Lealtad, 1

Demasiado grande para caerse

Eso a lo que llamamos mercado es una curiosa caja negra en la que entra información compleja y sale información simple. Entra la confianza del consumidor estadounidense y sale una reacción a la baja. Entran los resultados de una empresa y sale una reacción al alza.

En este caso, al mercado ha entrado una nacionalización y la cajita negra ha dado un veredicto positivo. De lo que se podría inferir que las nacionalizaciones gustan a los mercados de valores. Pero la dichosa cajita no tiene ideología. No cabe acusarla de doble rasero respecto a nada porque, en su simplicidad, no engaña a nadie. Que a la Bolsa le parezca fatal que se nacionalicen hidrocarburos en América Latina pero vea bien que se nacionalice Northern Rock tiene lógica. No tiene lógica, por el contrario, considerar al mercado como un oráculo infalible, pues en este caso los chicos que montaron Enron serían más apropiados para la Casa Blanca que Obama, McCain y Hillary Clinton juntos.

Se habló de riesgo moral cuando el Banco de Inglaterra rescató por primera vez a Northern Rock. Moral hazard, en inglés. O por qué no es conveniente lavar los trapos sucios de aquellos que no han gestionado adecuadamente su riesgo. El contrapunto es el efecto que tienen los problemas de una determinada entidad sobre el conjunto de la economía. En inglés lo llaman too big to fall, demasiado grande para caerse.

Pero el moral hazard no trasciende las cuestiones morales. Porque el mensaje que se transmite es que si se hacen las cosas mal, se paga. Pero si se hacen rematadamente mal y sus efectos perniciosos afectan a mucha gente, entonces no se paga. Así, ante un fraude de pequeña escala se incentiva no a solucionarlo, sino a hacerlo más grande.

La Bolsa no entiende de cuestiones morales ni de incentivos perniciosos a largo plazo. Sólo piensa que el viernes tenía un problema y ahora no. Y, además, ha pagado otro. Miel sobre hojuelas.