Imagen de España y democracia pública
Las exposiciones universales e internacionales han servido como escaparate de los grandes avances sociales y tecnológicos de la humanidad en los dos últimos siglos. La primera Expo tuvo lugar en Londres en 1851, y desde entonces se han celebrado casi un centenar, todas ellas reguladas por la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE), organización internacional con sede en París que cuenta en la actualidad con 140 países miembros.
Entre éstos, España ha mantenido siempre, ya desde los albores del movimiento expositivo, un significativo protagonismo, participando con pabellón propio en casi todas ellas y sirviendo de sede de las exposiciones internacionales de 1888 y 1929 en Barcelona y, sobre todo, de la Exposición Universal de Sevilla, Expo 92, que marcó un hito por su calidad, convirtiéndose en referencia de todas las Expos posteriores.
Desde la perspectiva que ofrecen 15 años de distancia, difícilmente puede discutirse la importancia de la Exposición Universal de Sevilla y su decisiva contribución, junto con los Juegos Olímpicos de Barcelona, a cambiar la imagen de España en el mundo, asociando creatividad con excelencia en la gestión.
Los beneficios de haber resuelto sobresalientemente ambos desafíos se tradujeron en impacto político y cultural, reforzando nuestro papel de 'país serio' y con derecho a voz propia en las relaciones internacionales, pero también han sido considerables desde una perspectiva económica, ayudando a nuestras empresas a abrir nuevos mercados y potenciando el valor de nuestros productos, conforme a ese concepto de marca-país que siempre ayuda a reforzar, sobre todo cuando es destacada, la participación en exposiciones internacionales.
La imagen con que un país es percibido en el mundo depende en buena medida de cómo se identifica y se singulariza ante otras naciones. Hoy día, participar en una exposición internacional constituye un formidable ejercicio global de diplomacia pública, competición pacífica y cooperación internacional. Consciente de ello y tras la experiencia de la Exposición Universal Hannover 2000 (Alemania), el Gobierno español decide crear en 2001 un organismo permanente encargado de este tipo de acontecimientos que permita aprovechar el know how existente: la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales (SEEI) que, en sus siete años de experiencia, ha presentado pabellones de España en dos exposiciones universales y tres exposiciones internacionales especializadas.
Resulta difícil transmitir la complejidad y el entusiasmo que despierta la concepción de un pabellón de España, desde la arquitectura a los contenidos, distintos para cada país, como cambiante es nuestra realidad cultural y económica; los programas de actividades que intentan presentar lo mejor de nuestra cultura y nuestro arte; el centenar largo de actos institucionales que suele albergar un pabellón por el que pasan los más altos representantes políticos internacionales y, por supuesto, nacionales, incluidas las comunidades autónomas a las que los pabellones de España han prestado siempre una atención preferente, conforme a su papel institucional.
Y por encima de todo ello, la responsabilidad de estar representando a nuestro país en una competición internacional, qué otra cosa es al fin y al cabo una Expo, en la que tan difícil resulta destacar entre tantos otros países participantes. En Zaragoza 2008 nuestro pabellón es, además, el del país anfitrión, un honor y un reto que esperamos poder resolver desde el lema de Ciencia y creatividad que expresan tanto la arquitectura como los contenidos que presentaremos. El edificio, obra del arquitecto navarro Patxi Mangado, combina materiales naturales y alta tecnología inspirados en el ecosistema que forman agua y bosque.
En cuanto a los ámbitos expositivos, cuentan la historia del agua, su papel en el origen de la vida y muy particularmente en España, de forma amena y a la vez rigurosa, recurriendo a las más avanzadas técnicas museísticas y audiovisuales. Tras Zaragoza, nuestro siguiente desafío se llama Shanghai, que albergará la Exposición Universal de 2010. Huelga resaltar la importancia económica del inmenso mercado chino y lo mucho que se juega el prestigio de España si conseguimos alcanzar un nivel de excelencia en tan importante cita. Y también el valor añadido que aportará a nuestras empresas que intentan abrirse un lugar en la economía emergente del siglo XXI.
El nivel de partida es bajo si atendemos a la imagen que de España reflejan los últimos estudios realizados en China, donde seguimos siendo conocidos como un país de toros, flamenco y fútbol. Pero lo verdaderamente importante es cuál será la percepción que tendrán de nosotros después de Shanghai 2010. Para ello, para que nuestra presencia en tan decisiva exposición universal marque un hito, como lo fue Sevilla 92 y lo será Expo Zaragoza 2008, trabajamos ya a toda máquina en la SEEI.
Javier Conde de Saro. Presidente de la Sociedad Estatal de Exposiciones Internacionales (SEEI)