ANÁLISIS

Un adulador llamado Ginés

Durante cerca de cuatro años fue una de mis fuentes periodísticas. Los mejores sucesos, quiero decir los más lucidos, que cubrí para la sección local de El País, me los ofreció él, Ginés Jiménez. Recuerdo que un día, todavía no tenía yo una abultada agenda de contactos en el sector policial, recibí una llamada suya en la redacción en la que se ofrecía como fuente y para decirme que siempre que necesitara cualquier cosa que, por favor, le llamara. Así lo hice.

Cuando me tocaba a mí el turno de los sucesos, sobre todos los fines de semana, al hacer la ronda de llamadas a la policía nacional, local, Samur y guardia civil, siempre incluía una llamadita a Ginés, que siempre estaba de guardia. Con el tiempo, teníamos mucha confianza. Jamás pude sospechar que ese hombre, tan amante del orden, tan impecable en las maneras, tan adulador, tan servicial pudiera ser el elemento que se ha visto que es. Desde hace una semana no doy crédito a todo lo que leo sobre él y su banda. Verdaderamente, actuaba como un matón, aunque yo pensara, hasta ahora, que era un justiciero impecable.

Recuerdo que todas las informaciones que ofrecía Ginés siempre iban acompañadas de comentarios moralistas. Por ejemplo, si se trataba de un robo, en el que había participado algún joven, siempre había algún comentario sobre la falta de valores de la juventud, que prefería robar a buscarse la vida con un digno trabajo. En una ocasión, Ginés me ofreció, en exclusiva, la noticia de un chico que había arrollado con su coche a un vecino cuando iba a una velocidad de 180 kilómetros a la hora por el centro de Coslada; el vecino quedó en silla de ruedas de por vida. El atento policía me comentó que había que denunciar este hecho en un medio de comunicación, ya que a lo mejor con su difusión se ayudaba a que otros jóvenes no cometieran la misma tropelía, y a muchos padres a que no dejaran el coche durante los fines de semana a sus hijos. ¿No me digan que con esos argumentos alguien podía sospechar que el tipo extorsionaba y tenía atemorizado a los vecinos de Coslada? Jamás lo hubiera pensado. Es más, cuando dejé de hacer sucesos le llamé para despedirme y agradecerle su colaboración. No es bueno confiar plenamente en aquellos que no tienen dobleces, que van siempre de justicieros por la vida. Todos tenemos luces y también muchas sombras. Aunque Ginés ha resultado ser de lo más sombrío.