Secretos de despacho

Naturalidad y cariño en Kilika

Javier Manzano basa su pilar estratégico en el afecto hacia empleados y clientes

Si por algo llama la atención Javier Manzano, consejero delegado de Kilika, es por su naturalidad. Es la imagen que transmite. Y de eso sabe algo. Porque este ejecutivo, nacido en Bergara (Guipúzcoa) hace 50 años y con estudios de Marketing e Identidad Corporativa, así como de interiorismo, se dedica desde hace 25 años a construir identidades corporativas, con el fin de que lleguen de una manera directa y efectiva a los clientes. Por ello, de lo que más se preocupa, y a lo largo de la entrevista deja constancia, es de transmitir cercanía. 'Me gusta tratar de una manera próxima al equipo y a los clientes'. Entre los últimos, se encuentran empresas como Telefónica y Movistar, Orange, Renault, Campsa, American Express, Altadis, BBVA o Unión Fenosa, así como organismos como el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Fomento o el Teatro Real.

Kilika, que en vasco significa 'algo así como cosquillas en el corazón', es obra de los hermanos Manzano: Jesús se ocupa de la parte creativa, y Javier de las tareas ejecutivas y comerciales. 'Somos uña y carne y el complemento el uno del otro. Nos hemos hecho a nosotros mismos y hemos ido creciendo a medida que lo hacían las empresas para las que trabajamos'.

Entre sus actividades, está el diseño, interiorismo, fabricación, logística e implantación de la marca en el punto de venta, y la consultoría de imagen. Por ejemplo, han diseñado, gestionado e instalado más de 64.000 puntos de venta en Europa, Latinoamérica y África.

'Debido a nuestra actividad nos gusta kilikar, que quiere decir ver, observar, mirar algo agradable, estar atentos a lo que ocurre', asegura Javier Manzano, que siempre que puede se pierde por la oficina. No le gusta estar encerrado en su despacho, ubicado en una planta comercial en el madrileño barrio de Salamanca. 'No tenemos una oficina tradicional, por lo que tampoco somos unos gestores al uso'. Y añade que 'lo que más nos gusta es estar con nuestro equipo de profesionales, a los que damos libertad para hacer su trabajo de manera creativa'.

La media de edad de los diseñadores gráficos, ingenieros, delineantes y demás personal en Kilika no llega a los 30 años, 'y el equipo es muy fiel a la casa y se desarrolla profesionalmente aquí'. Asegura que 'no se marchan a trabajar a otra compañía'. Sobre el secreto para conseguir tanta fidelidad asegura que pueden ser varias las razones. Entre ellas, 'que los pilares de la empresas se basan en el cariño hacia la gente y hacia las empresas para las que trabajamos, a las que nos dedicamos con pasión y esfuerzo'. Otra razón, según Manzano, es el atrevimiento y osadía para afrontar todos los proyectos que han caído en Kilika. 'Hemos aceptado todos los retos que nos han ofrecido, sin miedo. Tenemos mucha confianza en lo que hacemos, pero sobre todo en el equipo'. Esta determinación, asegura, es herencia paterna. 'Nuestro padre ha influido en nuestra carrera, ha sido un gran aval en nuestra trayectoria. æpermil;l fue empresario y siempre demostró un gran cariño y amor por el trabajo', señala.

Javier Manzano cree que montar un negocio es difícil, pero la clave está en encontrar el nicho de mercado y trabajar para conseguir los objetivos. 'En la vida no hay nada si no se trabaja duro'. Para empezar, le dedica al suyo un mínimo de 12 horas al día, y le roba horas a los fines de semana. 'Soy adicto a lo que hago. En esta empresa no hacemos tornillos. No vendemos la fórmula de hombre, hora, día y piezas, como sucede en otros sectores, prestamos servicios a grandes corporaciones que nos exigen mucho en poco tiempo', afirma.

Sobre la tendencia de las grandes organizaciones a cambiar de imagen, asegura que es una corriente en alza. 'Las empresas tienen que hacerse de vez en cuando un lifting, aunque sean marcas muy reconocidas, como el caso de Coca-Cola, que también se modernizó. Todas evolucionan y necesitan cambiar', afirma.

El casco de la moto de su hermano

Afirma que de la decoración del despacho, que estrenó en 1992, se ocupó su hermano Jesús, con el que comparte espacio de trabajo. 'No le doy mucha importancia a los detalles decorativos. Sólo necesito un ordenador para trabajar, con el que voy recorriendo distintos departamentos y con el que también viajo'.

Javier Manzano confiesa que es desordenado. Y no le importa que en su despacho se amontonen papeles y materiales que utilizan para el diseño de los espacios. 'No es un despacho tradicional porque tampoco Kilika es una empresa al uso. Somos creativos y estamos constantemente innovando'. Asegura que no es nada maniático, 'tan sólo temperamental y pasional'. Trabaja acompañado de pocos elementos personales, tan sólo destaca los cascos de la moto de su hermano. 'Siempre han estado conmigo y me han acompañado en mi trayectoria, así como las fotos de mi familia, sobrinos y hermanos'.

A la familia también recurre para darle las gracias por su comprensión. 'Concilio poco, pero cuando lo hago creo que lo hago bien', dice mostrando una fotografía que guarda en su ordenador de su hija de 14 años. El trabajo también lo considera una afición, como viajar, sobre todo a América Latina, y conversar con los amigos.