Lealtad, 1

En tiempos de visceralidad bursátil

Si algo tienen claro los analistas en estos momentos es que la dirección de las Bolsas es impredecible en el plazo más corto. Las cotizaciones no se mueven por valoraciones fundamentales, sino por impulsos, fruto de un sentimiento de pánico y en muchos casos de la inconsciencia.

Invertir en Bolsa en la situación actual es como tratar de hacer escritura automática, nunca se sabe lo que puede salir y las más de las veces será un texto inconexo ausente de todo raciocinio.

Tratar de medir el mercado a corto para entrar o salir cuando uno intuya la dirección de la Bolsa es a todas luces temerario. Puede salir bien, por qué no, pero es mayor el riesgo de quedarse atrapado que la posibilidad de hacerse rico. Vamos, como el que juega a la ruleta.

El problema es que esta situación de tensión, de visceralidad bursátil, se está prolongando en el tiempo, y resulta tan incómoda y tan peligrosa como la herida que no termina de cicatrizar.

¿Existen oportunidades en la Bolsa? A montones; y si las cotizaciones siguen cayendo se crearán muchas más. Pero no son opciones para el inversor de corto plazo, sino para el que esté dispuesto a esperar, no semanas, sino meses e incluso años.

En la última edición de los premios Lipper Cinco Días, Mariano Rabadán, presidente de Inverco, apeló a la necesidad de fomentar entre los inversores una mentalidad de inversión a largo plazo. 'Hay que intentar que la visión cortoplacista de los inversores se alargue', dijo.

Es cierto que entrar en estos momentos en Bolsa, sobre todo en ciertos valores de peso, es ganancia segura a largo plazo, porque las valoraciones en muchos casos están por los suelos. Al fin y al cabo, cuando lo que rige es el sentimiento, el miedo, la Bolsa no hace distingos.

La paciencia es, muy probablemente, la mayor virtud que puede tenerse en una situación como la actual. Saber esperar, mantener la cabeza fría y evitar los impulsos. Luego, con el tiempo, las cosas se irán poniendo en su sitio.