuerzos para crear desarrollo social y económico desde abajo'. También logró hace diez años el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1998. El hombre que más está contribuyendo a sacar de la pobreza a Bangladesh acaba de publicar Un mundo sin pobreza. Las empresas sociales y el futuro del capitalismo. La semana pasada pronunció una conferencia al respecto en la fundación Rafael del Pino.

En pocas palabras, ¿en qué consiste una empresa social?

Es una empresa que se mueve en el mercado y compite como cualquier otra, con lo que tiene incentivos de eficiencia. A medio plazo, devuelve el capital a los inversores, pero no beneficios, porque su objetivo es contribuir a una labor social, como reducir la pobreza o luchar contra una enfermedad. La ventaja sobre la filantropía es que el dinero se reinvierte y por tanto se puede reutilizar.

'El problema principal en la ayuda no es la cantidad de dinero, sino el destino que se le da'

'En la empresa social se reintegra el capital a los inversores, pero los beneficios se reinvierten'

Entonces, ¿están dirigidas a personas altruistas?

No se requiere gente especial ni caritativa. Puede haber motivaciones distintas. Una empresa puede desdoblar una filial social como parte de su política de responsabilidad social corporativa; también hay personas que ya tienen suficiente dinero y quieren que la gente la respete por otros motivos. Y, por supuesto, cabe todo el movimiento filantrópico que hoy se centra en las ONG.

¿No son posibles hasta ahora ese tipo de empresas?

El marco legal no favorece su creación. Se necesitan reformas, como crear un mercado de valores de empresas sociales. En él se compararían según su fin social concreto y sus resultados, para que los inversores pudiesen elegir.

¿Hay ejemplos de empresas sociales exitosas?

En el grupo Grameen tenemos muchas funcionando, y otras firmas se acercan a nosotros para saber cómo ir hacia ese modelo. Varias universidades en Francia y en California, y el MIT, imparten programas de empresa social. La última que creamos, Grameen-Danone, proveerá de yogures a los niños pobres. Hemos construido una fábrica, pero la crisis alimentaria dificulta el arranque. Aun a precios bajos, el yogur sigue siendo un bien de lujo para muchos.

¿Cómo se puede hacer frente a la crisis alimentaria?

A corto plazo, con mucho dinero para asegurar la próxima cosecha. Se debe elevar la participación de la agricultura dentro de la ayuda al desarrollo, que ha caído del 17% al 3%. A largo plazo, hay que invertir en innovación: El aumento de población, en paralelo con la reducción de tierras cultivables, requiere una revolución tecnológica.

Su país, Bangladesh, ha hecho enormes progresos en reducción de pobreza. ¿Cómo lo ha logrado?

Por una parte, gracias al sistema de microcréditos, que otorga iniciativa económica a personas que estaban apartadas del sistema. También gracias a los avances sociales, en la salud, el control de natalidad o el papel de la mujer. Ellas son las destinatarias de nuestros préstamos, porque tienden a invertir sus rendimientos en la familia y, por tanto, en el futuro. Bangladesh puede cumplir los Objetivos del Milenio de la ONU en 2015.

¿Hasta dónde se cumplirán esos objetivos en otras partes del mundo?

En buena parte de Asia, se cumplirá al menos el de reducir a la mitad la pobreza frente a 2000. En cambio, en África no ha habido avances significativos.

¿Es suficiente el dinero que se destina a la ayuda al desarrollo?

El problema principal no es la cantidad de dinero, sino el destino que se le da. Hasta ahora, el sistema funciona con un aporte de fondos de un gobierno a otro, pero es éste el que decide qué hacer con ellos. Eso da lugar a corrupción e ineficiencia. Hay que impulsar el camino de la sociedad civil, con empresas sociales que inviertan y gestionen servicios, como escuelas u hospitales. La ayuda más eficiente es la que elude el control gubernamental.

Muchos Gobiernos africanos se niegan a aceptar esas condiciones. ¿Cómo se puede progresar?

Empezando por los más colaboradores. Se trata de obtener resultados, para que poco a poco los demás venzan sus suspicacias y sean más receptivos.

En su país se reúnen cada semana 7,5 millones de titulares de microcréditos para discutir prioridades. ¿No sufren presiones políticas?

Desde luego. A los gobiernos suelen acusarles de corrupción, así que ellos hacen lo mismo con las empresas de Grameen. Nunca colaboran demasiado, pero nos las arreglamos sin ellos.

Nuevas normas de tráfico para la globalización

El creador de los microcréditos defiende la vigencia de la economía de mercado, aunque propone aprovecharla para fines no pecuniarios con el concepto de empresa social. No debe confundírsele como un antisistema: 'La globalización en sí misma no es mala, pero sin reglas los ricos y poderosos se imponen. Necesitamos unas reglas de tráfico justas, que no expulsen de la autopista a los países pobres. No tiene sentido que EE UU aplique a los textiles de Bangladesh el doble de aranceles que al Reino Unido. Por supuesto, es necesaria una policía de tráfico que vigile el cumplimiento de las reglas, de modo que los pobres puedan aprovecharse de las nuevas tecnologías. Así, una mujer que monta cestas en su casa de Bangladesh podrá venderlas en Europa, y hasta adaptar sus diseños a la demanda'.El banquero de los pobres no cree que la estructura surgida de Bretton Woods sea la idónea para este gobierno de la globalización: 'El mundo ha cambiado totalmente en los 63 años de existencia del FMI, la OMC (ex GATT) y el Banco Mundial. El enfoque de trabajo con gobiernos, basado en inversiones, es insuficiente. Es necesario dar a las personas medios para desarrollar su potencial'. Yunus afirma que lleva 30 años tratando de convencer a esos organismos de la necesidad de cambios, sin ningún éxito. Tampoco ha logrado apoyo de la Unión Europea: 'Aprecian nuestro trabajo con buenas palabras, pero no van más allá en los hechos'. Ni siquiera del Gobierno socialista español, tan volcado en elevar la ayuda al desarrollo.

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