Thomas van der Kallen

'Cada persona ha de escribir el libro de su empresa'

Ha desarrollado toda su carrera profesional en el sector de la relojería de alta gama. Nunca ha sentido la tentación de cambiar de negocio. Desde hace tres años se encarga de relanzar los relojes suizos Ebel

Holandés de nacimiento, Thomas van der Kallen ha trabajado en Piaget and Baume & Mercier, donde posicionó la marca en Estados Unidos. Ahora, tras la desinversión de LVMH y la entrada del grupo Movado, se ocupará de lanzar internacionalmente Ebel, compañía suiza fundada en 1911.

¿Cuál es el secreto para que una compañía llegue a un siglo de vida?

Creo que en una marca de lujo la tradición es muy importante. Buscamos un universo, donde la historia aporte legitimidad. No hacemos relojes desde ayer. Nuestros profesionales tienen una experiencia de más de 40 años trabajando en los mismos talleres, dominan la técnica y trabajan con gran seguridad y calidad, transmitiendo coherencia de marca. El mercado pide constantemente novedades, pero también es verdad que cada vez hay menos profesionales con visión de marca, con tradición dentro de tu alma, de la esencia de la compañía, con una visión además coherente.

¿Cómo se gestiona una empresa que ha de combinar tradición con innovación?

Nuestro trabajo está hoy basado en la tradición, somos los denominados arquitectos del tiempo. Trabajamos de manera artesanal con el fin de poder desarrollar novedades de acuerdo con los gustos de los clientes, siempre con coherencia y con alma. El diseño técnico es muy importante, pero también que vaya respaldado con una marca bien posicionada. En nuestro sector hablamos de lujo, pero también es importante hablar de imagen global de la marca, con un posicionamiento bueno y honesto.

¿Es importante tener reconocimiento en una empresa que diseña y comercializa productos de lujo?

En este tipo de compañías es necesario que el cliente se identifique con ellas, de manera que haya un reconocimiento. En cuanto al diseño, se puede innovar, crear nuevos relojes, aplicando nuestra tradición artesanal de fabricación, pero también tienen que ser reconocibles e identificables. Es necesario innovar, pero hay que tener un hilo de conductor. Combinamos el arte, un estilo funcional y el lujo. Nuestros productos son pura arquitectura. Es como construir una casa o un vehículo. La idea de llamarnos los arquitectos del tiempo surgió en los años ochenta. Creímos que había muchas similitudes entre la arquitectura y la alta relojería porque hay diseño y técnica.

¿Cómo se dirige a un equipo de profesionales que han de identificarse con esta filosofía?

Los profesionales son uno de los componentes más importantes de una organización, pero es necesario que vivan y sueñen la marca. En Ebel, nuestros empleados tienen distintas procedencias, por lo que se hablan distintos idiomas, son nuestros mejores embajadores en todo el mundo. Toda la inspiración nace de nuestro cuartel general en La Ville Turque de Le Corbusier, en Suiza, en una ciudad con 30.000 habitantes donde no hay ruidos, sólo tranquilidad, y de donde no nos hemos movido, a pesar de que la compañía ha pasado por distintos propietarios.

¿Es necesario este detalle para que haya inspiración?

Por supuesto. En la compañía trabajan más de un centenar de personas en un edificio de diseño, que refleja toda nuestra manera de pensar. Hemos conseguido que la plantilla se sienta parte de la empresa y que cada uno sea el encargado de escribir una parte de la historia. Es un libro, el de la historia de la compañía, que se escribe entre todos.

¿Qué parte de libro le ha tocado escribir a usted?

A mí me ha tocado ocuparme de la estructura del libro, de la guía. Soy el que decide el contenido del libro, pero también es como cuando se hace una película, hay un director que es el que dirige y luego están los especialistas encargados de la luz, el sonido, los actores. Lo mismo ocurre con un periódico.

Muchos sectores están manifestando sus dificultades para encontrar profesionales especializados...

Es muy difícil, porque Suiza es un país muy pequeño, donde no hay muchos profesionales formados. Ante la escasez, los salarios se incrementan bastante. Nosotros trabajamos con distintas escuelas para captar talento y, de esta manera, facilitarles la incorporación a la compañía y que comiencen a sentirse parte de la marca desde muy jóvenes.

¿No contratan a relojeros de la competencia?

No. Por una sencilla razón: nuestros relojes tienen un fondo de cristal, un movimiento cien por cien Ebel, así como un ensamblaje realizado totalmente en nuestros talleres. Nuestros relojeros van a trabajar siempre en nuestra organización. En este sentido, es muy importante la fidelidad. No contratamos talento de otras marcas y no queremos tener fuga de talento.

¿Cómo lo consiguen?

Tenemos sueldos muy competitivos. Un relojero suele ser una persona un poco rara, que trabaja en un taller durante ocho horas; son fieles y reservados, y no suelen cambiarse de una marca a otra normalmente. Si están bien pagados y tratados, ¿por qué se van a cambiar de empresa? Afortunadamente, tenemos muchas oportunidades de desarrollo profesional para todos los empleados. Lo difícil es encontrarlos en un primer momento, ya que, una vez fichados, suelen ser muy fieles.

¿Qué ventajas e inconvenientes tiene haber pertenecido a un grupo como LVMH?

Tengo que decir que no hemos perdido el espíritu familiar de esta compañía de emprendedores, cuya esencia permanece viva. Ebel era una compañía con una marca consolidada y un gran atractivo para invertir. Lo bueno que sucedía es que en LVMH, donde tienen muchísimas marcas, la nuestra podía desperdiciarse y no sacarle todo su potencial. Ahora, en el grupo Movado estamos muy agusto. Es un grupo con un tamaño medio, ideal para nuestra marca, y además son conocedores del producto, de los relojes.

En la compañía han pasado por distintos momentos, y no todos han sido buenos, ¿han encontrado ya su camino?

Después de pasar por momentos delicados porque nuestra marca, tras ser absorbida por LVMH, había perdido importancia, ahora hemos recuperado nuestro lugar gracias al grupo Movado. Hemos realizado una gran transformación dentro de la organización, tanto en la producción, en el marketing y la comunicación como en la distribución. Estamos renovando la imagen con nuevas asociaciones con equipos de fútbol, como por ejemplo con el Arsenal, y con proyectos relacionados con la arquitectura, donde la imagen es la conocida modelo Giselle Bundchen.

¿Qué estrategia tiene previsto desarrollar en la compañía durante los próximos años?

Continuar siendo una marca de lujo, esto seguirá estando en el ADN de la empresa, que seguirá manteniendo su coherencia de marca, en marketing y, sobre todo, en relación con sus profesionales. No hay muchas marcas en el mercado que realicen sus propios movimientos en los relojes, como lo hacemos nosotros. El 70% de las marcas no desarrollan sus propios mecanismos. La crème de la crème de los relojes llevan movimientos propios. Nosotros seguiremos siendo coherentes con nuestro posicionamiento. æpermil;sa será nuestra estrategia, seguir haciendo bien lo que ya sabemos hacer y continuar innovando en nuestros productos. Nuestro trabajo es transmitir emociones, valor añadido a la vida de las personas.

En su opinión, ¿podría definir qué es el lujo?

El lujo, más que algo caro, es algo relacionado con los sentimientos, con el valor añadido. Cuando alguien te regala algo valioso, lo que queda siempre son los recuerdos de ese alguien.

¿Quiénes son sus clientes?

Tenemos una amplia oferta de relojes para mujeres, en una proporción de 80 por cada 100. Nuestra estrategia para el futuro es equilibrar esta tendencia. En nuestra anterior etapa se perdió el enfoque de la política de ventas, justo en un momento en el que comenzaba a fraguarse la fabricación de relojes de alto lujo para el hombre. Nuestro cliente es joven, con una edad comprendida entre los 25 y 55 años, un poder adquisitivo alto y al que no le gusta lo ostentoso, aunque sí nuestra filosofía y nuestra forma de trabajo artesanal. Somos una buena opción a otras firmas de lujo de relojes como Omega o Rolex.

¿Y el mayor lujo de un ejecutivo?

Me gustaría que el lujo fuera trabajar y vivir en un buen equilibrio personal y laboral. Trabajo una media de 12 horas al día, con muchos viajes y fines de semana ocupados.

'Si el trabajo te atrapa, es difícil cambiar'

Su trayectoria está ligada al sector de la relojería. No le importa. Es más: reconoce que es 'muy difícil cambiar de trabajo cuando éste te atrapa desde el primer momento'. Por tanto, Thomas van der Kallen se considera afortunado. 'Es un sector que te atrapa desde el primer momento. Es un poco mágico, donde hay implícitos unos valores y una forma de hacer las cosas, de manera honesta y coherente'. En este sentido, añade que los productos hablan por sí solos. 'No hay engaños; además, nuestros clientes exigen esa calidad y no podemos defraudarles'.

Está volcado en el lanzamiento de la compañía, creciendo a unos porcentajes muy interesantes y creando también una nueva estructura y organización interna. En España tenía 100 puntos de venta en la era LVHM, cuando dejó de pertenecer a este grupo, se perdieron todos. Ahora ya hay más de 50 puntos de venta en España.