COLUMNA

Recesión a la británica

Mervin King reiteró el martes la necesidad de que la economía británica se reequilibre, al mismo tiempo que expresó su sorpresa por el alza del comercio minorista en Reino Unido durante este primer trimestre. Casi al mismo tiempo que el gobernador del Banco de Inglaterra hacía estas declaraciones, llegaban noticias frescas de que los consumidores estaban haciendo cualquier cosa menos gastar. De hecho, la mayoría de los comerciantes informaron de una caída de las ventas en abril, una señal de que las cosas están peor de lo previsto. La economía británica ha empezado a reequilibrarse. Tan bruscamente que va camino de la recesión.

Tras el debilitamiento del PIB -que aumentó un 0,4% este primer trimestre-, abril será un mes cruel que lastre la economía de Reino Unido. El volumen de hipotecas aprobadas descendió un 11% respecto a marzo y un 43% en relación al pasado año. Para los propietarios que deben refinanciar sus créditos habrá escasez, visto que algunos bancos ofrecen crédito como si se tratara de algo ajeno.

En ese panorama, el ajuste de la economía británica se presenta resistente. Durante años, la industria financiera y el precio de la vivienda han atraído la demanda de los consumidores, convirtiéndose en los motores del país. Por su parte, el Gobierno también contribuyó aumentando el déficit presupuestario. La Comisión Europea enseña tarjeta roja y amenaza con sanciones a los Veintisiete. En el caso británico, si la economía creció gracias a la industria y no a las finanzas o por la acción del Gobierno, se debería esperar cierto dinamismo.

Sin embargo, las señales son descorazonadoras. En 2008, la actividad industrial creció un 0,8% en relación a 2004. Una mirada global rebaja esa ratio hasta un 0,3%, en los últimos tres años. La industria cojea.

No es por nada que el déficit comercial se ha disparado hasta niveles récord. La debilidad de la libra con respecto al euro es uno de los motivos de este desquilibrio. La divisa británica necesita caer con respecto al dólar. Lo hará, pero King deja claro que habrá dificultades.

Mientras, el requilibrio parece una solución bastante dolorosa para los consumidores británicos. Reino Unido tardará en recuperarse.

Por Ian Campbell

BG, al asalto de Australia

La presa se ha convertido en cazador. El grupo energético británico BG ha sido considerado siempre una jugosa, aunque cara, presa para los más grandes competidores en petróleo y gas. Pero ha hecho una oferta por 12.000 millones de dólares por la australiana Origin Energy, la segunda mayor compañía de electricidad y gas del país y poseedor de significativas reservas de gas y carbón.

Es fácil ver por qué puede estar interesado en Origin. El grupo británico es un importante operador en gas natural licuado y ha estado desviando su carga a los más poderosos mercados asiáticos. El grupo registró en el primer trimestre ganancias un 15% superiores a las previstas gracias a la subida de los precios del gas natural. El rápido crecimiento económico en Asia y los apagones en Japón han empujado los precios del gas en zonas del Pacífico. Los precios del gas se han elevado en Australia también.

Origin encaja con la estrategia de BG de desarrollar un proveedor regional de gas para los mercados de Asia-Pacífico, en lugar de tener que transportarlo de un extremo a otro del planeta. En febrero BG constituyó una joint venture con Queensland Gas Company (QGC) para desarrollar un proyecto de gas de 8.000 millones de dólares. El grupo británico compró el 9,9% de QGC y recibió una participación del 20% en los activos de carbón del grupo australiano en Surat Basin (Australia). Por tanto puede decirse que BG está en la mejor posición para explotar las reservas de Origin.

Pero hay dos preocupaciones sobre la operación. El precio parece caro. BG está pagando un 40% de prima sobre el cierre en Bolsa de Origin del martes, presumiblemente para alejar a otros interesados que pudieran terciar con en una oferta hostil. BG tiene alrededor de 4.000 millones de dólares en efectivo, pero tendrá que incrementarlo por encima de los 8.000 millones de dólares para pagar la compra, además de asumir la deuda actual de 3.000 millones de dólares australianos.

En segundo lugar, Origin es también el segundo mayor suministrador de gas y electricidad, abasteciendo a tres millones de clientes en Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico. Aunque BG no tiene miedo a la integración vertical -tiene una amplia presencia en Brasil e India-, no está claro por qué quiere conseguir consumidores en Australia a ese precio, a no ser que crea que los precios minoristas del gas continuarán creciendo. Origin tiene también activos de generación de electricidad. Puede acabar vendiendo negocios que no sean de exploración y producción para ayudar a pagar la operación.

Por Fiona Marhag-Bravo