COLUMNA

La era de las turbulencias

Alan Greenspan ha encontrado un buen título para su libro de memorias, publicado por Ediciones B. La expresión La era de las turbulencias no podía resultar más adecuada para describir el desconcierto por el que atraviesa la economía de nuestros días. 'El nuevo mundo en el que vivimos está dando a los ciudadanos mucho que temer, incluido el desarraigo de numerosas fuentes de identidad y seguridad anteriormente estables. Se trata de verdad de una era de turbulencias y sería imprudente e inmoral minimizar el coste humano de sus trastornos'.

El ex presidente de la Fed reflexiona sobre la naturaleza del ser humano, auténtico pilar de la actividad económica, y responsable último de sus ciclos. ¿Qué somos? -se pregunta-, ¿qué parte de nuestra naturaleza es fija e inasequible a los cambios y cuánta discreción y libre albedrío tenemos para actuar y aprender? 'He descubierto -escribe- que la gente exhibe notables semejanzas que ningún esfuerzo de la imaginación puede achacar a la cultura, la historia, el lenguaje o el azar. Todas las personas parecen motivadas por un afán congénito de autoestima que en gran parte viene determinado por la aprobación ajena. Ese afán determina buena parte de aquello en lo que los hogares gastan su dinero'.

'Los economistas no pueden evitar ser estudiosos de la naturaleza humana, en especial de la euforia y el miedo. Una oleada de euforia a veces provoca también que la gente sobrepase lo posible; cuando la realidad vuelve a imponerse, la exuberancia da paso al miedo'. En 1996 alertó de la euforia irracional de los mercados que anticiparía el profundo pinchazo de las puntocom.

La estabilidad de los precios es el camino hacia un máximo crecimiento económico sostenible

Desgraciadamente, no pudo intuir la debacle de las subprime, aunque advierte de los nuevos riesgos de la economía. 'El drástico aumento de la liquidez desde principios de los ochenta ha venido acompañado por el desarrollo de unas tecnologías que han permitido que los mercados financieros revolucionen la difusión del riesgo. Hace tres o cuatro décadas, los mercados sólo podían operar con acciones y bonos básicos. Los derivados financieros eran sencillos y escasos. Con el advenimiento de la capacidad para hacer negocios a tiempo real han surgido los derivados, los collateralized debt obligations'. Las únicas fuerzas que pueden equilibrar sus poderosas energías son las del mercado. Sin duda escribió este capítulo poco antes de que explotara la crisis de las hipotecas. Lástima que no pudiera evitarla.

La estabilidad de los precios es el camino hacia un máximo crecimiento económico sostenible. Por eso, los bancos centrales deben mantener su independencia de los poderes políticos, mucho más influenciables a las coyunturas de corto plazo.

Es pesimista con el petróleo. Cree que su precio seguirá creciendo, lo que dará oportunidades a otras energías, aunque en el horizonte de 2030 seguirá siendo nuestra principal fuente energética. 'Hasta que las economías industriales se desprendan de 'nuestra adicción al petróleo', la estabilidad de las economías industriales, y por ende de la economía global, seguirán en peligro'.

China y la India comenzarán a encarecerse, y sus producciones dejarán de colaborar en el control de la inflación, como hasta ahora ha ocurrido. Poco a poco sus poblaciones consumirán más, por lo que también se reducirán sus espectaculares niveles de ahorro. Por esas causas, prevé tendencias inflacionarias en estos próximos años, así como un reajuste de la liquidez. De todas formas, es optimista. Para 2030 Estados Unidos continuará siendo la primera potencia económica mundial, seguida por China. El PIB real norteamericano será tres cuartas partes más alto que el que disfrutó en 2006.

La sociedad del conocimiento seguirá desarrollándose, por lo que la gestión y defensa de la propiedad intelectual adquirirá mayor relevancia. También manifiesta su temor de que cierto populismo político intente limitar la independencia de la Reserva Federal para controlar la inflación. Por último, ve el futuro europeo muy condicionado a la pirámide demográfica que precisará para financiar sus costosos sistemas de bienestar.

Y un final de esperanza. Confía en la capacidad de las sociedades libres para superar las crisis: 'A pesar de las muchas carencias de los seres humanos, no es casualidad que perseveremos y avancemos ante la adversidad. Está en nuestra naturaleza: algo que, a lo largo de los años, ha fortalecido mi optimismo con respecto a nuestro futuro'.