Lealtad, 1

El que llega para patear a los heridos

Dice un viejo chiste del particular mundillo empresarial que el auditor es aquella persona que llega al campo de batalla y se dedica a patear a los heridos. Después de una crisis crediticia e inmobiliaria, con el precio de los alimentos disparado y el petróleo a 130 dólares, los banqueros centrales bien podrían pasar por algún tipo de sádico, hablando de subidas de tipos. Fue Trichet la semana pasada y Bernanke la actual, con la diferencia de que el estadounidense ha bajado los tipos varias veces desde septiembre y el francés no ha abierto el puño ni una sola vez.

Entre eso y el miedo a la crisis crediticia, el euríbor ha superado el 5,4%; es decir actualmente prestar el dinero al banco es uno de los usos más rentables que se le pueden dar. Y, al revés, todo aquel que deba dinero al banco sufrirá el efecto del dinero más caro. Desde el que paga hipoteca hasta la empresa que ha tirado de deuda para crecer; todos han de pagar un peaje, un impuesto que tiene su origen en los dos grandes problemas económicos de la actualidad; la crisis crediticia y la inflación desatada por los precios de las materias primas.

Conviene recordar de vez en cuando, de todas maneras, que en Europa el mandato del banquero central es la lucha contra la inflación, y que ésta es alta. O que en Estados Unidos los tipos están por los suelos. O que una política monetaria descontrolada termina pesando más, por la vía de los precios y la inestabilidad financiera, que una prudente. O que tanto la subida de los precios de las materias primas como el estallido de la burbuja crediticia son dos fenómenos cuya magnitud ha sido amplificada por la barra libre de la que ha disfrutado el sector financiero durante los últimos años. Con sus ventajas, que la desregulación las tiene y muchas, y los efectos secundarios que vemos estos días.

Probablemente una subida de tipos en Europa a corto plazo no sea la mejor de las ideas que han salido de la cabeza de Trichet. Queda por ver si se llevará a cabo, si bien el francés no suele pecar de lenguaraz. Pero, en todo caso, más que acusar a los banqueros centrales de llegar al campo de batalla para patear a los heridos, quepa señalar a algunos de ellos precisamente por haber contribuido, por la vía de la omisión, a evitar dicha batalla.