EDITORIAL

Otra cumbre sin respuestas

La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE que terminó el viernes no dio respuesta a los dos grandes problemas que tenía encima de la mesa. Las soluciones al no de Irlanda al Tratado de Lisboa y a los problemas económicos por el alza del crudo tendrán que esperar, al menos, otros cuatro meses. Sin embargo, no ha supuesto una sorpresa, pues ni el uno ni el otro tienen una salida a corto plazo. De hecho, es probable que requieran más tiempo del que desearían los dirigentes europeos para encontrar fórmulas que satisfagan a todos los países.

Los 27 acudieron a Bruselas presionados por las protestas que vienen soportando de numerosos sectores. Transportistas, agricultores, taxistas o pescadores están llamando a sus puertas demandando medidas que les alivien de la factura energética. Sin embargo, el margen de maniobra de los Estados, y de la propia UE, es muy escaso y la única herramienta con la que cuentan, la reducción de impuestos, es un tabú intocable. Para todos, menos para Francia. Su presidente, Nicolas Sarkozy, se volvió a enfrentar a sus colegas solicitando que se modifique el IVA del gasóleo para evitar que suba al mismo ritmo que el barril de Brent.

Sin embargo, los sectores más afectados tendrán que seguir llamando a la puerta, pues la cumbre terminó sin ningún acuerdo tangible. La declaración final se limita a solicitar un informe, que debe estar listo en octubre, para plantear posibles medidas. Incluida la de rebajas en el IVA solicitada por Sarkozy. Sin embargo, es complicado que se apruebe un paquete de medidas coyunturales para hacer frente a la subida del petróleo. Como ha defendido Barroso, los europeos -ciudadanos y empresas- deberán acostumbrarse a convivir con unos carburantes caros. Y los Gobiernos tendrán que acordar fórmulas para reformar el modelo energético europeo incentivando el ahorro de los combustibles fósiles y el fortalecimiento de otras fuentes de energía. Quizá, también, la nuclear. El único acuerdo tangible en esta parcela es el mandato recibido por José Manuel Durão Barroso de que se reúna con las grandes petroleras mundiales para pedirles explicaciones por las subidas de precios. Una medida voluntariosa, y que se antoja poco práctica si lo que se pretende es que el petróleo se abarate. No se puede decir, pues, que la cumbre haya dado respuestas, ni esperanzas, a unos ciudadanos que miran a Bruselas cada vez con más recelo.

En este sentido, el resultado del referéndum irlandés es un claro precedente. Y tampoco aquí pudieron encontrar una salida y la decisión, nuevamente, fue una huida hacia delante. El Gobierno irlandés tiene cuatro meses para presentar un salida digna. Dublín ha prometido intentarlo. Pero tampoco ahí sirve el voluntarismo porque la República Checa se ha negado a comprometerse a ratificar el Tratado hasta que no se pronuncie su Tribunal Constitucional. El acuerdo de Lisboa, por tanto, continúa en serio peligro y su entrada en vigor sigue siendo una incertidumbre.

Por tanto, la cumbre de cierre del semestre de Eslovenia ha sido un puro trámite, por lo que se comprende la preocupación expresada por Sarkozy de que, si no hacen algo, quizá les cueste el puesto a alguno de los dirigentes comunitarios.