Análisis

Este mercado vende humo

La Bolsa española de intercambio de derechos de emisión de dióxido de carbono inicia su segunda etapa (2008-2012) con la previsión de negociar 100 millones de euros en 2008

Vender humo es sinónimo de maquiavelismo y fines seductores. Pero ese desgastado chascarrillo toma cuerpo como una de las innovaciones bursátiles más provechosas del futuro inmediato: el mercado de dióxido de carbono. El mecanismo, pensado para que las compañías más contaminantes compren sus derechos de emisión a las más limpias -o viceversa-, ha despertado el interés de entidades públicas y privadas. Y aunque en España ya opera desde 2005 una Bolsa de emisiones participada por el Banco Sabadell, SendeCO2, BME, rectora de las cuatro Bolsas de valores españolas, manifestó el jueves su intención de poner pronto en marcha una plataforma paralela.

En sus dos primeras semanas de negociación efectiva tras la asignación de los derechos a las empresas, SendeCO2 -de momento, el único mercado de España- intercambió derechos de emisión de 800.000 toneladas de dióxido de carbono. Cantidad nada despreciable que obedece al voraz apetito del sector, agudizado los últimos meses por el retraso en la adjudicación de los 152 millones de certificados correspondientes a España y repartidos entre las 12 industrias afectadas (1.050 plantas) por el II Plan Nacional de Asignación (2008-2012). El primer plan, que funcionó a modo de experiencia piloto entre 2005-2007, les otorgó un 19% más de certificados. Cada uno de esos derechos permite emitir legítimamente una tonelada de CO2.

Medio Ambiente comunicó la asignación la noche del pasado 17 de abril, una entrega que venía retrasada desde el pasado 28 de febrero. Con la baraja preparada, restaba esperar al prometedor reparto de cartas. Dilaciones en Bruselas (la Unión Europea se encarga de distribuirlos país por país) provocaron un torrente de ansiedad que degeneró en una colocación fulgurante de los certificados una vez que las empresas dispusieron de ellos. Por ahora, sólo España, Austria, Dinamarca y Finlandia han repartido juego.

Los expertos vaticinan una cotización media de 25 euros por derecho de emisión, sin descartar que alcance cotas más altas

Para este segundo periodo de negociación, el consenso de analistas calcula un precio de equilibrio superior a los 20 euros por derecho. Sin descartar puntas más elevadas. De ahí la comprensible ansiedad de los jugadores. Optimistas en sus recomendaciones, los principales bancos europeos alientan el envite. De cara al futuro, JPMorgan fija un precio objetivo de 25 euros (35 euros en 2020), UBS habla de 24 euros por derecho en 2008 y 35 euros en 2012, Deutsche Bank lo sitúa en 35 euros de media y Crédit Agricole augura 40 por derecho para el último ejercicio, en 2012.

Basta con echar la vista atrás para toparse con los argumentos que sostienen este optimismo. Desde que comenzara a operar en 2005, SendeCO2 registró un máximo de 33 euros de cotización y sostenido una cota de 24 euros desde junio de ese año hasta julio del siguiente.

Pero eso no es todo. Además de los derechos de emisión de la Unión Europea (EUA), las bolsas también intercambian unidades de reducción de emisiones (CER). Las empresas obtienen estos certificados a cambio de impulsar proyectos que generan reducciones de emisiones en otros países. Sirven para alentar buenas prácticas en países en vías de desarrollo, pero cotizan por debajo de los primeros. Ayer estaban a 16,1 euros.

Quienes contaminan de más prefieren adquirir derechos, y lavar así sus culpas antes que abonar los 100 euros por tonelada de la sanción que impone la Comisión Europea. Todo un negocio para las compañías de buen comportamiento medioambiental. 'Una pequeña planta, con una asignación de 10.000 toneladas, pueden dejar sin utilizar unas 3.000', explica Ismael Romeo, director general de SendeCO2. A una media de 20 euros por derecho, resultan unas ganancias de 60.000 euros. 'Y eso que su negocio 'no es vender humo', matiza. Pese a no existir históricos fiables que midan la volatilidad, este mercado está sujeto a múltiples influencias. La meteorología, el precio de las materias primas, la entrada de nuevos países, las gobiernos... Y, aunque Kioto diseñó este instrumento para facilitar que los países reduzcan sus emisiones, Adena lo considera un fiasco. 'A las empresas les sale más barato comprar derechos que cambiar a tecnologías eficientes', critican. Para Xavier Culleré, director de Cerámicas Belianes, en Lérida, tampoco resulta eficiente. Su paquete asciende a 11.500 toneladas. Como otras 256 compañías, hubo de recurrir a SendeCO2 para orientarse en estos instrumentos financieros. Cullere tacha al sistema de incongruente 'por castigarnos mientras beneficia a las grandes eléctricas'.

El futuro se examina en Copenhague 2009

El mercado de CO2 pasará su primera prueba institucional en Copenhague 2009. La 15 conferencia mundial sobre cambio climático, que busca parir al sucesor del Protocolo de Kioto en diciembre del próximo año, se presenta como un tubo de ensayo para los mercados del CO2. Nunca ajenos a las evoluciones macroeconómicas, esperan con ansiedad las conclusiones de la cita, que puede ratificar los actuales mecanismos de flexibilización. Entre estos se cuenta la negociación de certificados de emisiones, intercambiables de forma directa entre afectados, a través de un broker especializado o por su colocación en Bolsa.

Las expectativas son altas. Ismael Romeo, director de SendeCO2 -el mercado español de emisiones de CO2 que se postula como enlace con América Latina-, incide en la necesidad de 'conocer cuanto antes las reglas de juego del post-Kyoto'. Copenhague deberá definir, de una vez por todas, las directrices de esta segunda etapa y establecer las medidas, esfuerzos y objetivos a implementarse a partir del 2012 (último año de vigencia del Protocolo de Kioto) y, probablemente, hasta 2020. Ayuda que Estados Unidos sugiriera en la pasada cumbre contra el cambio climático de Bali que a partir de 2012 aceptará una reducción de sus emisiones superior a la que proponía en un principio. Si prospera, la principal potencia mundial volvería a la senda de Kioto. 'Ese hito marcará el devenir del próximo periodo y fomentará una mayor credibilidad del sistema', vaticina Romeo.

Y esto es así porque, según reflexiona, 'los proyectos empresariales y las estrategias medioambientales necesitan estabilidad para desarrollarse y, sobre todo, tiempo para implementarse'. Romeo insiste en que 2009 es la última oportunidad para fijar las bases de la luchas contra el cambio climático. El CO2 acaba de tomar asiento en el tren hacia Copenhague.